“No habrá paz mientras haya corrupción”: Gina Parody

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“No habrá paz mientras haya corrupción”: Gina Parody

“No habrá paz mientras haya corrupción”: Gina Parody
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Edgar Artunduaga

La Ministra de educación dice que en el uribismo no había límites entre ilegalidad y política

 Lo dice sin rodeos ni circunloquios: -Si no se elimina totalmente la corrupción, no habrá paz, como tampoco sin oportunidades.

La ministra, tan valiente y capaz de renunciar a una curul en el Congreso y admitir que es lesbiana, en el plano personal parece una dulce jovencita: viste como tal, se levanta a las 4.30 de la mañana a orar y a meditar, le dedica tiempo al ejercicio y lleva lonchera a su despacho, con avena, frutas y alguna barrita de proteína.

 

Cuando plantea posiciones se yergue perentoria:

-Aquí no puede haber paz en la medida en que la clase política colombiana no construya interés general, no construya una mejor educación, no ofrezca oportunidades permanentemente y elimine la corrupción, hoy tan generalizada en lo público.

Como decía Antanas Mockus “que los recursos públicos sean sagrados, completamente sagrados, y que al que le interese la política lo haga porque le interesa empujar un país, en mi caso utilizar la educación para generar oportunidades para todos.

 

El uribismo entre la ilegalidad y la política.

Parody proclama autoridad moral para hablar de estos temas de honestidad:

-Yo me separé del uribismo cuando estaba en su cúspide porque el partido no era radical en separar los vínculos entre ilegalidad y la política, una tradición que incluso en los años 50 fue el origen de la violencia. Pienso que no se puede hacer política con ese desliz de la ilegalidad,  por llamarlo de alguna manera.

El expresidente Uribe llegó a decir “que voten mientras no estén en la cárcel”, situación incomprensible, en mi opinión. No era posible pertenecer a un grupo en donde esa división entre la política y la ilegalidad no estaba clara. Fíjese en el drama de la salud, por esa infiltración corrupta. Así que ahí tomé la decisión de separarme del presidente Uribe.

 

¿Le parecía el presidente Uribe muy laxo en esas materias?

Me parecía muy laxo y así lo dije en su momento. Denuncié los lazos que había con el paramilitarismo, vigentes en el Congreso de la República.

 

¿Hoy sigue pensando que Uribe es muy laxo con la delincuencia o con alguna ilegalidad o con algunos amigos que actúan en la ilegalidad?

Hoy sigo pensando que es importante que la ilegalidad y la política no se mezclen.

Hoy de su bancada no encuentro personas que tengan ese vínculo entre la ilegalidad y la política pero los hubo, fue laxo y eso le hizo mucho daño al país en el momento.

 

Se especula que su retiro obedeció también a motivos más personales…

Tomé la decisión de renunciar por los motivos que le he dicho. Me presenté a la universidad de Harvard, hice una maestría en administración pública, con énfasis grande en economía y después vine para presentarme a la alcaldía de Bogotá.

 

Y entonces conoció a Santos

No se si usted recuerda que quienes crearon el partido de la “U” fueron  Oscar Iván Zuluaga y Juan Manuel Santos. Me propusieron encabezar la lista al senado.

Yo acepté con la condición de sacar unas personas de las cuales había pruebas o alguna evidencia que tenían vínculos con el paramilitarismo. El entonces político Juan Manuel Santos acepta eso y comienza esa purga en las listas que yo creo que fue bien importante para el país:  decidir con quién hacer política, aunque no haya un proceso judicial.

 

Un ministerio por encima de la política

¿Cómo ha logrado que la disputa entre uribistas y santistas no haya permeado el Ministerio de Educación?

Uribe tuvo una excelente ministra, Cecilia María Vélez, ellos hicieron lo que tenían que hacer en ese momento y así ha sido reconocido internacionalmente.

El gobierno del Presidente Uribe comienza con un bajísimo nivel en cobertura y adelantan una política fuerte que les permite subir la cobertura en muchos sectores por encima del cien por ciento.

Tenemos un gran reto en educación media. Por eso el salto que el presidente Santos ha dado, definir la educación obligatoria hasta e grado 11 y gratuita. Comenzamos en la tarea de generar a esa cobertura un impacto grande en calidad porque la educación con calidad realmente es la gran transformadora, la gran igualadora y la gran generadora de oportunidades para todos en Colombia.

 

La educación en el postconflicto

¿Cuál son sus metas en el posconflicto?

El enfoque principal es la educación rural. Cuando los jóvenes llegan a los 15 y 16 años, el porcentaje de hombres y mujeres en el campo es más o menos el mismo, pero después cuando se cumplen 21 y 22 hay más mujeres.

Ocurre por la muerte de hombres que hay en el campo. En las zonas rurales de nuestro país casi siempre se abre fácil la puerta de la ilegalidad. Ahora con educación nosotros tenemos que demostrar que lo que se abre es un puerta de la legalidad, que vale la pena estudiar, que vale la pena salir adelante.

 

Los niveles educativos  en Bogotá

¿En Bogotá cómo marcha la educación?

Tenemos buenas noticias y creo que vamos a tener mejores. Bogotá sobrepasó las metas que tenía para este año y casi todo lo tiene por encima de seis.  Eso que significa que está muy avanzando aunque  todavía tiene mucho margen para mejorar. Esta es una calificación que va a hasta 10, pero ya cuando usted ve primaria, secundaria y media por encima de 6 y media casi en 7 …pues estamos llegando a la meta que tenemos para el 2025.

 

¿Como le fue a Petro con la educación?

Yo creo que tuvieron gran responsabilidad. También siento que en Bogotá ese ha sido un tema sagrado y que tiene que seguir siéndolo así, los resultados son muy buenos, invirtieron en maestros, ahora hay que invertir en infraestructura para que podamos tener jornada única. Lograron montar 125 mil niños en jornada única y lo que el alcalde Peñalosa está haciendo es seguir avanzando en educación.

 

Sobre el arte de meditar y rezar

¿Usted me dice que reza y medita mucho, pero siente que se desboca en oportunidades?

La meditación es como un proceso en la vida y lo primero que hace es reconocer que somos humanos, no santos.

Yo creo, hablando de paz, que debemos exponer argumentos sin violencia, debatir sin violencia, incluso la de las palabras, disentir sin matarnos.

 

Meditemos en voz alta: ¿se arrepiente de haber agredido a alguien?

Pues siempre que hiero a alguien al final termina hiriéndose uno mismo.

Es importante quienes hacemos política -y me lo digo a mí misma- que procuremos tener buenos argumentos. Si hablamos de paz, tenemos que mostrar con actos y con nuestra forma que esa debe ser la manera en que conduzcamos.

Por: Édgar Artunduaga Sánchez

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