Agua, bendita agua

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Agua, bendita agua

  


Colombia es el país más rico del mundo, todo lo tenemos en abundancia, lo único que escasea es la honradez. No somos la mayor pero sí la mejor riqueza hídrica del planeta con seis tipos de agua: Lluvias, superficiales, subterráneas, termo minerales, de alimentación glacial, marinas y oceánicas.

Por: Orlando Mosquera Botello

Por nuestra ubicación geográfica y las condiciones del terreno, la precipitación anual es de 3.000mm promedio al año, dato superior al nivel promedio mundial que llega a los 900mm, y el de Suramérica de 1.600mm al año. Sin embargo, esto no nos da derecho a derrocharla, contaminarla o acabarla, somos habitantes del planeta y esto nos lleva a tener mayor responsabilidad.

Hace pocos días, tuve la oportunidad de asistir con un grupo de alumnos a la exposición “Agua: un patrimonio que circula de mano en mano”, evento que hace parte del proyecto cultural AGUA, con las que el Banco de la República busca contribuir a la escritura de una nueva cultura del agua, que en nuestra región ha recibido especial apoyo de la Caja de Compensación Familiar, motivo por el cual se expone en su cómodo espacio de la sede norte. Tiene como propósito “ofrecer información sobre las cuencas hidrográficas vecinas, las que vivimos, habitamos u afectamos, en nuestro diario transcurrir”.

A ella quise referirme hace ocho días, pero por error involuntario de quienes arman el periódico, mi escrito del 8 de marzo se repitió el 15, motivo por el cual lo hago hoy, transcribiendo una pequeña parte de la guía que dan al visitante: “El agua es poderosa, tiene la capacidad de moldear, diluirse, adaptarse y reaccionar -positiva o negativamente-, a las actuaciones del ser humano sobre sus cauces. Al igual que la sangre corre nuestro cuerpo, el agua conecta el territorio a través de las cuencas hidrográficas, que nos unen y afectan sin atender a las fronteras políticas, culturales o económicas. Por esta razón lo que está sucediendo con el recurso hídrico en el mundo hace impostergable la responsabilidad individual, comunitaria, nacional y planetaria de unir esfuerzos para proteger este patrimonio que solamente podemos preservar entre todos y sin el que ninguno podría seguir existiendo”.

Aprovechando la Semana Santa que se inicia hoy, también me referiré al agua bendita, elemento litúrgico sublime por sus cualidades naturales y papel en la historia de la humanidad. Se transforma en sacramental cuando recibe bendición especial. Es símbolo exterior de la pureza interior.

La verdadera naturaleza del agua es que está destinada a la salvación del hombre y del mundo. Bendecirla no la vuelve buena o mala, la restaura a su estado original, a su naturaleza y destino. Es decir, vuelve a ser comunión con Cristo en su bautismo, acto al que se sometió sin tener pecado para hacerla santa y por intermedio de ella a toda la creación.

La tradición dice que el Papa Alejandro I-, el sexto pontífice -106 al 115-, instituyó el uso del agua bendita, así como también introdujo en la eucaristía el pan ácimo y el vino mezclado con agua. A la mezcla del agua y el vino se le llama conmixtión, palabra que viene del griego com-misceo que significa mezclar una cosa con otra, gesto que hace el sacerdote antes de consagrarlo.

Así mismo se le llama conmixtión, al acto de dejar caer una pequeña partícula de la hostia consagrada en el cáliz, lo que significa la unidad del Cuerpo y la Sangre del Señor en la obra salvadora, es decir, Jesús viviente y glorioso.

En el siglo II-, San Cipriano –Obispo, Mártir y Doctor de la iglesia-, puso de relieve en uno de sus escritos, el sentido simbólico de la mezcla, señalando que “Así como el vino absorbe el agua, así Cristo nos ha absorbido en sí mismo a nosotros y a nuestros pecados.

Cuando el agua cae en el vino, los fieles se unen con El, a quien han seguido por la fe; y esta unión es tan fuerte, que nada la puede deshacer, lo mismo que es imposible separar el agua del vino”. Recuerda además, lo que salió del costado de Jesús cuando fue herido con una lanza en la cruz.

Además la iglesia pone el agua a nuestra disposición como una ayuda para nuestra santificación y protección. Es un elemento primordial y desde luego está ligada a la idea de purificación. Fuera de ello, refresca y da vida.

Su uso en el bautismo recuerda su triple función: lava el pecado original, nos da fe y vida sobrenatural al alma, es decir, nos hace hijos de Dios. Nacemos con enfermedad emocional originada de la soberbia, la que impide considerar al otro, y solo nos hace ver defectos y debilidades en los demás. Esa soberbia que nos ubica en la vana gloria, la jactancia, la ambición, la presunción, la hipocresía, la prepotencia, el desprecio, etc.

El agua se bendice principalmente en la Vigilia de Pascua, es decir, el sábado santo en la noche, recordándose el paso de los hebreos por el mar rojo, dejando atrás la esclavitud de Egipto, entrando a la vida nueva, buscando la tierra prometida. También la puede bendecir un sacerdote en cualquier momento en su parroquia.

Cuando se le bendice ocurre un milagro, el Espíritu Santo viene sobre ella y cambia sus propiedades naturales. Se vuelve incorrupta, no se pudre, se mantiene transparente y fresca por mucho tiempo. Recibe la gracia de sanar enfermedades, expulsar demonios y cualquier poder demoniaco, lo mismo que nos preserva de peligros existentes en el medio ambiente. Santifica objetos que se usan en la iglesia y en casa, inclusive hay quienes la toman con reverencia para sanar o mantener salud. No hay bendición en la que no se asperje con ella a la persona, el ser u objeto de la misma.

El sacerdote José Antonio Fortea -exorcista español-, recomienda que “el que pueda tener agua bendita en la entrada de sus casas, y usarla para su familia, es una gran bendición”. Agrega que tiene influencia para atormentar y expulsar demonios, no por su materialidad misma, sino porque la iglesia a unido a esa materia, UN PODER ESPIRITUAL AL BENDECIRLA. Es decir, que con el poder que le delegó Cristo, puede unir un efecto espiritual a un objeto, y por tanto el objeto no es nada en sí, sino el poder de Cristo que se ha unido a ese objeto.

Hoy se conmemora la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén. Los evangelios narran su ingreso montando un borrico en medio de la multitud que lo aclamaba como el hijo de Dios. Antes de ello visitó la casa de Lázaro, Martha y María. De allí envió dos discípulos a traer el borrico que estaba atado, advirtiéndoles que: “Si os preguntan, decid que el Señor lo necesita y que les será devuelto luego”. 

Por: Orlando Mosquera Botello

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