El Fidel que yo conocí

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El Fidel que yo conocí

El Fidel que yo conocí
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Dos episodios marcaron mis convicciones revolucionarias y de admiración por el líder de la Revolución Cubana.

Ricardo Mosquera M.
Profesor Asociado- Exrector UNAL

Transcurría el año 1977 cuando un grupo de jóvenes revolucionarios de distintas regiones del mundo fuimos invitados a Cuba para conocer los avances de la revolución social y socialista y empaparnos de los esfuerzos por el establecimiento de un  Nuevo Orden Económico Internacional (NOEI) que lideraban el bloque de Países No Alineados, entre los cuales estaba la URRS y Cuba junto al resto de países socialistas excepto China. Eran también los tiempos de la militancia en la URS y una representación viajo en barco  despegando desde Cartagena rumbo a La Habana junto a otros jóvenes de América Latina que luego de dos días de navegación fuimos alojados en Villa Lenin donde intercambiamos experiencias  políticas, culturales y utopías de cambio y transformaciones radicales en nuestros países.  Eran los tiempos de la Nueva Trova Cubana donde conocimos a Pablo Milanés, Silvio Rodríguez entre otros, pero también los avances en educación, salud, deportes y las transformaciones en agricultura y ganadería de la Isla para generar una economía sostenible. Dos episodios marcaron mis convicciones revolucionarias y de admiración por el líder de la Revolución Cubana que habían prendido la llama de la revolución a los 26 años un 26 de julio de 1953 cuando con poco más de un centenar de seguidores intento tomar por asalto el cuartel Moncada en Santiago  de Cuba. Este intento fallido de tomar una fortaleza militar lo llevaría a la cárcel y  en su defensa pronuncio el célebre discurso La Historia Me Absolverá convertido en manifiesto del Movimiento 26 de Julio. Condenado a una pena de 15 años de cárcel  todos los rebeldes incluido Castro, fueron puestos en libertad tras una amnistía concedida por Fulgencio Batista de 1955.

Batista

Sí, vinimos a combatir por la libertad de Cuba y no nos arrepentimos de haberlo hecho, decían uno por uno cuando eran llamados a declarar, e inmediatamente, con impresionante hombría, dirigiéndose al tribunal, denunciaban los crímenes horribles que se habían cometido en los cuerpos de nuestros hermanos. Criticando la dictadura de Batista continúo su defensa:

Nosotros llamamos pueblo si de lucha se trata, a los seiscientos mil cubanos que están sin trabajo deseando ganarse el pan honradamente sin tener que emigrar de su patria en busca de sustento; a los quinientos mil obreros del campo que habitan en los bohíos miserables, que trabajan cuatro meses al año y pasan hambre el resto compartiendo con sus hijos la miseria, que no tienen una pulgada de tierra para sembrar y cuya existencia debiera mover más a compasión si no hubiera tantos corazones de piedra; a los cien mil agricultores pequeños, que viven y mueren trabajando una tierra que no es suya, contemplándola siempre tristemente como Moisés a la tierra prometida, para morirse sin llegar a poseerla, a los maestros y profesionales que salen de las aulas con sus títulos deseosos de lucha y llenos de esperanza para encontrarse en un callejón sin salida, ¡Ése es el pueblo, cuyos caminos de angustias están empedrados de engaños y falsas promesas, no le íbamos a decir: Te vamos a dar, sino: ¡Aquí tienes, lucha ahora con toda tus fuerzas para que sean tuyas la libertad y la felicidad!…Condenadme, no importa, la historia me absolverá.

Luego de salir de la prisión y del exilio en México regreso a la Isla al mando de 82 hombres en la embarcación Granma y junto al Che Guevara, su hermano Raúl,  desembarco del 2 de diciembre de 1956 inicio la lucha guerrillera que derroto a  Batista, tomo el poder un 1 de enero de 1959. En aquel encuentro de jóvenes yo clasifique para una reunión privada  junto  otros líderes de delegaciones donde la mayoría la tenían la de Nicaragua que estaba en rebeldía contra el dictador Somoza y buscaba el apoyo de la revolución cubana. Luego de estrictas medidas de seguridad  nos anunciaron que El Comandante (“El Caballo”) vendría a saludarnos. A los pocos minutos apareció en aquella sala un hombre corpulento de más de 1.80 de altura, enfundado en el uniforme verde oliva y fumándose un Habano nos saludó: Compañeros revolucionarios, esperanza de América Latina bienvenidos a la Isla de la libertad y luego de hacernos un repaso por los triunfos de la revolución en materia de salud, educación y deportes, también denunciaba  los efectos del bloqueo económico al que estaban sometidos por parte del imperialismo norteamericano que a 80 millas de la Isla seguía apuntando sus misiles contra la dignidad revolucionaria de América latina para la cual pedía toda la solidaridad, impulsando desde nuestros países un cambio de estructuras pues no solo éramos el futuro sino la esperanza de nuestras sociedades. Ahora recuerdo que hablo más de dos horas con una prosa elocuente y convincente luego de pedirnos disculpas porque solo  había venido a dar un saludo, pero parece que he hecho un discurso, compañeros.

Ícono de rebeldía

También recuerdo de aquella visita que conocí a Ramón Castro encargado del liderazgo agroalimentario, lo visitamos en la provincia de Matanzas mostrando los logros y le pregunte usted es el hermano del comandante Fidel, el me respondió: él es hermano mío porque yo soy mayor. Allí estaba también Yasser Arafat el líder de la OLP que nos estampo un beso con un calor de medio día en cada mejilla que nos dejó sorprendidos; después entendimos que es una de las formas de saludo más íntimos que podrían ser puesto en la boca de un camarada. ¡Cosas de las culturas! Fidel Castro Ruiz,  no pasará en vano por la historia pese a que algunos lo consideren un  tirano es un icono de la rebeldía  y un grito por la libertad y la igualdad como lo ratifica el discurso emblemático pronunciado el 12 de octubre del año 1979 ante las Naciones Unidas poético e inspirador, dirigido a un mundo polarizado, eran los grises tiempos de la guerra fría y de la marginalidad donde la palabra subdesarrollo se repetía en los países pobres. Entonces afirmó:

Hablo en nombre de los enfermos que no tienen medicinas. Hablo en nombre de aquello a los que se les ha negado el derecho a la vida y la dignidad humana. Unos países poseen en fin abundantes recursos; otros, no poseen nada. ¿Cuál es el destino de éstos? ¿Morirse de hambre? ¿Ser eternamente pobres? ¿Para qué sirve entonces la civilización? ¿Para qué sirve entonces la conciencia del hombre?

Hoy cuando cumple los 90 años y su corazón deja de latir ¿Es muy diferente la realidad por la que lucho y la que hoy viven nuestros países?

Por: Redactor Diario del Huila

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