El olivo

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El olivo

El olivo
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Dentro de ocho días se inicia la Semana Santa con el Domingo de Ramos, día que se conmemora la entrada apoteósica de Jesús en Jerusalén, aclamado como Hijo de Dios por una multitud jubilosa, días antes de su pasión, muerte y resurrección como lo registran los cuatro evangelios.

Según San Juan, momentos antes se había detenido en Betania donde había cenado con Lázaro y sus hermanas Martha y María. Allí había enviado a dos discípulos para recuperar un borrico que había sido atado, pero nunca montado, es decir, cerrero. Cuando mandó por el pollino, añadió: “Si os preguntan, decid que el Señor lo necesita, y que les será devuelto luego”. Juan y los evangelios sinópticos señalan que Jesús lo montó dentro de Jerusalén. También añaden que le colocaron mantos a manera de blandura y que la gente alfombraba su camino al tiempo que le batían ramas.

No señalan porqué vías pasó, historiadores anotan que ingresó por la puerta dorada donde por tradición se esperaba que entraría el Mesías; otros escritores más detallistas argumentan que tuvo que haber avanzado desde el sur, vía que lleva directamente al templo. Lo cierto es que tras el desfile Jesús retorna a Betania y las ramas que se portan hoy en la tradicional procesión de Domingo de Ramos, es la expresión gozosa de la feligresía por que el Hijo de Dios vino y dio la vida para darnos salvación.

Se creé que a Jesús le batieron ramas de olivo, ese árbol que los estudiosos señalan como originario de la antigua Mesopotamia, el que se fue extendiendo por clima favorable por la región mediterránea -ya que exige exposición soleada y libre de heladas-, especialmente por España, Grecia e Italia, llegando más tarde por similitud de ambiente a Australia y Chile.

El olivo tiene por todas sus cualidades una gran riqueza simbólica reconocida desde hace siglos, desde luego por dar abundante fruto y renovarse desde hace miles de años. Simboliza inmortalidad.

Al arca de Noé retorna la paloma con una ramita de olivo en su pico, símbolo de paz y reconciliación; alianza entre la naturaleza y el hombre al ser esta especie el árbol que no pudrieron las aguas del diluvio. El pueblo judío pone sus ramas a los pies del Hijo de Dios aclamándolo con Hosannas, y frases reconocedoras como “Bendito el que viene en nombre del Señor”.

Literariamente hablando, en la Eneida Virgilio también lo utiliza como símbolo de paz y acuerdo. Cuando la mitología griega cita a Alcides, -palabra que significa fortaleza-, héroe llamado en occidente como Hércules, señala que su maza era de madera de olivo, pues había sido engendrado, nacido y criado bajo un olivar.

La disputa entre Atenea y Poseidón por la soberanía de la ciudad, es una de las leyendas griegas más agradables: Cuenta que tal querella fue llevada al tribunal de los dioses y estos decidieron conceder la ciudad a quien produjera la mejor obra. De un golpe del tridente de Poseidón hizo nacer de la roca un caballo. Atenea con un golpe de lanza en el suelo, hizo brotar un olivo cubierto de frutos. Los dioses deliberaron en el Olimpo y Atenea obtuvo la victoria. De allí el nombre de Atenas.

También registraron los helenos que cuando Jerjes incendió la Acrópolis y los atenienses reconquistaron la ciudad, solo encontraron un montón de ruinas pero el olivo sagrado del templo de Erectión había crecido un codo la primera noche, señal que iban a renovarse llenos de esperanza. Desde entonces en Atenas nadie podía cortar o herir un árbol de olivo, pues de inmediato sufriría la pena del destierro, veneración que heredaron los romanos convirtiéndolo en símbolo de paz y fertilidad.

Con su aceite se ungieron reyes judíos y medievales. En la península Ibérica siempre ha tenido importancia capital, es un producto dietético, por ello el aceite de oliva está a disposición en toda cocina o comedor.

En la misa crismal del catolicismo -porque también lo realiza la Iglesia Cristiana Ortodoxa- se bendice para tres usos: 1.- El Santo Crisma para ordenaciones, confirmaciones, bautizos y consagración de altares e iglesias -desde el siglo III se utiliza en el bautizo-. 2.- El de los Catecúmenos para ungir a los que se están preparando para el bautismo; y 3.- el de los enfermos porque la iglesia entera encomienda los enfermos al Señor sufriente y glorificado para que los alivie y los salve.

Este sacramento reconforta a los atribulados por la enfermedad, es un Don particular del Espíritu Santo. La primera gracia es de consuelo, de paz y de ánimo para vencer las dificultades propias del estado de enfermedad grave o de la fragilidad de la vejez. Renueva la confianza y la fe en Dios y fortalece contra las tentaciones del demonio, especialmente la del desaliento y la angustia ante la muerte. Esta asistencia del Señor por la fuerza de su Espíritu, conduce al enfermo a la curación del alma, pero también a la del cuerpo -si tal es la voluntad de Dios-, además de perdonarle los pecados.

Jesús oró en el huerto de los olivos, su agonía en Getsemaní ha fortalecido a muchos cristianos ante grandes dificultades y tribulaciones. También Él fue fortalecido mientras esperaba el martirio por ser fiel a la fe. Este pasaje nos puede ayudar a descubrir la Voluntad de Dios en los acontecimientos difíciles de nuestra vida. Allí existen ocho olivos milenarios que posiblemente existían cuando Jesús oraba en medio de su agonía.

La consagración del Oleo Santo está a cargo del Obispo de cada diócesis en dicha misa crismal, la que se celebra usualmente el Jueves Santo pero esta vez lo hará Monseñor Froilán Casas Ortiz el Martes Santo a las 10:00 de la mañana. Obviamente a cada obispo lo acompañan todos los sacerdotes de la diócesis, es la misa concelebrada más acompañada del año, luego el óleo lo distribuyen a las parroquias de la jurisdicción.

El pueblo colombiano a cambio de la rama de olivo, estaba acostumbrado a desfilar el Domingo de Ramos con una rama de palma de cera. Por normas ambientales no es fácil conseguirla pero quien lo logra ya hasta por comodidad usa una pequeña parte que ahora tejen bellamente. Se argumenta que la tala de dichas ramas atenta contra la especie llamada “loro orejiamarillo” por estar quedando sin habitad. Se recomienda usar otras palmas como la Iraca, la Areca y la Alejandra. Hay recursivos que utilizan otro tipos de plantas que pueden orlar después la casa, pero lo importante es loar al Señor así sea con la palma de las manos..

Por: Orlando Mosquera Botello

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