El V.I.H. la lanzó: De la jeringa a la pluma

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El V.I.H. la lanzó: De la jeringa a la pluma

El V.I.H. la lanzó: De la jeringa a la pluma
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Miryam Correa Polanía ayudó a recuperar a un hijo del sida, y terminó metida de sanadora bíblica y experta en botánica sagrada. Su producto final: un libro

Esta huilense –neivana mayor- se dio a la tarea de escudriñar la Santa Biblia, versión Reina Valera, y recopiló una a una las citas medicinales de los tiempos anteriores a la farmacopea que conocemos. Acaba de lanzar en Bogotá el libro "Plantas Bíblicas, Panacea en tus manos", un recetario que recoge las alusiones más importantes al reino vegetal desde la noche de los tiempos, cuando Dios habló de ese tesoro edénico a los hombres, a través de las escrituras. Enfermera, y poetisa en embrión, se salió con la suya luego de una virulenta crisis económica cotidiana, tal vez propia del cambio de siglo y milenio, cuando el mundo se le vino encima, con un peso adicional: su hijo Carlos Alberto fue diagnosticado de V.I.H. en 2004 y recluido en un pabellón del Hospital General de Neiva, una antesala de la muerte que ella al parecer conjuró. De ahí en adelante, hasta en su propia casa de habitación le suministró, casi por bultos, la comida y la bebida que el enfermo nunca había tragado en el menú habitual, al menos seis copiosas raciones diarias (verduras, frutas, hortalizas, cereales, proteínas), combinadas con pócimas, con mejunjes y bebedizos balanceados, con saborizantes naturales, a la carta. A su juicio, fue la fórmula mágica que consolidó los esfuerzos de los médicos para salvarle la vida.

La parca sin garras

En la práctica, lo puso en una ceba prolongada, mientras evacuaba el cáncer y la toxoplasmosis, que aparecían en la inexorable serie de dolencias esperadas. Unos 12 años después parece ser el único paciente que sobrevive a la enfermedad terminal, catastrófica, que abarrotó los servicios del Hospital por la época, cuando los primeros contagiados de sida tenían que atarse de pies y manos a sus camas para sobrellevar las violentas convulsiones que padecían en un pabellón especial. Fue la primera oleada de un mal tenebroso, desconocido para el común de las personas. Un piso alto del hospital se destinó para internarlos, durante las primeras medidas sanitarias de emergencia. En el año 2001, tres años antes del malhadado diagnóstico médico a su hijo, tal vez por intuición, arrancó en firme su exploración botánica exegética, incluso unos almanaques después, adquirió un molino industrial en un almacén de cadena y se enclaustró en su casa a preparar jarabes, sin agua, con puro extracto de plantas –entre ellas sábila y limón-, mientras al mismo tiempo se enfrascaba más y más en las lecturas bíblicas, libro por libro de los testamentos, capítulo a capítulo y versículo a versículo. Miryam Correa nunca imaginó que ese conocimiento sería puesto a prueba por la fuerza de los acontecimientos.

El viaje de las letras

Establecida en Bogotá por azares del destino, visitó bibliotecas como la Nacional para ejercer tareas de relatoría, un precedente básico para quien se aventura en el terreno de las letras, a partir de la experiencia. Su sueño de escribir un libro cobró vida en casi 300 páginas, en su mayoría con múltiples citas a pie de texto, con referencias sagradas que soportan la fe de carbonero que despliega en su obra cumbre. Hoy recuerda con añoranza sus épocas de poetisa cotidiana y de enfermera doméstica, con unas manos privilegiadas para inyectar y hasta para emborronar cuartillas. Múltiples enfermos en Bogotá dan fe de sus cuidados y su delicadeza para tratarlos y acompañarlos, sin una pizca de arrogancia, aun sin recibir estipendios por sus tareas de asistencia, en algunos casos. Adultos mayores, por igual, reconocen la gesta de la novel escritora neivana a la hora de intercambiar con ellos en sus residencias, en el cuarto de San Alejo adonde muchas veces se acostumbra encerrarlos cual si fueran cargas en desuso. La señora Correa Polanía bordea el séptimo piso de la existencia, y su energía exultante parece nutrirse de la afabilidad con que trata a los abuelos y a los convalecientes de diferentes edades. Se puede afirmar que ella da y recibe, una regla de oro consignada en las leyes eternas, esas mismas que comportan formas de vida en armonía con la naturaleza, cuya ofrenda a los humanos se dirige a larga vida en la Tierra. El libro es un compendio distribuido magistralmente, y en su orden consagra: Dios, creación y régimen alimenticio; plantas y sus propiedades; vitaminas y minerales; preparación de medicamentos y sus aplicaciones; y consejos para el manejo eficiente de las plantas.

Por: Redactor Diario del Huila

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