La educación y su papel en el Posconflicto

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La educación y su papel en el Posconflicto

La educación y su papel en el Posconflicto
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La educación emerge como un factor de acumulación de capital humano y movilidad social que representa uno de los elementos claves del proceso de crecimiento y desarrollo económico.

LORENA PATRICIA ALVAREZ DELGADO
Estudiante licenciatura de Humanidades y Lengua Castellana
Universidad del Magdalena

En la difícil fase de posconflicto, la idea es liderar y dirigir este proceso responsablemente por los equipos del Gobierno Nacional, departamental y municipal, los líderes comunitarios, las organizaciones no gubernamental, las organizaciones de víctimas y profesionales colombianos de las distintas áreas del conocimiento (educadores – educadoras del país); con el objetivo primordial de impulsarlo (posconflicto) hacia el desarrollo sostenible integral que mejore las condiciones de vida de la población dentro de una cultura de paz y respeto de los derechos humanos.

Igualmente, este proceso de construcción de objetivos en la fase posconflicto deben de tener como fundamento democrático: Construcción y desarrollo de acuerdo a las condiciones objetivas de cada contexto comunitario (zona territorial afectada o no por el conflicto armado). Es por tanto que una educación para la paz, la no-violencia y la convivencia, tiene que asumir sistemáticamente la tarea de analizar el currículo oculto procurando que afloren aspectos como: Trato, comunicación, participación, atuendo, información, equilibrio emocional, etc. De esta manera se podrá diagnosticar el modelo educativo subyacente y buscar soluciones correctas, analizando y resolviendo conflictos.

Ese proceso debe asumirse con buen ánimo y disposición a situaciones nuevas y desconocidas, favoreciendo la autodeterminación y la creatividad. Es fundamental educar en el respeto a las normas (reglas de juego) cuando son justas y en la desobediencia cuando son injustas. Todos somos responsables de la educación para la paz y la no- violencia, tanto a nivel personal como social, local o nacional,  la educación para la paz supera el marco de lo extracurricular o complementario y a través de distintos niveles del sistema educativo, se van identificando con el mismo concepto de la educación como tal. Por lo anterior, construir e implantar la educación para la paz en el proceso de enseñanza implica rechazar la guerra, el conflicto armado en todos sus órdenes y consecuencias; es tener la convicción ante la llamada de la historia y el concepto de la dignidad del hombre sobre la tierra.

También resulta urgente romper el vínculo entre la calidad de la educación y la capacidad económica de quien accede a esta. Dejar la educación a las condiciones del mercado impide que esta sea un motor que genere movilidad y participación social entre los individuos y sus diferentes contextos. La educación debe convertirse en un medio por el cual se puedan superar inequidades históricas que están en la base misma del conflicto.

Por último, es fundamental aprovechar la coyuntura en que se dan los acuerdos de paz y el proceso del posconflicto para realizar ajustes en las políticas educativas, ya que estos son periodos de grandes cambios en distintos niveles del país. Así, el sistema educativo no debe limitar su función a la de replicador de contenidos relacionados con la paz, sino que debe crear las condiciones necesarias para que esta sea posible, debe pensarse como el espacio donde el posconflicto se materialice y, sobre todo, debe generar las oportunidades para que las nuevas generaciones jamás contemplen la posibilidad de repetir, una vez más, la espiral de violencia que tantas vecesha retornado sobre la historia de Colombia. 

Por: Redactor Diario del Huila

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