De los deberes y obligaciones de los colombianos y del derecho fundamental a la paz

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De los deberes y obligaciones de los colombianos y del derecho fundamental a la paz

  


Humberto Cardoso Vargas

La semana pasada el Presidente de la República visitó el Reino Unido y recibió en Londres los más altos honores que se le puedan dispensar a un mandatario de un país con reconocida y extensa vocación democrática como el nuestro, pero tanto como por su condición  de primer mandatario de los colombianos, se le reconoció igualmente el honor de ser el Premio Nobel de la Paz del presente año, título que además de enorgullecernos, allende los mares debe servirnos para que la comunidad internacional apoye con  mayor decisión, como en efecto está sucediendo, el proceso de paz que está en una etapa crucial por la intervención para su redacción  final, de quienes no estuvieron  de acuerdo con los términos del documento redactado en la Habana por los comisionados del gobierno y la guerrilla, sometido a consideración del pueblo el pasado dos de octubre, mediante una consulta plebiscitaria, innecesaria desde lo legal en tanto loable desde lo democrático.

La misma semana se conoció el pronunciamiento de Monseñor Luis Augusto Castro, alto jerarca de la Iglesia Católica colombiana, quien interpretando el sentir del sumo pontífice, el Papa Francisco, expresado desde el inicio del proceso, manifestó que la Iglesia acompañará a los guerrilleros de las FARC en las zonas de concentración, ya definidas y  reconoció su derecho a ser elegidos desde el mismo momento en el que se materialice su condición de reincorporados a la vida civil.

Razones más que suficientes para que se decida el asunto prontamente, sin más dilaciones, definiendo unos acuerdos que nos garanticen una paz estable y duradera y se inicie su implementación por el Congreso de la República.

De no ser así, corresponde al Presidente Juan Manuel Santos, agotada la segunda etapa de negociaciones, en la que han intervenido todos los estamentos sociales, políticos, económicos e ideológicos, sin más consideraciones y consultas, con el respaldo de los jóvenes estudiantes universitarios que se han movilizado masivamente en todo el país, las víctimas, la comunidad internacional y la iglesia católica y de quienes votamos por el SI, hacer efectivo el derecho fundamental a la paz que tenemos todos los colombianos y que anhelamos por el bien de las generaciones futuras.

Quienes hemos apoyado el proceso y hemos estado de acuerdo con el documento firmado en Cartagena el 26 de septiembre, esperamos que este acontecimiento ocurra por tardar en el mes de diciembre del presente año.

Contrario a lo que sucede en el exterior, en nuestro país al Presidente de la República se le irrespeta y ofende con expresiones desobligantes, que son pronunciadas en los medios de comunicación, hablados y escritos, por quienes, dadas sus calidades, derivadas precisamente de su condición de personajes públicos, están llamados a actuar responsablemente, en ejercicio de los derechos y libertades reconocidos en nuestra Constitución Política.

Por consiguiente no está por demás recordar que de conformidad con  el artículo 95 de la Carta,  la calidad de colombiano enaltece a todos los miembros de la comunidad nacional, estando en el deber de engrandecerla y dignificarla y por consiguiente en la obligación de “respetar y apoyar a las autoridades democráticas legítimamente constituidas para mantener la independencia y la integridad nacionales”.

Por: Humberto Cardoso Vargas