Alejandro Ordoñez Maldonado, Biblio-pirómano

Opinión /

Alejandro Ordoñez Maldonado, Biblio-pirómano

  


Pedro Arias

El 13 de mayo de 1978, en Bucaramanga, la Sociedad de San Pío X convocó mediante profusos carteles y avisos de prensa a un "acto de fe” para quemar "revistas pornográficas" y "publicaciones corruptoras", como desagravio a la "Siempre Virgen María".

Según un artículo del periodista Daniel Coronell, en la Revista Semana (2013-02-23), los miembros de esa tenebrosa sociedad, de la cual hacían parte Alejandro Ordoñez Maldonado y Hugo Mantilla Correa, fueron a la biblioteca pública Gabriel Turbay en donde obligaron al encargado, (el gordo Valderrama) que era amigo de ellos y a quien le habían conseguido el puesto, para que les entregara los libros que podían corromper las mentes juveniles. Entre los libros que se llevaron había obras de Diego Hurtado de Mendoza, de Gustave Flaubert, de Víctor Hugo, de Thomas Mann, de Jean-Jacques Rousseau, de Marcel Proust, de García Márquez, de Marx y hasta una Biblia que tildaron de pecaminosa por ser una “edición protestante” anti “católica, apostólica y romana".

Repasando un poco la historia, en el año 381 D.C. el emperador romano Teodosio I (El Grande) proclamó que la herejía era un crimen de Estado y convirtió así la intolerancia en legal y santa. Posteriormente, el 16 de junio de 391, publicó un edicto mediante el cual ordenaba cerrar todos los templos paganos, y dictaminó:

«Quemad todos los libros hostiles al cristianismo para evitar que despierten la ira de Dios y escandalicen a los piadosos.»

Este edicto causó la quema de miles de libros y la destrucción de, por lo menos, un ochenta por ciento del legado de los clásicos y de la filosofía griega.  Culpables: Teodosio I, Teodosio II y la misma Iglesia a la que pertenece el ex procurador Ordoñez. El veinte por ciento de los libros restantes, aparentemente los menos peligrosos, fueron secuestrados y guardados en numerosos conventos.

Mencionaré solamente unos pocos ejemplos de la destrucción de conocimientos, por parte de estos fanáticos intolerantes. En el siglo III A.C., Eratóstenes (Jefe de la Biblioteca de Alejandría) había calculado la circunferencia de la Tierra con un escaso margen de error del uno por ciento, afirmando, por lo tanto, que la Tierra era redonda. Sus conocimientos fueron borrados de un plumazo. En el siglo I A.C., Posidonio había construido una maqueta giratoria del sistema solar con los planetas conocidos entonces y la exacta representación de sus órbitas. Pero a partir del siglo IV D.C. se declaró como sacrilegio oponerse a la errónea convicción divulgada por san Agustín, basada en sus escasos conocimientos sobre astrología maniquea, y que sostenía que Dios colocaba las estrellas todas las noches en el cielo y que la Tierra era plana. En el 415 D.C. el arzobispo Cirilo de Alejandría incitó a sus monjes y al populacho para que asesinaran a la última científica pagana de la Biblioteca de Alejandría, llamada Hipatia. Cirilo fue santificado. En 1492, año del descubrimiento de América, aún creían que la tierra era plana. El 22 de junio de 1633 a Galileo Galilei casi lo queman por decir que la tierra giraba alrededor del sol. Occidente estuvo inmerso entre la ignorancia y las guerras religiosas.

Con la llegada del Renacimiento, empezó a despejarse la espesa bruma de más de mil años de oscurantismo en que la Iglesia sumió a Occidente, y el hombre quiso formarse, saber y conocer. Tomás de Aquino, aplicando la herencia agustiniana, cristianizó a los neoplatónicos. La Iglesia católica los moldeó, los adaptó y fundó las primeras escuelas y universidades, no porque le naciera del alma y de "motu proprio", sino porque vio los peligros que se avecinaban y se dio cuenta de que la educación, en manos de cualquier otro preceptor, acarrearía la pérdida de su hegemonía.

Parte del legado greco-romano se conservó gracias a los árabes y al califato de los Omeyas (Córdoba-España); también, en parte, gracias a los judíos. Pero no se recuperó en Occidente hasta que la Escuela de Traductores de Toledo lo rescató y lo difundió.

Muchos años después, el 10 de mayo de 1933, en Alemania, se quemaron en las plazas públicas los libros que se consideraban indeseables y perjudiciales para el espíritu del pueblo ario-germánico.

Este hecho de violencia intelectual, cultural y política, que fue presenciado y auspiciado por miles de alemanes en todo el país, marcó el inicio de la persecución anti semítica, el ascenso del nacional socialismo en Alemania y fue una terrible premonición sobre los hornos en los que serían cremados millones de personas que tenían una religión, una raza o una cultura diferente.

La censura es una perversión que busca desconocer, borrar u ocultar el pensamiento de quien opina diferente; es el producto del miedo hacia el que no encaja ni acepta los dogmas del censurador/ inquisidor.

En Bucaramanga, ese nefasto 13 de mayo de 1978, día de la Virgen de Fátima, cuando se prendió la hoguera del parque San Pio X, se inició la hoguera premonitoria de las muchas que el ex Procurador Ordoñez montaría a lo largo de su vida pública, contagiada del fanatismo religioso de la “Orden de la Legitimidad Proscrita”, a la que pertenecía o pertenece, -comunidad secreta del ala más radical y extrema de la iglesia católica- que hace de la política una herramienta para difundir y expandir su ideario, asociada a la lucha frontal contra las ideas de izquierda, en general y, en particular, contra el aborto -sin excepciones de ninguna naturaleza-  y al rechazo encarnizado a la homosexualidad.

La última gran pira donde se pretendía incinerar los acuerdos de paz de La Habana se le ha ido apagando lánguidamente, mientras la contempla en compañía de Marta Lucía Ramírez, su aliada, con la que a la vez, se disputan la pre-candidatura (2018) a la presidencia de la república, en el seno del partido Conservador.

Este par de políticos ultra conservadores ya habían mostrado su estrecha cercanía con el Centro Democrático del ex presidente Álvaro Uribe y se alinearon de su lado en la radicalización de las críticas al proceso de paz con las FARC.

Aunque Ordóñez y Ramírez se han declarado firmes en la militancia de su colectividad, la elección del senador Hernán Andrade como Presidente del Partido, amigo del proceso de paz, les cayó como un "baldado de agua fría".

Senador Andrade: los peligros que ahora se ciernen sobre la nave conservadora, cuyo timón está en sus manos, no solamente es el de las turbulentas y tormentosas aguas en las que ya está navegando, sino un pirómano agazapado abordo. No se sabe si el incendio empezará en la sala de máquinas, en el pañol de pinturas o en el puente de mando. Aliste el equipo de control de averías.

 

Por: Pedro Arias