Amigo cuánto tienes...

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Amigo cuánto tienes...

  


Orlando Parga

El ser humano sólo llega a reconocerse a sí mismo, ser auténtico y verdaderamente humano cuando es capaz de revelar su alma, expresar sus potencialidades innatas y relacionarse sinceramente y sin perjuicios con los demás. Pero en los tiempos que corren, esta decantación del hombre difícilmente llega a ocurrir puesto que en la sociedad se ha arraigado la premisa de que ser es tener, y en tal sentido el objetivo es acumular capital para poseer la mayor cantidad de cosas que provean bienestar, placer, prestigio y fama. Ahí abundan los amigos y las lisonjas.

En la sabiduría popular y en el ingenio del arte, abundan las piezas que retratan críticamente este modo del ser. Sin ir tan lejos, "Oropel", majestuosa canción de nuestro insigne compositor huilense Jorge Villamil Cordovéz, advierte en uno de sus apartes: "Amigo cuánto tienes... cuánto vales". Lo que crítica el maestro Villamil y nos deja claro es que no valemos por el auto, ni por la ropa de marca que llevamos puesta, ni por el dinero de papá, ni mucho menos por las tarjetas de ahorros o crédito.

Esas presunciones no nos dan valor por lo que tenemos; en cambio, valemos por lo que sentimos, pensamos, juzgamos y actuamos, por los valores que le hemos dado a nuestra persona y por lo que somos.

Ya los antiguos filósofos se detuvieron a analizar la cuestión existencial del ser y Platón con su dualismo antropológico estableció que Cuerpo (materia) y el alma (espíritu) en el hombre eran dos principios opuestos: el cuerpo que nos vincula con la realidad material y pertenece al mundo tangible, y el alma que es el principio inmaterial y sensible, lo divino e inmortal y que nos liga con el mundo de las ideas y los sentimientos.

Las cosas materiales son las que se pueden comprar pero nunca podremos trastearlas a la eternidad. Usted no podrá llevarse su BMW, la cuenta del banco, la mansión, la hacienda y el ganado.  De modo que sus preocupaciones de almacenar riquezas se acaban con la muerte.  La muerte resuelve el problema de la vida pero precisamente la vida es una oportunidad enorme y fascinante de tener la posibilidad de trascender haciendo algo por el ser humano.

Existe una distancia insalvable entre los bienes que cuestan y los que valen. Aquellos que valen no se pueden comprar y del mismo modo tampoco se pueden vender, porque nos han sido concedido o regalados por Dios a quienes por vía de la humildad, solidaridad, bondad, caridad y amor le han dado valor.

Y ese valor es el que trasciende. Mahatma Gandhi con sus demostraciones de pobreza como llevar una simple sábana como ropa logró demostrarles al mundo que son varias las razones por las cuales el hombre debe buscar la paz y todo para defender sus ideales no violentos.

El magnate Henry Ford se encontraba en su planta de producción a escala de vehículos y estaba reunido con un grupo de industriales poderosos que querían conocer su industria y uno de ellos muy sorprendido le pregunta, Señor Ford, estoy estupefacto cómo usted de la nada ha hecho esta inmensa empresa. A lo que Henry Ford seguidamente le contesta, perdón pero esto yo no lo hecho de la nada. Esta empresa la hice de mis sueños, mis pensamientos, mis valores y de lo que soy.

La clave no es ser más rico que el vecino. De modo que no son las cosas que atesoramos las que nos definen como ser humano, son nuestras acciones y ejemplos.

Por: Orlando Parga Rivas