Bautismo con Espíritu Santo y fuego

Opinión /

Bautismo con Espíritu Santo y fuego

  


P. Toño Parra Segura

Al celebrar hoy el acontecimiento del Bautismo de Jesús, se termina el tiempo litúrgico de la Navidad, teniendo en cuenta que el tiempo en la Biblia no transcurre como lo analizamos nosotros con etapas de cronología. Los Evangelios utilizan mucho la expresión “en aquel tiempo“ para decirnos que Dios siempre es el Señor del tiempo y que su Hijo Jesucristo es de “Ayer, Hoy y Siempre”. En la época del Bautista se bautizaba a los adultos y se requería por lo menos una disposición y propósito de conversión, después de haber escuchado la Palabra. También en los primeros siglos de la Iglesia se preparaba a los adultos durante un año para esa ceremonia ritual, en la pascua. A los candidatos sino daban signos de conversión eran aplazados, se les hacía riguroso seguimiento en su vida privada y social y como eran relativamente pequeñas las comunidades, era fácil someter a los escrutinios a los que aspiraban al Bautismo. Jesús solidario con la gente, hace fila; Él que no necesitaba de ese rito, porque era la misma santidad, se somete en un gesto extraordinario de humildad al ministerio de Juan Bautista. Como los dos se encontraron en la casa de Isabel, ahora ya adultos se miran y Juan reconoce al Mesías, quien nos dará el Espíritu Santo y el fuego del amor. Y en verdad ese Espíritu se hizo presente en forma de paloma (así está escrito) acompañado de la voz potente del Padre que lo reclama como el Hijo de sus complacencias. Aquí hay una alusión perfecta al misterio trinitario de nuestra Iglesia Católica. Nos toca recordar nuestro Bautismo por fuerza de las circunstancias, porque la palabra no es solamente para escucharla o escrutarla, sino para que nos transforme en otros cristos vivientes. No ha cambiando mucho la costumbre de sacramentalizar masas como lo hicieron los primeros misioneros que llegaron al Continente cuando bautizaban en un solo día a quinientos indígenas y celebraban otros tantos matrimonios. Afortunadamente hoy de nuevo se trata de evangelizar a los ya bautizados porque de su bautismo no conservan sino una partida en algún libro y unas fotos de una ceremonia. En nuestro país hay más bautizados que creyentes y más creyentes que convertidos de verdad. Y aún hay gente que dejó la Iglesia Católica para hacerse “rebautizar” en alguna piscina o río cercano. Nos falta insistir más sobre “lo fundamental”, es decir, sobre las bases de nuestro cristianismo. Se tendría que rescatar el bautismo perdido en tantos creyentes, sus compromisos, para que entiendan bien el sentido profundo del primer sacramento de la Iglesia. Si no hay base cristiana el edificio se cae, no dura o es fácil de demoler. Cristo se hace bautizar y sigue su misión de predicar el Reino de su Padre que es esencialmente de conversión y de gracia. El cristiano que significa “hombre de Cristo” tiene que seguir las huellas del Hijo amado del Padre. Estamos en el mundo para ser luz y se nos entregó en la ceremonia; para portarnos como reyes y se nos ungió la cabeza con crisma, para ser libres y se nos dio la palabra y la verdad. Hoy Jesús nos interroga: Dónde están los bautizados que no funcionan, no se sienten; dónde el fuego del Espíritu Santo?. Cristo quiere que su “pequeño rebaño” prenda fuego en las conciencias, e invada toda la tierra con los compromisos de un único bautismo que nos exige cambio, humildad y trabajo apostólico. Así seremos también algún día “hijos muy amados del Padre, los hijos de su complacencia”.

Por: Padre Manuel Antonio Parra