Caso aberrante

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Caso aberrante

  


Editorial

La misteriosa desaparición de la niña Ruby esperanza Barbosa Méndez, el anterior domingo, sin dejar rastro alguno para sus familiares y vecinos del entorno donde residía, terminó con el aberrante asesinato de la menor, la cual fue encontrada muerta por algunos operarios de la empresa Alcanos que se encontraban en el sector. Sus primogenitores que viven en la vereda Lagunillas del municipio de Algeciras, recibieron la fatal noticia, en medio de la desesperación y la incertidumbre que les había provocado la pérdida irreparable de su hija que, a sus cinco años, apenas iniciaba el trasegar por esta vida. No se compadece que personas desadaptadas e irracionales tomen esta clase de actitudes que van en contravía de la sana convivencia y de la armonía que deben reinar en todos los hogares del país. El peso de la Ley debe caerles a los responsables de este crimen que enluta a toda una comunidad que había empezado a tener tranquilidad y paz, desde el año anterior cuando empezó el proceso de cese definitivo de hostilidades del grupo insurgente de las Farc, que tenía presencia en ese sector.

A los menores de edad que todavía no han entrado en uso de la razón, debemos mantenerlos permanentemente vigilados y controlados, porque ellos carecen del principio de la conservación. Algunos expertos en niñez, consideran que los infantes son como los vehículos, hay que saberlos conducir por los caminos correctos y evitar que se tropiecen en la vía. A ellos, hay que cogerlos de la mano, orientarlos y conducirlos por los senderos que les permitan llegar a la edad adulta con una formación integral en principios, valores y con suficientes capacidades físicas, morales y cognitivas, con el fin de que asuman responsabilidades y los roles que le depara la vida adulta. No son aceptables las disculpas, en que ocurren los padres de familia que dejan al garete la formación de sus hijos. Actualmente el mundo se ha venido transformado aceleradamente, donde los medios de comunicación, especialmente las tecnologías de información de la comunicación, como el internet, redes sociales, televisión, películas, entre otros, envían mensajes que tergiversan la mente de los menores de edad. Debemos ponerle atención a nuestros hijos, a quienes hay que entregar todo el amor, cariño, y afecto posible, pero también hay que educar con disciplina y exigencia, en la honradez, en la ética, en la verdad y con el buen ejemplo, mediante el cuido y estar pendientes de ellos, saber lo que pasa, escucharlos, darles el buen consejo a tiempo, reprenderlos y corregirlos en el momento adecuado, para que en la niñez, en la juventud, en ninguna etapa de sus vidas, pierdan el rumbo, que se convierte en el horizonte para las nuevas generaciones, que son el futuro del devenir de nuestra patria.

Por: Editorial -