Cavilando

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Ernesto Cabrera

Hacemos lo que nos gusta o estamos abocados a hacer un trabajo que nos va reportando cierta identidad falsa. Debemos hacer  lo que nos gusta y ello  nos lleva a apasionarnos; entonces estaremos muy cerca de la autorrealización y la felicidad.

Pero casi siempre  lo que  ha llevado a trabajar  ha sido la necesidad y con ello no sólo se perdió la posibilidad de ser exitoso, sino de tener identidad.

Referencio en el caso periodístico decenas de personas dedicadas a algo que ni siquiera intuyeron, pero encontraron un camino fácil para ocuparse. “Ahora que no está haciendo nada porque no se mete (sic) a periodista”

Las instituciones del estado, tienen similar connotación,  son el escampadero de unos y el closet de otros, colaboradores ineptos ensombrecen el panorama de la gestión pública. Y cuando las instituciones se hicieron corruptas sólo nos queda la posibilidad de empezar de nuevo.

Nadie nace corrupto, pero es tan fácil llegar a hacer parte de esa clase que pareciera triunfar sin recato en medio de la impunidad y con un único fin único de robar al estado  y hacer parte de ese fango todo –dicen -por la necesidad de trabajar.

Un estado fallido institucionalmente por la corrupción y unos sistemas que han servido para alimentarla  ahora en el  invento de lograr la paz  hemos descubierto que las clases sociales en la guerrilla como en la sociedad colombiana, mantienen con firmeza el estatus de no ceder a la igualdad.

Cientos de niños guerrilleros y casi un centenar por nacer en condiciones que les marcaran su futuro. La incertidumbre de ser hijos de la guerra de estar marcados por una  negociación que en apariencia los aproxima más a esta sociedad que finalmente no sabremos si era mejor o peor que la de allá. Entrada en los mismos vicios.

Ahora entendemos;  lo que nos lleva a trabajar son razones muy complejas pero que deviene de razones puramente humanas que devienen  en la satisfacción personal. No sé si quienes delinquen puedan disfrutar y realizarse y alcanzar la plenitud de la felicidad con hijos y amigos lujos y viajes pero  con dineros ajenos.

Por ahora la identidad de trabajadores, honrados y fieles creyentes de la democracia que a empujones se sostiene hará de hacernos sentir auto - realizados y felices.

Por: Ernesto Cabrera Tejada