Cavilando

Opinión /

Cavilando

  


Ernesto Cabrera

Como la “lluvia de oro” van cayendo sin querer. Santos nos puso a repensar, ¿cómo es que les va a los perros en misa?, y la verdad que no tan mal si es como a sus “canes” de campaña y gobierno.

No caer en el fondo del foso que nosotros mismos hemos ayudado a cavar y que nos hunde como sociedad cohesionada. Es la hora de volver por un camino que nos alboroce pero no como perros.

Año electoral, oportunidad para no seguir hundiéndonos, vamos a ganar, tarea posible si expresamos haber aprendido de las lecciones del ayer y del hoy. Y es que como ciudadanos votantes nos han vendido tan excitantes  metas como irrealizables, nos han movido desde una profunda fe, pasando por  una inocencia cínica  hasta llegar a un interés  mórbido que ha agitado ilusiones directas al  fracaso.

La lección por aprender este año lectivo, será participar del diseño en común de objetivos realizables. Al mirar por el retrovisor vemos como nuestras más preciadas instituciones van terminando en catástrofes anunciadas, pocos salen con las manos limpias y si las llevan, otros se encargan de ensuciárselas, la envidia elocuente, el desprecio del ser por el deseo de superar en demostraciones de poder pierden en esencia hasta las sagradas instituciones del conocimiento, lo sucedido en CORHUILA no va más allá de una “guerra” de godos ansiados por el poder, con millones de por medio, en donde perdimos como sociedad.

Ese paraíso que ofertan poniendo el pie en la cabeza del otro para alcanzar el trono, no respeta historia ni dignidad,  al final todo será utopía. Pero aun cuando el fracaso pareciera ser el único destino debemos dejar de persistir, debemos realizar.

Cuando embistió a los molinos de viento creyendo que eran gigantes, Don Quijote no sólo fracasó. Tenía que fracasar, porque el suyo no era un proyecto realizable sino una noble utopía. Su problema no eran los gigantes. Era el método.

De aquí a pocos meses, cuando votemos de nuevo, si alguien nos propone el alud  de inversiones, la purificación moral o la justicia social inmediata, no le creamos. Creámosle al que nos proponga proyectos realizables con tiempo, trabajo y aguante. Creámosle al que nos diga que enfrente no tenemos épicos gigantes sino prosaicos molinos de viento.

Por: Ernesto Cabrera Tejada