Los enredos de la corrupción

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Los enredos de la corrupción

  


Ernesto Cardoso

Cada día sorprende a la ciudadanía como los medios vienen informando acerca del escándalo originado en los sobornos y lavado de activos promovido por ODEBRECH, entre los diversos estamentos del gobierno y de la clase política, los cuales, como es natural, vienen mostrando que la corrupción política ha hecho metástasis como un agresivo cáncer que corroe los cimientos éticos y morales de nuestra llamada “clase dirigente “.

Ya se está volviendo costumbre que en el juego perverso de tantos intereses malsanos, los medios, haciéndoles el juego; pretendan confundir a la opinión pública señalando los cargos o acusaciones o investigaciones que buscan deslegitimar a quienes como en el caso reciente del señor Bula, mediante declaración juramentada en la Fiscalía, ha aportado elementos probatorios con los cuales sustenta sus imputaciones a la campaña reeleccionista de Santos y a varios congresistas, ministros, gobernadores, alcaldes, concejales y funcionarios de todos los niveles.

Ahora, sin que desde luego sea su propósito, el Senador Robledo quien denunció el irregular y multimillonario préstamo del Banco Agrario a la empresa NAVELENA que es propiedad de OBREDECH en un 85%, encargada del estratégico proyecto de navegabilidad del Rio Magdalena: con sobrada razón, denuncia que el Fiscal Martínez a través de su empresa de Abogados, fue asesora de Obredech y de Navelena, incurriendo por tanto el Fiscal en un eventual conflicto de intereses que le impediría continuar dirigiendo las investigaciones penales.

Por otra parte, la cada vez mayor polarización política entre el santismo y el uribismo, constituye elemento adicional que enreda y confunde el verdadero origen de la corruptela, por lo menos en relación con las responsabilidades personales de sus dirigentes y las que desde luego corresponden a sus respectivas colectividades partidistas.

En todo éste triste y bochornoso espectáculo que nos vienen ofreciendo los medios de comunicación, el ciudadano ya no sabe distinguir entre buenos y malos, razón por la cual, crece como espuma la indignación y el rechazo a la clase política, ocasionando un enorme daño a la credibilidad institucional de la democracia y al sistema político vigente, el cual pretende ser aprovechado por oportunistas y demagogos que buscan “ pescar en rio revuelto “.

De todo lo anterior queda sin duda una contundente lección por aprender y desde luego mucho por corregir.

Pero de tantas alternativas que se requieren para salir de éste embrollo, la primera y más urgente, es sin duda, exigirle a cada actor político o funcionario del Estado que honren la palabra empeñada al asumir sus funciones públicas de respetar y cumplir la Constitución y la ley; de obrar con estricta sujeción a los valores éticos y morales que caracterizan a nuestra sociedad; pero sobre todo, RENUNCIAR a sus cargos para que las investigaciones puedan desarrollarse sin obstrucciones maliciosas que permitan el libre actuar de la justicia.

De tantos enredos y versiones amañadas de ciertos medios al servicio de determinados intereses políticos y económicos, lo único que queda es una decepcionante incertidumbre que confunde y busca manipular a la justicia para que siga campeando la impunidad.

Los colombianos de bien que sostenemos este sistema democrático con el pago de los cada vez más onerosos e injustos impuestos tenemos el derecho y el deber de exigirles respeto; independientemente de que hayamos o no contribuido a sus respectivas elecciones o el acceso a sus cargos y funciones públicas, pero sobre todo debemos recordarles que existe un Juez Supremo al que no podrán engañar y quien les cobrará con creces sus vergonzosas fechorías.

Por: Ernesto Cardoso Camacho