Noche de temblores

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Noche de temblores

  


Editorial

En la noche del domingo anterior, se presentaron unos sismos que tuvieron su epicentro en el municipio de Colombia, Huila -que fueron sentidos con alta intensidad especialmente en los municipios del norte del departamento-, con una magnitud de 5,4 grados en la escala de Richter, a 85 de kilómetros hacia el norte de la ciudad de Neiva y con una profundidad superficial menor a 30 kilómetros, de acuerdo al boletín emitido por el Servicio Geológico Colombiano. El susto de la población fue mayúsculo porque era la primera vez que las generaciones menores de 50 años sentían un temblor de estas características. El último que sucedió en esta región data del 9 de febrero de 1967, cuando se presentó un terremoto, cuyo epicentro fue la falla geológica de Algeciras. Pero lo que alarmó a los huilenses, fueron las dos réplicas sucesivas que se presentaron a las dos horas después de ocurrido el anterior. A las 9 y 20 de la noche, nuevamente el pánico fue creando un miedo generalizado en las zonas donde están las construcciones de edificaciones altas, que los obligaron a pernoctar en los respectivos parqueaderos y en las calles aledañas a sus viviendas. Afortunadamente, no hubo pérdidas de vidas y solo se presentaron daños en algunas edificaciones y derrumbes en algunas vías.

Pero lo más detestable e irresponsable, ocurrió minutos después de haber sucedido estos fenómenos naturales, cuando algunos cibernautas a través de las redes sociales empezaron a reenviar mensajes, informando que en las horas de la madrugada se iban a presentar otros terremotos de mayor intensidad. Lo que causa más extrañeza, es utilizar fuentes emanadas de la Unam de México y del Servicio Geológico de los Estados Unidos para alertar sobre esta situación que se iría a presentar en el centro de la Cordillera Andina. Estas falsas alarmas son condenables desde todo punto de vista, y las autoridades deben investigar el origen de las mismas. Científicamente está demostrado que no existen equipos e instrumentos de alta tecnología que puedan predecir con antelación la ocurrencia de terremotos en el mundo. No podemos seguir alimentando estas irracionales conjeturas a través del internet, por el eventual daño que se puede generar a las personas que sufren de enfermedades cardiacas, depresivas y similares. Debemos tener madurez en el manejo de la información. Igualmente, debemos estar preparados para el próximo terremoto que puede ocurrir en cualquier instante. Debemos asumir que, dentro del calendario geológico, estos fenómenos pueden presentarse próximamente o dentro de 100 o más años. Pero lo más importante es asumir una cultura de la prevención. Debemos acatar todas las recomendaciones que emiten los organismos de socorro y las autoridades especializadas en esta temática. Con ello podemos disminuir el riesgo de afectación a la integridad personal de cada uno de nosotros.

Por: Editorial -