Rumbo a ninguna parte

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Rumbo a ninguna parte

  


Edgar Artunduaga

Desesperadas, las sociedades rechazan “el establecimiento” y eligen personajes extravagantes, como quien decide una locura metros antes del abismo.

Pasó en Estados Unidos con Trump y nos ha ocurrido en el Huila, con el cura Escandón, con Suárez, con Cárdenas, con el pajarito Sánchez, “con una prostituta que hicieron concejal para retar y burlarse de la clase política. Y como vamos, con Lara, con Carlos Julio, con el borracho y pirómano alcalde de Villavieja.

Vamos rumbo a ninguna parte, frase que no sé dónde leí pero se ajusta como anillo al dedo a la situación errática regional, con muchos asnos diligentes en la burocracia.

-Juan Carlos Casallas, director administrativo y de contratación de la gobernación del Huila, se ha convertido en abogado de oficio de la señora Alicia Castrillón Lara, quien viene estafando a 300 personas en Yaguará, con falsas promesas de vivienda. La Castrillón vive “en un palacio” y los defraudados miran impotentes el robo de que son víctimas, al parecer con apoyo del funcionario.

-El alcalde de Villavieja, Yordan Arias Pacheco –quien se graduó de pirómano en las recientes fiestas del pueblo y arrasó con el hotel de Tania Peñafiel, su adversaria política- abusa de la policía, el Estado y quienes lo protegen institucionalmente

“El Alcalde entró a la discoteca Casa en el Aire a las 9 de la noche (en Neiva) y salió a las 6 de la mañana del día siguiente, después de haber ingerido licor toda la noche. De ahí salimos a Aipe donde había una cabalgata y siguió bebiendo. En la noche dijo que se iba para Bogotá y me dejó botado”, denunció a sus superiores el jefe de seguridad que le asignaron.

-El concejo de Neiva convoca un debate para establecer culpas sobre la tragedia y abandono del estadio Plazas Alcid, pero antes se reúnen en privado los contratistas y varios concejales: Roberto Escobar, Carlos Sterling, Humberto Vargas, Ovidio Serrato, entre otros. Dicen que estaban pidiendo información. Los mal pensados sugieren acuerdos por debajo de la mesa.

Como era de esperarse, el contratista salió en hombros y las víctimas ya “arregladas” –familiares de los muertos en el estadio por la imprevisión- hicieron parte de la pantomima. El alcalde Lara Sánchez, el mismo que fue a hacerse matar al Concejo de Neiva por Cielo Ortiz Serrato, gerente de “las Ceibas”, no se apareció en el lugar, ni siquiera a expiar su sentimiento de culpa por el siniestro donde murieron cuatro personas.

El sabor del debate es agridulce, le escuché decir en una emisora de Neiva al concejal Jesús “el chulo” Garzón. Y creo haber entendido que invertirán más de $500 millones en otro estudio para decidir si el estadio hay que tumbarlo, parcial o totalmente, en tanto que los contratistas están pidiendo los $5 mil millones que le adeuda la administración municipal, después de la generosa adición que a principios del año les hizo el alcalde Lara.

Por lo anterior y más, que dejo para otro día, digo que vamos rumbo a ninguna parte. O al despeñadero.

Por: Édgar Artunduaga Sánchez