Servicio militar...¿obligatorio?

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Servicio militar...¿obligatorio?

  


Gloria Cepeda Vargas

"El servicio militar obligatorio no es justo porque cae solo sobre la clase más pobre y desvalida, restando en los campos el brazo fuerte y en los hogares el pan”. María Cano, (“El Correo Liberal”, Medellín, 11 de noviembre de 1925).

“No hay paz sin igualdad. Y el servicio militar obligatorio  es la materialización de la desigualdad, pues solo es obligatorio para los más pobres”. Cecilia Álvarez Correa, (“El Tiempo”. Bogotá, 8 de enero del 2017).  Son palabas de dos  mujeres distintas,  surgidas en dos Colombias que parecen petrificadas en el tiempo.

Siempre me ha sorprendido el poder erosionante que poseen la costumbre y el mito sobre las masas colombianas. Esa manera primitiva de imponernos deformaciones éticas y semánticas en total impunidad. La palabra “obligatorio” es: “Lo que tiene fuerza legal de obligación”. ¿Y qué significa obligación?  Sencillamente “El vínculo que nos impone la ejecución de una cosa”. Eso dice al menos mi Pequeño Diccionario Larousse Ilustrado y creo que se queda corto. Porque obligatoriedad es deber, término correlativo de  derecho. Es decir una balanza que mantiene la dignidad ciudadana y la justicia social.

Entonces no entiendo cómo pueden calificar como obligatorio algo que solo se impone a una parte de la sociedad. En nombre del simple sentido común, el servicio militar debería definirse más o menos como “Un deber ineludible para quienes no posean los  $111.000 pesos, módica suma que los exonerará del patriótico esguince, del heroico registro, de la noble faena”. O sea, la antítesis de la masa informe y cubierta de agua y de tinieblas, que sobreagua en las veredas y caseríos de la “Colombia profunda”.

Sé que el abnegado llamamiento a filas no turba el sueño de los retoños de la lozanía económica o social del país. Ni siquiera preocupa a quien posea un padre que devengue un poco más del vergonzoso salario mínimo. Ninguno de los varones de mi familia se uniformó cuando la patria lo llamaba. Todos miraron correr las aguas provistos de ese pasaporte  militar adquirido, como cualquier objeto, en el mercado del dinero o de las influencias.

Por eso el cuartel sigue siendo un enigma o un espejismo. Reducto para campesinos analfabetas, para ciudadanos uniformados de cuerpo y alma a quienes el Estado hace a la medida de  las necesidades de quienes, en  la otra orilla, se blindan con las armas de la educación y la esperanza.

Ya es hora de que llamemos a las cosas por su nombre. El eufemismo no tiene  la estatura de la parábola y mucho menos del argumento. Termino esta nota con las aleccionadoras palabras de la columnista Álvarez Correa: “Si el Congreso modificó un articulito para beneficiar con la reelección a un presidente, introduzca un solo articulito para eliminar el SMO y beneficiar así a millones de colombianos. Deróguese la Ley 48 de 1993”.

Por: Gloria Cepeda Vargas