Un adiós, al Gorrión

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Un adiós, al Gorrión

  


Álvaro Hernando Cardona González

Gabriel Molina Vásquez, El Gorrión, se ha ido de nuestro lado. El hombre de la sonrisa fácil y probablemente el último de la picaresca y la repentina simpática ha dejado este mundo.

Gabriel, que pocos saben era el verdadero nombre de El Gorrión, estuvo muy ligado a la historia de Pitalito su tierra natal y del Huila. Por muchas razones él estuvo cerca a trascendentales hechos que en las décadas de los sesenta y setenta marcaron en mucho el rumbo del departamento y su capital. Cierto, no se le recordará por eso, sino por sus apuntes constantes adobados de los aconteceres políticos y sociales de esta región.

A la familia de quien esto escribe también lo estuvo y de manera tajante: en marzo de 1961 fue quien presentó a mis progenitores en el Valle de Laboyos.

Pero esta columna no está para hablar de eso sino del impacto que El Gorrión dejó. Pues ciertamente creemos que la buena característica que durante mucho tiempo adornó el carácter de los opitas, de ser seres amables, simpáticos, alegres, extrovertidos, ruidosos, poetas y repentistas se cierra o termina con el último de sus exponentes inmaculados.

Gabriel hasta último momento de su vida fue un verdadero “bacán huilense”. Señor y piropero con las mujeres, acérrimo en el comentario jocoso con quien criticaba, decente en su actuar pero directo con su palabra, alguien que vivía al tanto de todo y de todos, una memoria prodigiosa, amigo de sus amigos.

El gran hombre y sobre todo ejecutor que fue Héctor Polanía Sánchez lo tuvo en sus grandes afectos; eran muy cercanos y con ese contacto con ciertas realidades opitas, El Gorrión le servía al Hermano Pola de fuente fidedigna. Tal su confianza mutua, que cuando Pola fue gobernador, lo vinculó como su secretario privado, seguramente no por su experticia profesional, sino por su capacidad de ser vocero sincero del pueblo y ataja lagartos eficiente.

No pudimos estar en las ceremonias de despedida eterna para El Gorrión; pero el nutrido y variopinto acompañamiento que tuvo, fue la mejor muestra de cuánto lo apreciaban. Y esperamos que los múltiples comentarios que por las redes sociales se siguen haciendo, también demuestren cuántos amigos hizo y a cuántos nos sacó sonrisas hasta en las peores dificultades.

A su familia, a la familia Vásquez tan cercana, a sus amigos nuestro saludo cariñoso. Al Gorrión, un hasta pronto.

Personajes auténticos, llenos de aprecio por su donaire, su carácter, su calidez, los entornos familiares que formaron, su manera de actuar en la sociedad como El Gorrión están desapareciendo. Y nuestro Huila querido se hace diferente. Las futuras generaciones demostrarán si será para bien…o no.

Por: Alvaro Hernando Cardona González