miércoles, 28 de junio de 2017
Proceso de Paz/ 2016-09-17 10:59

Los combatientes de las FARC regresan del infierno

En medio de un ambiente dividido entre el miedo, la incredulidad y el optimismo, el grupo guerrillero deliberará durante una semana en desarrollo de su última Conferencia como grupo armado y sus bases aprobarán los acuerdos de La Habana.

Escrito por: Erick Rojas | septiembre 17 de 2016

Jesús María Cataño Espinosa

Enviado Especial

La horrible noche, infinitamente estéril derivada del uso desproporcionado y cobarde de la fuerza como instrumento para resolver los conflictos cotidianos y las contradicciones de tipo ideológico, parece haber cesado y desde hoy la palabra sonará como una sinfonía para alegrar el nuevo día en la historia de Colombia.

Cuando esta tarde se instale la X Conferencia de las FARC -la máxima instancia organizativa de esa fuerza subversiva- y sus más de 250 delegados aprueben, ante casi mil periodistas de todo el mundo, la conversión de la guerrilla más antigua del mundo en un movimiento político, millones de flores se abrirán de manera simultánea cómo símbolo de la esperanza y del triunfo de la razón sobre la violencia lapidaria.

Desde las selvas de los llanos del Yarí, uno de los santuarios de la guerrilla, laboratorio de la insurrección armada y prefacio de cientos de cruentas acciones, vemos las manos temblorosas por el recuerdo de las víctimas y sentimos las voces que susurran el dolor acumulado durante décadas porque revivir el pasado en Colombia es revivir la tristeza que no hemos podido sepultar. Y los muertos que ni siquiera pudimos enterrar.

Con los ojos fijos en el nuevo amanecer, 900 periodistas de medios nacionales e internacionales seremos testigos de la aprobación de los acuerdos suscritos en La Habana por parte de los guerrilleros rasos, los soldados de las FARC, y de su compromiso de transformación en un movimiento político legal, del cambio de los fusiles por el verbo, por el discurso como herramienta para negociar las diferencias, para disuadir o persuadir, para controvertir, para buscar la armonía y la convivencia en medio de las diferencias.

La palabra clara y sencilla para el ejercicio pleno del derecho a disentir y a proponer opciones; para poner en práctica el respeto de las opiniones ajenas, para darle un manejo constructivo a los pequeños conflictos cotidianos y también a las grandes divergencias alrededor de la coyuntura política, social, económica y administrativa del país.

El discurso para ganar votos que vigoricen la tolerancia, la pluralidad y la justicia para un pueblo históricamente engañado y manipulado por la politiquería. Como una expresión del poder que tiene la participación ciudadana en las decisiones trascendentales que afectan la vida de sus habitantes.

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Antecedentes históricos de la violencia

Con motivo del acuerdo que está a punto de suscribirse entre el gobierno y las FARC, la mayoría de los medios de comunicación han hablado de “los más de 60 años de violencia que ha vivido Colombia con muy cortas interrupciones”. Pero la verdad es que el país la ha sufrido históricamente, desde 1492, con el mal llamado descubrimiento, que no fue otra cosa que la invasión de los españoles, el choque de los blancos y los indios, que desembocó con el aniquilamiento de pueblos enteros.

La guerra de los Mil Días, entre 1899 y 1903, dejó, según los historiadores, más de 100 mil muertos, una cifra horrorosa si se tiene en cuenta la población colombiana de esa época. La violencia se recrudeció en 1930, tras el triunfo de Enrique Olaya Herrera, que revivió la pugna sangrienta entre los liberales triunfantes y los conservadores vencidos, iniciada en la guerra de los Mil Días. Le siguió la crisis de 1946 por causa del triunfo de Mariano Ospina  Pérez, que tuvo su punto de máxima agudización y degradación a partir de 1948, con motivo del asesinato de líder popular Jorge Eliécer Gaitán.

De acuerdo con los analistas políticos, con la muerte de Gaitán, Colombia perdió uno de los mayores amantes del orden constitucional y tal vez el único que pudo encauzar la legalidad hacia la participación democrática del pueblo en las decisiones trascendentales de la Nación.

 

La bestia de la violencia

Las masas desbordadas ante el crimen de su caudillo, ya sin proyecciones democratizantes y sin dirigentes, se anarquizaron y su dolor fue prontamente transformado en furia y saqueo. El país se les salió de las manos a los dirigentes y entonces renacieron el sectarismo y el fanatismo bipartidista que surgieron desde la ya citada guerra de los Mil Días.

La resistencia campesina del sur del Tolima, quizás uno de los fenómenos más estudiados por los investigadores, fue el cordón umbilical que alimentó los orígenes de las FARC y de las cuadrillas de bandoleros que se expandieron principalmente por las regiones del centro del país.

En 1970, y después de la derrota del general Gustavo Rojas Pinilla, atribuida a un fraude a favor de Misael Pastrana Borrero, nace el Movimiento 19 de abril, M-19, que amparado en un nacionalismo y mediante acciones audaces principalmente en las ciudades, muy pronto se metió en el corazón de la gente de los sectores populares y llegó a ser considerada como una opción de triunfo de las luchas populares.

Tras su desmovilización se convirtió en un movimiento político de izquierda conocido como AD-M19 (Alianza Democrática M-19) que ganó importante respaldo popular y fue uno de los constituyentes de 1991; desapareció a mediados de la década de 1990 y algunos de sus miembros se unieron a otras agrupaciones políticas, incluido el Uribismo, dentro del cual dos de sus figuras directivas, Everth Bustamante y Rosemberg Pabón, son activistas notorios.

Para los dirigentes de M-19, la Constitución de 1991 enterró definitivamente el Frente Nacional, el Estado de Sitio y el Fraude Electoral. Es decir, sostienen, “la historia del M19 comienza con el fraude del 19 de abril de 1970 y se cierra con su propio triunfo electoral en la Asamblea Nacional Constituyente de 1991.

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Otros actores violentos

El ELN, el PLA, el EPL Y otros grupos del partido Comunista marxista-leninista, el grupo indígena Quintín Lame, los narcotraficantes, el MAS –muerte a secuestradores- los PEPES,la contraguerrilla del ejército y los paramilitares, fueron protagonistas en esa noche eterna, negra y dolorosa que fue cómplice de las máquinas tenebrosas de la muerte, pero de la que el país parece salir. El alba del nuevo día está a punto de llegar,  se siente una dulce quietud y el sol lanza su luz de alegre perspectiva sobre todo el territorio nacional.

Sin duda alguna, las FARC crecieron y se fortalecieron como el grupo armado más poderoso de América Latina hasta el punto de que sus dirigentes, militantes, activistas y simpatizantes se declararon convencidos de su capacidad para acceder al poder por la vía armada y en una expresión de soberbia, le agregaron a su sigla tradicional las letras EP, y entonces en lo sucesivo se autodenominaron como “Ejército del Pueblo”.

Las nuevas políticas contrainsurgentes y el desarrollo tecnológico produjeron un cambio extremo en la ofensiva contra la subversión y  los distintos frentes sufrieron derrotas militares sucesivas y muchos quedaron dispersos como las cosas después del paso de los vientos borrascosos. Aunque sin reconocerlo, la guerrilla entró en decadencia, sus errores le costaron la pérdida de simpatía entre las masas y no es exagerado decir que entró en un franco proceso de vencimiento. Después de muchos debates, se llegó a la conclusión de que la lucha armada ya no es viable, sin masas y con un ejército de guerrilleros desmoralizados.

 

El regreso del infierno

Los acuerdos suscritos con el gobierno tras 4 años de discusiones y negociaciones desembocaron con el cese bilateral del fuego, la desmovilización de sus tropas y la transformación en un movimiento político que en lugar de balas disparará discursos para competir con otras fuerzas por el manejo e influencia en la vida nacional.

Desde el campesino que integró las guerrillas rebeldes del Tolima,  moviéndose por trochas, con los arrieros como medios de comunicación y armado con palos y machetes, hasta el combatiente  con teléfono satelital que, como los policías y soldados chatea en su celular mientras patrulla, pasando por los líderes naturales y por los impuestos desde la dirección; esos hombres y mujeres acostumbrados a la vida dura de la clandestinidad y la escasez, pacientes, con ojos capaces de asimilar la luz de la estrellas, como los felinos y animales del monte, dotados de humor blanco y negro, con familias como cualquiera de nosotros, que cometieron errores convertidos en crueldades. Y también los letrados, los académicos que pronto se ganaron los puestos de dirección, los más locos, los creativos y hasta los expertos en técnicas de comunicación y manejo de imagen, están aquí frente a mí con sus palas, barretones, picas, machetes y mazos, en la ejecución de tareas de adecuación del campamento gigante donde desde hoy se cumplirá la Décima Conferencia, la última como grupo armado, y en donde le dirán al mundo que han renunciado al sol pálido de la lucha armada que como la cabeza de un niño muerto los acompañó desde siempre.

Son los hombres y mujeres que regresan del infierno, con sus caras sonrientes y con los gritos como sortilegios saludan la aurora que se asoma allí en el oriente, escondida en el infinito de estas selvas de los llanos del Yari.