sábado, 21 de septiembre de 2019
Primer Plano/ Creado el: 2019-08-10 09:54

“No enfrentamos la guerra, la guerra se enfrentó a nosotros”

Ser el único, o de los pocos, enfermeros que camina junto con las tropas en las altas montañas del Huila y Colombia, le exigió a Isaac Paredes Bonilla responsabilizarse de mantenerse y mantener a los demás con vida. Entre el fuego cruzado ha atendido soldados, guerrilleros y también comunidades campesinas.

Isaac Paredes Bonilla, soldado profesional del Ejército Nacional.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | agosto 10 de 2019

 

Caterin Manchola
Diario del Huila, Neiva

El 11 de febrero del año 2002 a las 2:10 de la madrugada el alojamiento del batallón de infantería número 27 del Ejército, en Pitalito, al sur del Huila, pasó de la quietud total a convertirse en un infierno de gritos, fuego y muerte. Diez soldados perdieron la vida y cuarenta, entre los que se encontraba el joven Isaac Paredes Bonilla, quedaron heridos, luego de un ataque de las FARC.

Según reportó el día siguiente del hecho El Tiempo, los artefactos lanzados arrasaron el muro norte del alojamiento en el que a esa hora dormían por lo menos 100 soldados. En pijama y con su arma de dotación a un lado de su cama, los militares, todos entre los 19 y los 27 años, no tuvieron tiempo de reaccionar. 

Y de acuerdo con DIARIO DEL HUILA, los soldados que murieron mientras dormían fueron atacados por un rocket de fabricación artesanal, el que posteriormente desató un voraz incendio.

En medio del susto y viendo a las personas gritar por ayuda, Isaac Paredes decidió comenzar a atender a sus compañeros. Era la primera vez que estaba en medio de un ataque, estaba muy joven y aún no culminaba su servicio militar.   

“Sufrimos un atentado, hubo muchos heridos y muertos, pero estábamos escasos de enfermeros. Contábamos con el que estaba en el puesto de salud en Pitalito, en el Batallón, pero los heridos eran tantos que hubo necesidad de comenzar a entender”.

En medio del caos, un compañero le preguntó por algo de sangre que tenía en las piernas, “cuando volteé a mirarme, vi que estaba herido y ahí si me dolió. Yo ni me había dado cuenta, en el momento el susto era más grande que el dolor”, dijo, y hubo risas.

Tenía una esquirla en una de sus piernas, pero percibía que había personas con lesiones de mayor gravedad. “Entre nosotros mismos nos ayudamos. Me vendé y luego fui a la enfermería que estaba llena con gente más herida”, contó.

“Era susto porque yo tenía 19 años. Días antes uno escuchaba que habían hostigamientos, pero no se sabía ni con quien era, entonces mirar que algunos compañeros estaban muertos, que habían heridos, motilados… ya uno como que estaba entrando en shock”, relató.

Enfermero de combate

Se encontraban allí porque estaban haciendo una capacitación en el batallón Magdalena, ese tipo de educación era descentralizada “por la necesidad de la fuerza”. Y durante su recuperación del atentado, también atendió a otras personas que permanecían en recuperación. Eso hizo que le comenzara a gustar el tema de ser enfermero de combate, y lo fue hasta cuando la guerra se lo permitió, pues de otros ataques no salió tan bien librado.

Para la época, comunicarse con su familia no era fácil pero su madre gustaba de una emisora radial local que hacia las 5:00 de la mañana ya la estaba poniendo al tanto de todo. Sin embargo, solamente dos días después pudieron hablar nuevamente.

“Yo le llamé y le dije que estaba bien, que estaba trabajando. Ella ya estaba haciendo viaje para ir a buscarme, porque había familias que se reunían e iban a buscar en hospitales. En ese momento no había un listado claro de los que estaban en Neiva o Pitalito”.

“No me sentía afortunado de estar vivo, fui afortunado”, pero sobretodo “de estar con las partes completas”, resaltó.

Posteriormente vino una recuperación psicológica por parte del Ejército durante un mes aproximadamente, “porque éramos muchachos, no estábamos preparados para eso, y nos enfrentó fue la guerra a nosotros, no nosotros a la guerra”.

Sacándole provecho a la guerra  

Pero antes, cuando era niño, en ningún momento se le pasó por la mente hacer parte del Ejército como enfermero de combate. Isaac Paredes Bonilla veía de lejos la Novena Brigada, mientras iba y venía de su hogar en el barrio Altico de Neiva, sin pensar que en algún momento llegaría a integrar el Ejército Nacional.

Lo percibió como una oportunidad para continuar capacitándose, aunque, luego de ingresar tuvo claro que una cosa es prestar el servicio militar y otra muy distinta hacer parte, más en esa época, de una contraguerrilla.

La contraguerrilla está conformada por soldados oficiales y suboficiales que integran un grupo, quienes ejercen control territorial en el área rural. La labor de Isaac, es mantener con vida a los soldados de ambos bandos, atender campesinos, niños, niñas y hasta mujeres embarazadas.

Luego del ataque en Pitalito, la Zona de Distención se esfumó. La situación “era un poquito complicada” a comparación de ahora. Y vinieron unos de los años más fuertes del conflicto interno armado en Colombia, según recuerda el soldado.

Por donde las tropas se asomaran, allí había enfrentamientos. Isaac ya cargaba un botiquín que lo catalogaba como el enfermero y atendía todo tipo de casos, incluso los que sabía que no tendrían el final más deseado.

En muchas ocasiones por la falta de instrumentos, los largos viajes y falta de apoyo, “se le sale a uno de las manos… se presentan muchos”.

Aunque también se ha llevado sorpresas, pero en situaciones diferentes. Luego de ya no poder prestar sus servicios como enfermo de combate, su labor consiste en ingresar “a sacar de cualquier parte de Colombia” las personas heridas y estabilizarlas. Ahora, es quien recibe los heridos a ese enfermero de combate que alguna vez fue.

Verdaderos milagros

Por ejemplo, por los lados del Cauca ingresó para atender a un muchacho, “como de 18 años, pero las heridas eran muy graves… en el momento en que lo pasé a la ambulancia que lo estaba esperando, yo pensé que no –sobrevivía- pero después me enteré de que estaba en el hospital militar y que se estaba recuperado, pues un poquito destrozado pero que se había salvado”.

-¿Qué es “un poquito destrozado”?

-“Que no tenía piernas, un brazo, un ojo, no tenía los genitales… todo se lo había volado la mina. En el momento en que lo recibí era una herida bastante impactante. Era casi el 85 por ciento del cuerpo afectado, entonces uno no haya ni qué atenderle”.

Desde el año 2006 Isaac no puede estar con las tropas en el combate. Eso se dio luego de que ingresaran a una operación entre Huila y Meta, y mientras atendía un compañero, que había sido herido, él también terminó afectado.

“Pasamos un campo minado con él y caímos los dos… otra vez. Es decir, yo lo estaba extrayendo porque había caído en un campo minado, él tenía afecciones en sus piernas así que tocaba retirarlo de ahí para poderlo atender,  y volamos también. Él murió. Yo me desperté en el Hospital Militar”.

Paredes Bonilla tuvo afecciones en las piernas, “no mutilaciones”, recalcó. En brazos, abdomen y perdió la visión y oído derechos.

Expresó que ya “no podía hacer parte de ese grupo porque ya no tenía los sentidos completos. Pero ahí tuve la oportunidad de estudiar enfermería como tal, no de combate”.

No solo soldados

Durante sus años de servicio ha atendido a guerrilleros de las FARC heridos, como la vez cuando una guerrillera cayó en un campo minado del mismo grupo insurgente. “Ellos se fueron y la dejaron. Cuando yo llegué ella estaba en un helechal y pedía que no la dejaran morir. Yo la canalicé, vendé, hicimos una camilla y la cargamos hacia donde iba a llegar el helicóptero”.

También, otra mujer que tenía una herida de bala en la espalda, en el municipio de Algeciras.

“El disparo le salió por el seno; cuando la encontramos tenía el seno  infectado, con gusanos,  olía a feo… entonces la atendimos y un helicóptero la trasladó para Neiva”.

El hoy soldado profesional del Ejército Nacional, trabaja en la Novena Brigada y asegura que “hoy no se vive el conflicto, gracias a Dios, pero el Huila ha sido corredor estratégico para el terrorismo”.