martes, 19 de septiembre de 2017
Opinión/ Creado el: 2017-07-16 01:27

¿Qué clase de tierra somos?

Escrito por: Padre Manuel Antonio Parra
 | julio 16 de 2017

Elegidos los Apóstoles y expuestas las exigencias para seguir a Jesús en el domingo anterior, San Mateo nos presenta en este XV Domingo del Año litúrgico la primera de las parábolas del Reino de Dios: “La semilla”.
Las parábolas, lo sabemos, son comparaciones de la vida real que el Maestro Jesús utilizó siempre en su pedagogía evangelizadora. Jamás tuvo discursos, ni expuso teorías ni  organizó cronogramas complicados.
Sabemos como lo recuerda Isaías en la primera lectura que la Palabra de Dios como la lluvia baja y fecunda y hace fértil la tierra; no puede regresar vacía.
Es por esencia eficaz y su energía produce el efecto de la fecundidad espiritual.
La misma creación, al decir de Pablo en la carta a los Romanos aguarda impaciente la manifestación de los hijos de Dios a través de la justificación que va acompañada de la fe pero seguida de las obras. No puede haber justificación  sin fe, como tampoco puede haber frutos y cosecha sin la germinación en proceso de la semilla. Es Dios quien se siembra en nosotros y en la parábola  podemos leer las condiciones puestas por Jesús para la escucha fecunda de la Palabra. Cada uno de nosotros es un trozo de tierra laborable, pero también es un instrumento necesario para preparar otros terrenos para recibir la semilla de la Evangelización. 
Así como las condiciones físicas del terreno son diferentes, así lo son los corazones para que la palabra de Dios tenga diferente acogida y como consecuencia  frutos diferentes: “No se cogen higos de las zarzas, ni uvas de los espinos”.
Hoy la agricultura se ha modernizado demasiado no sólo en maquinaria sino en calidad de semilla y en la escogencia del terreno apropiado. Los países industrializados escogen los cultivos para cada terreno y no siembran como en los  países nuestros porque al vecino le fue bien en la cosecha pasada.
Los diversos terrenos del Evangelio de hoy, que los explica Jesús con mucha propiedad se refieren a los corazones de sus oyentes, porque el corazón también como la tierra puede ser transformado en función de amor y de cultivo.
La Palabra de Dios debe transformar la mentalidad y los criterios de valoración de las realidades, los modelos de vida y en general todo lo que modifica la vida del hombre.
En la sociedad nuestra los valores del espíritu han pasado a segundo término y se ha llegado a la siguiente dialéctica: a fuerza de vivir de una manera determinada, aunque sea catastrófica, se eleva a norma de vida y a principio general.
A fuerza de vivir en contra de lo que se piensa, se termina por pensar como se vive. Si hay divorcios, separaciones, abortos, matrimonios raros fuera de naturaleza, se promulgan leyes que normalicen esas situaciones.
Los corazones pueden ser: camino real, de la moda, de lo exótico, piedras mezcladas de emociones de momento; espinas que sofocan el amor, o la tierra buena, simple, que se deja cultivar y que tendrá diversos porcentajes: del 30 del 60 o del 100.
Hemos pensado demasiado en la semilla y no en el campo individual. Para qué tierra está adaptado el Evangelio? Este es el interrogante de hoy para todos los evangelizadores. Si no hay cosecha y todos se quejan del abandono de la Iglesia no es por culpa de la semilla, sino de los que no saben cultivar a cada persona y no en manada y obligándolos a todos a cosechar lo que no quieren.
La Misión Continental es cultivo de personas, y no mecánica de siembras atolondradas.

Comentarios