lunes, 30 de noviembre de 2020
Neiva/ Creado el: 2020-11-21 10:07 - Última actualización: 2020-11-22 10:25

“Uno de pobre no come cosas buenas, come lo que más rinda”, Javier Alirio

Como por arte de magia, así Jaiver Alirio logra alimentar a sus 8 hijos que lo acompañan, quienes además de ser su razón para vivir, son el motor de la carreta de Jaiver, un reciclador garzoneño que lleva 18 años en el oficio.

En esta carreta, Jaiver Alirio recoge los desperdicios de los neivanos para poder darle de comer a sus hijos

Escrito por: Redacción Diario del Huila | noviembre 21 de 2020

Por: Juan Manuel Macias Medina

Jaiver Alirio Vargas Quintero, es un garzoneño de 41 años, a quien la violencia lo desplazó de sus tierras hace 18 años. Con nada en las manos, Jaiver no tuvo otro remedio que coger camino a la capital del Huila, en donde según él, fue recibido con los brazos abiertos.

Jaiver cierra los ojos y comienza a recordar el momento, tal vez, mas difícil de su vida, si, el más duro, aunque para un reciclador con ocho hijos a cuestas, todos los días son duros.“Me tocó pasar cosas difíciles cuando llegué, me tocaba dormir en las calles, pedir colaboración a la gente para poder subsistir, ese  ritmo de vida en los semáforos era muy difícil, pero gracias a Dios la gente en Neiva es muy colaboradora y nos daban el alimento, y todas la cosas que uno necesita para vivir”.

Ocho hijos son los que tiene que alimentar Jaiver Alirio, un reciclador que lleva más de 18 años en el oficio.

El bullicio de la vivienda que habita hace que Jaiver no pueda tener la mirada fija, pues son cerca de cinco los niños que juegan, saltan y patalean, los que hacen que Jaiver esté al tanto de lo que ocurre cada segundo en la humilde morada. 

Una mujer que lavaba la loza corregía y agregaba detalles a la historia de vida de Jaiver, no podía ser otra persona que la mujer que ha acompañado al reciclador durante más de la mitad de su vida, su esposa, quien, además, es el comprobante de que el amor se sobrepone ante todas las cosas. “Ella es mi esposa, llevamos veintitantos años, es la mamá de mis ocho hijos”, dijo Jaiver mientras la volteaba a ver con una sonrisa en la cara.

La plata no alcanza

Cada dos meses Jaiver vende lo que ha recogido en las calles de Neiva, 200 pesos por cada kilo de cartón es lo que recibe, por lo que infinidad de preguntas surgen al instante en cualquier persona que lo conozca. “Yo vendo cada mes y medio o dos meses el cartón o lo que recoja, pagan 200 pesos por cada kilo de cartón, eso no es nada, me toca juntar harto peso para poder ver la plata porque sino no veo el dinero, me dan 200.000 mil pesos o 300.000 cada dos meses”, dice con cara de angustia el trabajador mientras mira el papel cartón, latas y demás desperdicios, que dentro de muy poco se convertirán en arroz, papa y yuca.

Diana María Montilla además de ser la esposa de Don Jaiver, es su inseparable compañera.

“La situación de los recicladores es muy difícil, yo trato de juntar lo que más puedo y venderlo para poder comprar lo que necesitamos en la casa, el mercado. Mi mujer también trabaja, ella vende cartillas aunque con lo de la pandemia las ventas han estado muy difíciles porque la gente se cuida y no quiere que uno de pronto se le acerque a las casas”, dijo Jaiver Alirio.

Pocas veces al año, la carne toca el comedor de don Jaiver.

Como por arte de magia, así Jaiver Alirio logra alimentar a su familia, aunque reconoce que la ayuda divina no lo desampara. “Vecino mi Dios no desampara a nadie la comida se hace rendir, uno aporta un poquito y el otro pone otro poquito, la gente a veces nos colabora, uno de pobre no come cosas buenas o finas, uno come lo que más rinda; arroz, papa, yuca, a veces voy a Surabastos y traigo lo que esté más barato, la gente allá le colabora a uno mucho, me dicen 'lleve eso por tanto' y eso es lo que comemos.

La carne es una proteína a la que muy pocas veces accede la familia, aunque reconoce que cuando la yuca se pone cara la familia tampoco puede disponer del producto, por ese motivo, la carne no está entre el menú de la familia. “Carne no comemos, comemos es huesitos, menudencia, viseras, pero decir uno 'me voy a comer una buena carne' no, muy lejos, lejos porque la plata no alcanza”.

En un rincón de la humilde vivienda, descansan los residuos que dentro de muy poco, se convertirán en la comida de la familia.

‘Yo a mis hijos les reciclo juguetes de segunda’

En el barrio El Dorado, donde viven los hijos de Jaiver Alirio Vargas Quintero, no tienen papá Noel, pero tienen un papá reciclador que es casi lo mismo. Y es que si la plata no alcanza muchas veces ni para la comida, los regalos del 24 de diciembre, son algo impensable para los niños que habitan la humilde morada. “A mí en la calle me dan muchos regalos, yo a mis hijos les reciclo juguetes de segunda, eso no es problema porque eso si yo me encuentro a diario”, contó don Jaiver una de las cosas que menos le preocupa.

Un improvisado baño se encuentra en el medio de la casa de don Jaiver.

Las ayudas no han llegado al hogar

Don Jaiver necesita ayuda, pero los 18 años que lleva en el oficio del reciclaje, le han enseñado que para todo hay solución, sin embargo, hay cosas con las que el reciclador no está de acuerdo. “Hay personas que tienen todo y les dan subsidios, casas, de todo. Las personas que más lo necesitamos no recibimos nunca nada”, dijo un poco ofuscado, y es que, en realidad, él si lo necesita.

Que la gente no desperdicie

Solo hay una cosa que hace que Jaiver mire hacia abajo y merme el volumen de su voz, y es la inconsciencia de las personas que muchas veces prefieren botar la comida que regalarla. “Hermano yo voy reciclando y me encuentro con unas cosas que uno queda quieto. La gente tira la comida a la basura, y uno necesitándola. Botan la comida vencida, o en buen estado, la gente no tiene conciencia, eso es un pecado”, dijo Jaiver Alirio Vargas Quintero, mientras miraba a la más pequeña de sus hijas, como recordando las veces en las que le tocó recoger los alimentos de la calle para dárselos a sus hijos.

En riesgo de deslizamiento está el terreno en donde Jaiver reside con su esposa y sus ocho hijos.

Por eso, con la tristeza que lo embargó en ese momento, el reciclador hizo un llamado a cambiar la percepción que la gente tiene acerca de los alimentos. “Quiero decirle a las personas que botan la comida como si nada, que el alimento es sagrado, ojalá de aquí a mañana, la comida no les haga falta y no tengan que pasar por situaciones como la de nosotros”, dijo Jaiver.