lunes, 20 de noviembre de 2017
Contexto/ Creado el: 2017-11-14 12:52

32 años después Colombia recuerda la tragedia de Armero

Armero ahora es un campo santo donde miles de peregrinos procedentes de Bogotá, Ibagué, Medellín y otras ciudades, visitan para rendirles homenaje a las víctimas que dejo la tragedia.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | noviembre 14 de 2017

El 13 de noviembre de 1985, una avalancha de piedras y lodo que descendió del volcán Nevado del Ruiz, apagó las esperanzas y sueños de todo Armero. La tragedia había tocado al pueblo más próspero del Tolima.

Han pasado 32 años desde aquella noche que arrebato la vida de más de 25.000 víctimas que no pudieron escapar ante la imponente avalancha que enluto a Colombia y el mundo entero.

El volcán, llevaba meses arrojando cenizas y al momento de la desdicha expulsó gases, materiales y aires calientes que derritieron un casco de nieve, desatando la grave emergencia pues  agua, piedras, escombros y lodo bajaron a unos 60 kilómetros por hora por el cauce del río Lagunilla.

Sobre las 11 de la noche de ese 13 de noviembre avalancha sepultó a quienes dormían en sus casas, no se salvó ni el alcalde de la época, Ramón Antonio ‘Moncho’ Rodríguez, a quien se le escuchaba repetir de forma frecuente que el volcán era una “bomba de tiempo”.

Al amanecer del día 14 de noviembre de 1985, el piloto de helicóptero que sobrevoló la zona no pudo ocultar su asombro cuando exclamó “Armero ya no existe; fue borrado del mapa”, en ese mismo instante inició una procesión de imágenes de los habitantes de Armero, semidesnudos, con pieles de color ceniza, untados de lodo de cabeza a pies que le dieron la vuelta al mundo.

La catástrofe se acentuó por la hora en que ocurrió, líneas de luz y telefónicas fueron derribadas, dejando a la localidad por varias horas en plena oscuridad e incomunicados, las pocas personas que lograron sobrevivir, fueron también las primeras en participar en las labores de rescate con la posibilidad de un nuevo evento. Aún con luz de día as condiciones del lugar hacían imposible las labores de rescate, el lodo hacía imposible caminar por muchos lugares y maquinaria esencial para el rescate era inutilizada, en muchas ocasiones encontraban extremidades de cuerpos que fueron amputadas por la fuerza de la corriente y el impacto en contra de estructuras como árboles, casas y autos, días después los cuerpos emergían por si solos en total estado de descomposición generando problemas de salud pública para los habitantes y cuerpos de rescate.

La planicie sobre la que se levantaba Armero hoy en día, es un desolado y ardiente camposanto repleto de tumbas, sembrado de cruces, una de ellas gigante en el centro, quizás donde se ubicaba la iglesia principal de la pujante localidad desaparecida y en la que el Papa Juan Pablo II ofreció una oración durante su visita a Colombia en 1986.

El rostro de la tragedia

También el país recuerda con amargura, el rostro inocente y dramático de Omaira Sánchez, la niña símbolo de esa tragedia, quien resultó atrapada en el fango y sus piernas aprisionadas por estructuras de concreto que no pudieron romperse.

La agonía de Omayra, con el fango hasta el cuello, fue seguida por socorristas y periodistas, quienes escucharon de sus labios mensajes para su madre, como que tenía que salir de allí para hacer sus exámenes de fin de año y porque debía encontrar a su padre, a una tía y a un hermano menor.

Pese a los esfuerzos que realizaron los equipos de rescate, finalmente la niña se desvaneció y murió frente a todos esos testigos.

Omaira agonizó durante sesenta largas horas en el fango y sucumbió, víctima de una gangrena gaseosa. Sus últimos recuerdos de Armero son los de un pueblo “pujante, con gente sonriente y cosechas de algodón, arroz y maní”.

En el lugar en el que presumiblemente está sepultada la casa de los Sánchez, en el barrio Santander de lo que fue Armero, hay un altar. Es una especie de tumba y es de las más visitadas. Allí murió Omaira.

Sobre las losas hay decenas de letreros de agradecimiento de quienes aseguran haber recibido un milagro y una romería intermitente de personas silenciosas que oran cada año, cuando llegan a llorar y a pedir por sus familiares desaparecidos en la tragedia.

El Servicio Geológico de los Estados Unidos calculó entonces que la masa total de material expulsado, incluyendo magma, fue de 35 millones de toneladas y, según el Journal of Volcanology and Geothermal Research, el dióxido de azufre expulsado en la erupción fue de aproximadamente 700.000 toneladas.

Todos esos materiales arrasaron los 52 barrios y las 70 calles del pueblo, con sus árboles y animales de corral, es decir, borraron del mapa a Armero.

Volcán en actividad

Pero, lo peor es que la tragedia de Armero se puede repetir. Desde hace varios años, el volcán Nevado del Ruiz sigue en actividad.

Los expertos mantienen la alerta amarilla, casi en forma permanente, debido a los continuos cambios en el comportamiento de la actividad volcánica, que se evidencian con alta emisión de gases a la atmósfera, vapor de agua, dióxido de azufre y ceniza.

A través de los equipos instalados en el área cercana al cráter, incluidas cámaras de video, se hace una permanente vigilancia por parte de un grupo de 34 personas entre geólogos, ingenieros, fotógrafos y químicos. Diariamente se expiden boletines al respecto.

Lo que dicen estos expertos es que nunca se puede descartar una situación como la registrada hace 32 años y actualmente, más de 12 mil personas siguen habitando en la zona de riesgo.

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