jueves, 19 de octubre de 2017
Opinión/ Creado el: 2017-08-12 04:08

Del lobby a la mermelada

Escrito por: Amadeo González Triviño
 | agosto 12 de 2017

La política nacional y sus dirigentes siguen a la expectativa del trato que ha de dársele a cada uno de los congresistas o grandes inversionistas salpicados por los múltiples fenómenos de la corrupción que han salpicado todos los días, nuestra historia republicana y de la cual ninguno se salva, es decir que todos nuestros dirigentes, de una u otra forma han estado salpicados y pueden en cualquier momento, verse abocados a las consecuencias de su actuación. Ahora tienen temor de ser delatados entre ellos mismos, para obtener beneficios como redentores de la patria.

Es triste tener que reconocer que en las comisiones permanentes del Congreso de la República, se manejó de tal manera, eso que en alguna ocasión se denominó hacer lobby, y que hoy en día, según la administración del actual presidente, es entregar una parte de la mermelada entre quienes han de encargarse de la distribución del presupuesto nacional.

Esta expectativa crece y a quien menos le interesa es desafortunadamente al pueblo colombiano. Los electores nunca han de reparar en el hecho de que los hoy elegidos, hayan participado de una u otra forma de esos actos de corrupción. Todos los sectores políticos han estado de una u otra forma comprometida con los entuertos y la forma como se ha diversificado la corrupción en múltiples arandelas, de las cuales todos son copatrocinadores.

Es que el hecho de guardar silencio, el hecho de saber y conocer en determinado momento, lo que está sucediendo, lo que se está ventilando y no dar oportunamente la información como se debe o no denunciar con pelos y señales todo cuanto acontece, es parte precisamente de ese gran mal que nos aqueja. Es parte de esa forma callada de participar con la omisión de la actuación ciudadana y máxime en quienes han ejercido o están ejerciendo el poder y el mandato mismo en las corporaciones públicas.

Que este país no tiene remedio, es una verdad que no podemos negar. Las formas de la corrupción se han diversificado de tal manera, que cualquier incentivo, por mínimo que sea, es suficiente para silenciar a las grandes mayorías.

Ahora se viene todo un proceso de debate electoral. Se anuncian formas de darle transparencia a la contratación estatal, pero todo es una falacia, todo es una forma de acallar y de enmascarar la misma ritualidad de siempre, para que se termine por el contrario, centralizando en unos pequeños grupos de poder, ese manejo del presupuesto del Estado. Y las Contralorías, Procuradurías y entes judiciales, no podrán hacer nada, serán incapaces de liderar procesos de verificación de todo lo que sucede a su alrededor, por cuanto, tal como sucedió en la elección de algunos de los funcionarios que hacen parte de esas instituciones de control, su forma de elección y los compromisos que se adquieren, son de la misma dimensión y se repiten sin cesar a lo largo y ancho de nuestra geografía nacional.

Para colmo de males, la Administración de Justicia, crece con sus escándalos por la forma como se denuncian hechos que quedan latentes entre la opinión pública nacional, involucrándose desde un citador de Juzgado hasta un alto Magistrado y nos llevan a decir, sin levantar la voz, que esta forma de hacer de la democracia y del poder público, se destruyeron en lo más profundo de su propia esencia y no hay vientos que nos anticipen un cambio, una regeneración o una solución a tan difícil situación.

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