Por: Harold Salamanca

 

Recientemente, la Corte Constitucional declaró inexequible una expresión contenida en el Código Sustantivo de Trabajo que limitaba los trabajos que podían realizar las mujeres por ley. Para la Corte, las mujeres son igualmente capaces que los hombres y, por tanto, la expresión “las mujeres”, contenida en las especificaciones de las labores que no debían ser ejecutadas por mujeres y menores de dieciséis años, era totalmente discriminatoria, y vulneraba la igualdad de derechos y oportunidades entre hombres y mujeres. Este pronunciamiento del alto tribunal se logró gracias a una demanda que presentó un ciudadano.

Según publicación de ONUMUJERES, comité de la Organización de Naciones Unidas (ONU), está comprobado científicamente que, cuando el número de mujeres empleadas aumenta, las economías crecen. Los resultados de estudios efectuados en países de la OCDE y en algunos países no miembros, evidencian que, el aumento de la participación de las mujeres en la fuerza de trabajo produce un crecimiento económico más rápido. De igual forma, datos empíricos procedentes de diversos países, muestran que, incrementar la proporción de los ingresos de los hogares a cargo de mujeres, permite una modificación de los patrones de gasto que redundan en beneficios para el hogar y en especial, para sus hijos.

Las más recientes cifras del ‘Reporte Global de Equidad de Género 2020’ del World Economic Fórum, ubica a Colombia en el tercer lugar del ranking de Latinoamérica y a nivel global en el puesto 22 de 153 países. Los datos más relevantes del reporte comparan el porcentaje de ocupación de los cargos que ocupan en las empresas colombianas tanto hombres como mujeres. De acuerdo con este reporte, las mujeres ocupan el 25% de los cargos en juntas, consejos u órganos directivos, mientras que los hombres el 75%. En el caso de los cargos directivos de primer nivel (presidentes y gerentes), las mujeres ocupan el 33,5 % vs. hombres 66,5 %.

Las buenas noticias que llegan desde la Corte son un excelente mensaje para el país, pero no resulta suficiente. Conocido el panorama nacional, tenemos que trabajar desde las empresas, para garantizar medidas que propicien la equidad, y desde el Gobierno nacional, en el fortalecimiento de políticas para reducir la mortalidad materna, disminuir la desigualdad de género relacionada con la propiedad, el control de los activos clave como la tierra, la vivienda y la tecnología, y por supuesto, mejorar la capacidad de las mujeres para hacerse oír y dirigir sus propias vidas.