Por: Juan Felipe Molano Perdomo

Mi abuelo paterno, un hombre que llego de niño con sus padres y sus hermanos a colonizar el naciente municipio de Algeciras donde solo habían menos de 70 habitantes, huyendo desde las montañas de Ataco Tolima de la cruda violencia política y armada vivida en el País y recrudecida ya para  el año 1948 con la muerte de Jorge Eliecer Gaitán, hoy luego de más de 10 años de su muerte,  debe estar contándole a Dios y a los ángeles, que su esfuerzo y el de muchos de sus contemporáneos en formar un hermoso terruño, lleno de esperanzas para sus hijos, donde dejaron huellas imborrables de honestidad y ética, donde se hizo su Alcalde y Diputado del Huila, sigue enterrado en el olvido, como en sus peores épocas, sintiendo el rigor de la violencia  diaria, la zozobra permanente, el descuido total de un Estado indolente, que a través de sus innumerables Gobiernos han sido inferiores a esta región, siendo uno de las más importantes por su aporte a la seguridad alimentaria del Departamento y del País, una porción del Huila que a menos de 30  minutos de la capital del Dpto., se encuentra a años del desarrollo social y económico, por causa del descuido de nuestros gobiernos. Algeciras ha sido, además, tierra   de grandes hombres y mujeres, pero también de experimento vivo de los grupos armados y de la connivencia del desastre que deja la permisividad de familiares y amigos, como en mayor medida, la falta de oportunidades, la corrupción de sus administradores, la falta de inversión social en sus comunidades, la carencia de la empresa privada propios de la producción agrícola y ganadera.

Son tantos los males que aquejan a mi querido municipio, que es el momento de enaltecer a cada uno de los que han aportado algo para su crecimiento pero también de exigir al Gobernador y al Gobierno Nacional que consideren la recuperación de los 17 kilómetros de capa asfáltica entre el cruce de Campoalegre y el casco urbano de Algeciras, que entreguen recursos para proyectos de alto impacto a los campesinos y no recursos ínfimos que acrecientan la pobreza o prestamos leoninos, que se considere la recuperación de sus vías terciarias, entre otras,  Algeciras – balsillas, Algeciras – gigante, que el sector cafetero sienta un verdadero apoyo del comité de cafeteros, que los niños puedan ir a sus escuelas rurales con dignidad, bien alimentados, bien vestidos y bien dotados escolarmente, que los docentes sean respetados y admirados por las comunidades, que la violencia y embarazos tempranos no sea una opción, que llegue la energía eléctrica a cada rincón, que nunca más les cause miedo a los políticos recorrer sus veredas y hablar con sus gentes, solo así haremos la diferencia, pues no solo nos recuerdan en Algeciras en el puerto de Cádiz en España – la madre patria, sino también en Bogotá, con el membrete de un lugar apartado de la geografía y de los intereses centralistas.