El 41,3 por ciento de los micronegocios considera que el crédito no constituye una herramienta necesaria para el funcionamiento de su negocio. Si usted hace parte de este grupo, cuídese porque puede ser la próxima víctima de los ‘gota a gota’.

DIARIO DEL HUILA, ECONOMÍA

¿Por qué algunas personas acudan al gota a gota? Este tema es realmente complicado, todo producto de una autoexclusión de las personas del sistema formalizado que piensan que una entidad financiera no les va a prestar y, entonces, se van directamente a un canal informal que termina cobrando unas tasas de interés que pueden llegar al 300%.

Esta es la nueva esclavitud en el siglo XXI, porque les es imposible repagar la deuda y quedan pagando intereses permanentemente.

Una de las características de las personas que entran al gota a gota es que tienen una edad temprana, entonces no creen tener suficientes activos o garantías para poder acceder a un crédito. En ese rubro, 46% de las personas que entra al mundo crediticio están en el rango de 18 a 25 años.

Otra de las características tiene que ver con el estrato socioeconómico. El 26% de las nuevas originaciones (costos por la tramitación) están en estrato 2, 10% están en estrato 1. Si sumamos estratos 1, 2 y 3, nos encontramos con que siete de cada 10 créditos en Colombia se otorgan a estos estratos económicos.

Baja cultura financiera

La escasa información sobre hábitos de pago, la alta informalidad, la ausencia de garantías que permitan respaldar obligaciones crediticias, los problemas de propiedad en las zonas rurales, y la baja cultura financiera son razones que motivan, a algunos, a acudir a mecanismos de financiación informal, como el llamado “gota a gota” o “pagadiario”. Son varios desafíos en términos de acceso a productos de crédito.

Resulta difícil cuantificar el número real de colombianos que acuden a este mecanismo informal, los usos que les dan a estos recursos, o la tasa de interés a la que se presta.

Dos números que quizá subestiman el impacto real del problema se desprenden de la segunda toma de la Encuesta de Demanda de Inclusión Financiera, realizada por la Banca de las Oportunidades y la Superintendencia Financiera, en 2017. Según dicha medición, el 4% de los adultos colombianos buscó financiación del agiotista y el 82% de estos créditos se destinó a financiar consumo.

Este delito se inició en Colombia en la década de los noventa y hoy hace parte activa de nuestra economía. Un informe de Datacrédito revela que uno de cada cuatro colombianos accede a este sistema de préstamos y que el perfil de los clientes “son personas con edades entre 36 y 45 años, de estrato uno, separados o en unión libre, y que no cuentan con tarjeta de crédito”.

La mayoría de personas que han caído en este modelo de préstamos son pequeños comerciantes o vendedores ambulantes.

Un estudio de la Universidad Central de Bogotá de junio pasado revela que el préstamo ‘gota a gota’ mueve cada día en Colombia más de $2.800 millones, cerca de un millón de dólares diarios, y que en promedio cada cuatro horas se captura a un cobrador. El 2018 fue uno de los años en los que se registró mayor actividad violenta por cuenta del ‘gota a gota’ en el país.

La baja comprensión de los conceptos de interés simple y compuesto dificulta el cálculo del valor de la tasa de interés del “gota a gota”.

Un caso hipotético, que podría ser real

Juan Pérez es un vendedor ambulante a quien le faltaron $100 mil para el mercado. La situación invita a medidas desesperadas. En un contexto en el que seis de cada diez adultos colombianos no acceden al crédito formal, el camino “rápido” y sin fiadores pasa por buscar una fuente informal. Esta salida también se destaca en la mencionada encuesta.

Luis Enrique es el hombre de las soluciones en la calle. Sin pensarlo dos veces le entrega los $100 mil a Juan, comprometiéndolo a devolverle $120 mil un mes después. Por $20 mil, Luis Enrique salvó a una familia. Es un hombre ‘justo’.

Sin embargo, un lector adelantado habrá concluido que la diferencia porcentual de $100 a $120 es del 20%. ¿Qué es una tasa de interés del 20% cuando los bancos cobran hasta el 60%? De esa inquietud se deriva un error común: una tasa de interés mensual del 20% no es equiparable a una anual del 60%. ¿Qué tasa de interés anual pagó Juan?

Si mensualmente es de 20%, ahora supongamos que tiene $100 y que quiere capitalizarlos durante un año (12 meses) a la misma tasa de interés. Al final del primer mes tendrá $120 que, reinvertidos un mes adicional, se convertirán en $144 en el primer bimestre. Reinvirtiendo esos recursos durante diez meses más, para completar el año, llegará a contar con $861,61. La diferencia porcentual entre el último mes y el primero será de 791,6%, ergo, una tasa de interés mensual de 20% es equivalente a una anual de 791,6%.

Ninguna entidad vigilada por las superintendencias Financiera o de Economía Solidaria puede establecer tasas por encima de la de usura, que, para el caso del microcrédito, se encuentra en el 54,8% efectivo anual. Incluso, para el universo no vigilado por estas superintendencias, está la Superintendencia de Industria y Comercio, igualmente facultada para sancionar a los usureros.

Parece que el desespero y la baja cultura financiera nublaron el juicio de Juan, quien se verá en aprietos para pagar su deuda. En caso de que no lo hayan notado, 791,6% es 14,4 veces la tasa de usura del microcrédito.

Sin embargo, la historia deja por fuera otras modalidades de pago en las que, por ejemplo, se pueden hacer abonos diarios o semanales. Además, se omiten otras consideraciones relacionadas con los métodos de cobranza. Informarse bien es el primer paso para no ser la próxima víctima.

En la puerta de su casa

Los ‘gota a gota’ están en todas partes, llegan a la puerta de su casa a solucionarle sus ‘problemas’ o a amenazar, dependiendo de su comportamiento de pago.

Los créditos normalmente oscilan entre $100.000 y $2.000.000, los principales clientes son vendedores ambulantes, transportadores, amas de casa y pequeños comerciantes. Sin embargo, hay otros créditos de mayor valor que se respaldan con vehículos y escrituras de bienes inmuebles.

Las regiones de Colombia con mayor afectación por estos préstamos, según la Dijin, son los departamentos de Atlántico, Córdoba, Cesar, Sucre, Valle, Cauca, Antioquia, Tolima y Huila. Se puede presentar algún tipo de relación con el narcotráfico por la misma situación de economía ilegal, la cual tiene conexidad con otros delitos.

Los micronegocios los que más caen

En Colombia hay 1,5 millones de micronegocios formales, unidades empresariales de personas empleadoras y trabajadores con hasta nueve personas ocupadas que, a pesar de los avances en materia de bancarización, buscan crédito por fuera del sistema financiero, en un buen porcentaje.

Esta es una de las características resaltadas en el estudio, elaborado por Banca de las Oportunidades, sobre los factores que inciden en la demanda de crédito de la microempresa en Colombia, y en la que se utilizó el módulo de inclusión financiera de la encuesta de micronegocios del Dane con 86.969 establecimientos y que se hizo en el 2019.

El 41,3 por ciento de los micronegocios consideraron que el crédito no constituye una herramienta necesaria para el funcionamiento de su actividad económica. Además, variables como la formalidad, la educación financiera empresarial y la utilización de internet para realizar transacciones inciden positivamente en la probabilidad de que este tipo de firmas solicite un crédito formal.

El informe indica que casi el 80 por ciento solicitó el crédito en instituciones financieras formales. Los prestamistas informales agrupan cerca del 20 por ciento de la demanda de crédito entre los micronegocios. Las fuentes informales de crédito no solo son los llamados prestamistas gota a gota, sino también casas de empeño, familiares y amigos.

El 89,9 por ciento de los micronegocios consultados y que solicitaron un crédito en 2019 les fue aprobado, cifra que incluye tanto el crédito en entidades financieras como el informal.