Por Infobae

El primero de diciembre de 1957 fue una fecha histórica para Colombia. Ese día no solo se aprobaron los acuerdos para crear el Frente Nacional, sino que por primera vez en la historia del país las mujeres acudieron a las urnas a ejercer su derecho al voto. Culminaba así un largo proceso de lucha por el reconocimiento de sus derechos civiles y políticos, y se abría una nueva oportunidad de participación y reivindicación de su papel en la sociedad. Sin embargo, para llegar a este día fue necesario un largo proceso.

La moral cristiana y la estricta educación que recibieron las mujeres del siglo XIX las sujetó a la devoción de su esposo y de sus hijos, a la cocina y a las labores hogareñas. Esa era la norma, aunque muchas otras vivían al margen de las reglas de la sociedad, como madres solteras o en relaciones poco aceptadas para el momento.

El derecho al sufragio fue adquirido por las mujeres colombianas en 1954, luego de décadas de luchas sociales por alcanzar dicho reconocimiento /Foto Archivo Infobae.

Fue una culminación de luchas por la participación que surgieron en distintas partes del país durante la primera mitad del siglo XX, cuya cristalización ocurrió en el año de 1954, cuando la Asamblea Nacional Constituyente invocada por el gobierno del Teniente General Gustavo Rojas Pinilla, reconoció el derecho de las mujeres colombianas al sufragio.

Para la época, la sociedad no veía con buenos ojos la posibilidad que tenían las mujeres de expresarse con libertad sobre asuntos que les concernían. Es por lo anterior que muchas de ellas enfrentaron una oposición cerrada, machista, e incluso violenta, contra su integridad y sus ideas.

Pese a estar de lleno involucradas en las luchas políticas y culturales, y de contar con el respaldo de organizaciones internacionales que propugnaron para que los colectivos y asociaciones de mujeres fueran reconocidos por el gobierno, solo hasta 1931 éstas obtuvieron un reconocimiento cuando el Congreso aprobó la Ley 83 de 1931, que les dio potestad para recibir su sueldo sin la intermediación de un representante legal.

Posteriormente, en 1933, el mismo Congreso, gracias a la presión mujeres de distintas regiones del país, aprobó otra ley, la 28, que le permitió, parcialmente, a las mujeres administrar sus posesiones.

Sin embargo, pasaron 23 años hasta que, en la Asamblea promovida por Rojas Pinilla, las mujeres, por primera vez en el siglo, tuvieron la oportunidad de tener un auditorio, así como las herramientas políticas necesarias, para hacer escuchar su voz y valer sus derechos.

De ella hicieron parte, Esmeralda Arboleda y Josefina Valencia como representantes de las mujeres, quienes junto a Bertha Hernández de Ospina y María Currea de Aya impulsaron y promovieron la aprobación del Acto Legislativo N.° 3 de 1954, mediante el cual se les concedió a las mujeres el derecho a votar y a ser elegidas popularmente.

Poco a poco la mujer fue incursionando en campos como la educación, gracias a la reorganización de las escuelas normales y a que se autorizó su ingreso a las universidades en la década de 1930.

Hecho que realizaron el 1 de diciembre de 1957 en el plebiscito que aprobó el pacto del Frente Nacional. En estos comicios, votaron 1.835.255 mujeres que ratificaron los acuerdos que condujeron a la alternancia de poder entre los partidos tradicionales de esa época, a saber: el liberal y el conservador.

Fue la conclusión de una lucha y el inicio de una nueva que aún no termina, la lucha por la equidad.

Algunos pendientes en la lucha por la igualdad

De acuerdo con DANE, en 2016, el 22.5% de los cargos de elección popular fueron ocupados por mujeres y el 20.4% de las curules del Congreso de la República tenían titularidad femenina.

La misma entidad asegura que existe una marcada desigualdad de ingresos de las mujeres en relación con los hombres, entre un 28% a 30%, por lo que la aprobación y gestión efectiva de leyes en pos de la equidad se vuelvan realidad en los años siguientes.