Querido colega, compañero/a, amigo/a:

Hace 16 meses llego a nuestras vidas una pandemia, una realidad que no imaginaban y que cambio completamente la cotidianidad y su forma de trabajar. Llenos de incertidumbre y miedo afrontaron esta pandemia, como siempre primando la vida de los pacientes, incluso por encima de la comodidad y seguridad propia y de sus familias. Muchos tuvieron que vivir solos por un tiempo por el temor a poder contagiar a sus familias y a sus padres que eran población vulnerable. Durante  la primera ola y momento crítico de contagio vieron partir a colegas, amigos, conocidos y desconocidos a pesar del gran esfuerzo y aun del poco conocimiento para afrontar la enfermedad; fueron víctimas de la xenofobia de algunos indolentes que creyeron que por ser trabajadores de la salud estaban portando el virus y eran unos parias que los contagiarían. Han sido contagiados y padecido las dolencias de la enfermedad y algunos con secuelas graves; sus caras están llenas ahora de cicatrices con la piel lacerada y  quebrada por el uso de las mascarillas N95, las caretas y las largas jornadas de trabajo reemplazando compañeros enfermos ante la falta de personal calificado. Han vivido la mentira y abandono del gobierno al creer las promesas de las mejoras de condiciones labórales, esas que esperan desde hace más de 30 años, al igual que todo el gremio de la salud. Han sido víctimas de las noticias falsas y los comentarios de periodistas e “influencers” que afirman  que a las personas las están matando en los hospitales y los médicos se están llenando de dinero con una pandemia que es mentira, mientras Uds. viven la muerte a diario trabajando con escasos recursos.

 

Hoy en medio de una tercera ola de contagio, la cual ha sido prolongada y dolorosa, viendo morir pacientes jóvenes sin comorbilidades y cansados por la sobrecarga  laboral y la indolencia de la población en general que le perdió el miedo al virus y que se la juegan de forma irresponsable o simplemente porque les toca salir al rebusque; hoy donde ya se han visto abocados a seleccionar que pacientes reciben porque no hay camas, oxigeno, medicamentos y personal sanitario.

 

Desde lo profundo de mi corazón les agradezco por el sacrificio, la verdadera vocación, por mantener la fe y la esperanza y porque me siguen demostrando que los héroes son de carne y hueso, que los héroes sienten dolor, temor, agotamiento, cansancio, frustración pero que aun así no pierden la esperanza y siguen levantándose cada día con la convicción de salvar una vida, una vida que puede ser la mía o la de alguno que está leyendo.