Por: Vólmar Pérez

Dice el canciller de Venezuela, Jorge Arreaza, que Colombia es el vecino más incómodo del mundo. Seguramente el joven Arreaza fue formado en la escuela que ha predominado en su país en el sentido de considerar que Colombia ha sido una carga para Venezuela, lo cual, desde luego, no es cierto históricamente, pero que el chavismo ha exacerbado por razones políticas para explotar los sentimientos nacionalistas de algunos sectores de su país; para ser justos, también lo han hecho gobiernos anteriores al actual régimen.

Ese imaginario ha existido en Venezuela desde que terminó la guerra de independencia y se creó La Gran Colombia a instancias del Libertador Simón Bolívar y ha continuado de generación en generación.

Todo comenzó con la leyenda de que la guerra de independencia la habían hecho los venezolanos. Cierto es que la mayor parte de la oficialidad del ejército libertador era de origen venezolano, pero no así el conjunto de la tropa. No es sino recordar que los integrantes del ejército que Bolívar logró conformar en 1813 para liberar a Venezuela provenían de los territorios ribereños del Rio Magdalena. Se olvida también que fueron los generales venezolanos Páez y Flores los que promovieron la separación de Venezuela y Ecuador, lo que precipitó la disolución de La Gran Colombia.

Se olvida que la antigua provincia de Maracaibo, donde está la riqueza petrolera de Venezuela, hizo parte del Virreinato de La Nueva Granada. En el vecino país han creído también que la costa oriental de la Guajira es de su jurisdicción porque en el tratado de 1833 se le cedía en forma inexplicable; tratado que afortunadamente no ratificó el Congreso de dicho país. Con el tratado de límites de 1941 no quedaron muy satisfechos porque, sin razón alguna, allá creen que tienen derecho a más territorio.

Luego se quedaron con el Archipiélago de Los Monjes, en 1952, que queda a 19 millas de la costa guajira. Y si se aplicara en forma rigurosa la Convención sobre el Derecho del Mar, se lo tendrían que devolver a Colombia. Y ni hablar de los esfuerzos por delimitar las aguas marinas y submarinas, que no ha sido posible a través del diálogo bilateral, y tampoco aceptan someterse a la jurisdicción de la Corte Internacional de justicia.

En Venezuela siempre nos han enrostrado la fuerte migración colombiana que comenzó en la década del 60 del siglo XX estimulado por la diferencia del peso, pero nuestros connacionales no recibieron ningún tipo de apoyo que regulara su situación o de seguridad social. En cambio Colombia acaba de expedir el Estatuto de Protección Temporal para su población migrante y, aunque se han presentado algunos episodios delincuenciales, se mantiene la solidaridad con los venezolanos en nuestro país. Ahora resulta que Colombia es la responsable de la presencia de grupos armados ilegales en la zona de frontera, y más adentro, cuando todo el mundo sabe   cuál es la realidad de ese fenómeno.

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Lamento el sensible fallecimiento del senador Eduardo Enríquez Maya, gran parlamentario y noble amigo, y del exministro de justicia Rómulo González Trujillo. Paz en sus tumbas.