Categorías: Opinión

Colombia violenta

Por: Aníbal Charry González

Decía el politólogo Steven Levitsky en una entrevista concedida a la revista Semana, sin tener mucho conocimiento de nuestro país, lo cual confiesa, que comparado con Argentina y Perú, Colombia tenía la paradoja de tener un Estado de derecho e instituciones democráticas  más sólidas y fuertes, pero al mismo tiempo con un Estado que no llegaba a todo nuestro territorio, pues gran parte del mismo ha caído en la violencia y es controlado por actores no estatales y violentos, que por supuesto como lo hemos visto de vieja data, sustituyen al mismo Estado, el cual es impotente para controlarlos creándose verdaderas repúblicas independientes del crimen y la violencia.

Y no le falta razón al escritor en cuanto a la falta de presencia del Estado en gran parte de nuestras regiones, donde el narcotráfico, la minería ilegal, los asesinatos de líderes sociales y masacres, maquilladas en este nefasto Gobierno como homicidios colectivos están a la orden del día, por cuenta de organizaciones criminales de todo pelaje; pero no cuando afirma que tenemos un Estado de derecho e instituciones democráticas sólidas, pues en la práctica solo tenemos elecciones contaminadas y un Estado de torcido cooptado en todas sus ramas del poder público por la corrupción y la politiquería, al punto que su independencia no deja de ser una quimera y un discurso para la tribuna.

Porque las cifras de violencia son elocuentes y han pasado por diferentes ciclos durante el transcurso de los años, convertida en el instrumento electoral de vigencia de la clase política que nos ha gobernado, que entienden que es necesario mantenerla con ese mezquino y vil propósito sin que sean atendidas las causas de esa violencia para seguir en ese círculo infernal que no se detiene, como lo estamos viendo ahora mismo en el Gobierno de Duque que presenta como gran realización el ataque sistemático a los acuerdos de la Habana que considera espurios con el estribillo de paz con legalidad, que no es más que un desconocimiento incitador de la violencia, que nos ha llevado a los más atroces crímenes de líderes sociales con más de 400 víctimas y el rancho ardiendo, como que solo en lo que va corrido del año han asesinado a 21 líderes y se han cometido 11 masacres, sin contar los más de 200 asesinatos de reinsertados de las Farc.

Ha sido tan alarmante la situación de aberrante violencia  sin que haya una respuesta efectiva del Estado, que el presidente del Senado de los Estados Unidos, y el Secretario General de la ONU, le han reclamado a Duque que tenga voluntad política para conjurar ese ciclón de violencia contra los líderes sociales, los reinsertados y la comunidad en general, que desgraciadamente no se verá, porque ha sido la constante histórica de los procesos de paz que hemos tenido, por aquello que bien sostiene el politólogo Levistky de que nuestro Estado no llega a todo nuestro territorio sumido en la violencia, por esa falta de voluntad política conveniente al establecimiento para mantener su siniestra vigencia.

 

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