Por: Toño Parra Segura

La columna de Toño

 

Entramos en la tercera semana de preparación para la Pascua, que es “paso” del Señor por la vida personal de cada hombre.

En la pedagogía tradicional de nuestra Iglesia las etapas tienen un orden lógico, volver siempre la mirada al personaje protagonista que es Jesús.

Se nos presentó en el desierto durante cuarenta días en austeridad, y oración únicos medios para vencer a Satanás; lo vimos el domingo pasado con los personajes claves de la Revelación y mostrando a sus discípulos escogidos una parte mínima externa de su calidad de Hijo de Dios, con el aval del Padre, pero indicándoles que el camino de la luz está precedido por el camino de la cruz en Jerusalén.

Hoy con una gran valentía de hombre seguro de su misión, entra al templo en la proximidad de la Pascua Judía, como era la costumbre y se encuentra con el triste espectáculo de un comercio de ventas en el sitio más sagrado para el pueblo y lugar de oración tradicional.

Observa y analiza esa actitud triste de sus paisanos y no resiste el ruido de monedas ni el alboroto de los animales en venta. Esas manos que acariciaban a los niños y daban la salud de los enfermos, ahora manejan el látigo de cuerdas para volcar las mesas, espantar los animales y arrojar del sitio a los profanadores de la casa de su Padre.  Eso se llama autoridad moral, solo, sereno, pero apoyado siempre en la palabra de Dios provoca una revuelta en el templo sagrado.

Consciente de que su Padre es celoso, que es el único Dios, que no admite idolatrías de ninguna clase, declara en desafío que su cuerpo que va a sacrificar a los pocos días vale más que el edificio físico restaurado en más de cuarenta y seis años.

Jesucristo en sus manifestaciones, revela que Él es la palabra de Dios y se ajusta a ella.

Los judíos se estaban acostumbrando a los ritos, mezclaron la fe en Dios con el comercio y les pareció fácil hacer de la casa de Dios, la “casa de la moneda”.

También para nosotros hoy, apenas se profana un templo material con robos o saqueos o muerte de los ministros, se apela a la excomunión que rara vez cae en los delincuentes, porque ellos no creen en nada. Apreciamos mucho lo externo de las ceremonias, pero olvidamos que “somos templos del Espíritu Santo y que Éste habita en nosotros” Cada persona es más preciosa a los ojos de Dios que las mejores catedrales y basílicas del mundo que terminan en centros de turismo en su mayoría.

Dos enseñanzas claras: somos el Cuerpo del resucitado que anda por el mundo como lo afirma Pablo, y merece respeto más que los templos materiales y el comercio no debe mezclarse con la fe que profesamos.

Hubo al principio en nuestro Continente venta de esclavos, hijos de Dios, hoy hay prostitución de la mujer cuando el hombre la compra por un rato, pero hay prostitución y profanación de los pobres cuando no se les paga lo justo, se les explota como una mercancía barata. Y aún más para hacer y cumplir la misión de Iglesia de Cristo comercializamos la fe, con toda clase de ventas en el lenguaje ordinario.

No sólo venta de aceites, camándulas y libros sino de sacramentos en el lenguaje de la gente: “Padrecito, ¿cuánto vale una Misa? ¿Por cuánto me bautiza el niño? ¿Qué vale un entierro?”. Son preguntas comunes que ojalá se terminaran en el lenguaje cristiano; eso huele a simonía, lo que el Señor detesta. Ojalá que nuestros recursos sean las personas y con ellas llegará todo lo demás.

LES DESEO A TODAS LA MUJERES UNA BENDICIÓN ESPECIAL EN SU DÍA.