Nos encontramos frente a una realidad bastante desconsoladora, pues, el coronavirus nos sigue dejando su legado, no sólo en una tasa alta de mortalidad, si no, de una gran crisis económica en nuestro país, basta ver el crecimiento del indicie de pobreza extrema al 14.3% y la tasa de desempleo del 13,3%, a noviembre del 2020, el pronóstico de reactivación proyectado por actividades comerciales de fin de año se desvanece, con el rebrote del virus. Esto se refleja en el territorio nacional, con el cierre de muchas empresas, despidos, recortes en inversiones, disminución en la capacidad de compra, así las necesidades impactan de manera transversal a la ciudadanía, con el incremento en la inseguridad y la desconfianza en las instituciones públicas y privadas.

Mientras el Estado define políticas públicas eficaces para llegar a los territorios con soluciones objetivas, ¿qué va pasar con la gente?, porque el hambre es una necesidad natural que exige soluciones inmediatas y concretas.

Frente a la economía del rebusque, las personas en su afán de supervivencia, salen en medio de toda restricción a buscar lo del día a día, es ahí donde hacen colisión los protocolos de bioseguridad con las necesidades reales de subsistencia. Así, no debe tildarse esa aparente indisciplina sindicando y sancionando como irresponsable a quien por necesidad aborda la calle.

En ese sentido, se requieren propuestas de alivio para el sector productivo, tales como: aprovechar el campo, reactivándolo e incluyéndolo en programas de desarrollo económico, incrementando la tecnificación, dando capacidad financiera con intereses favorables y con prospectiva hacia las exportaciones, retomar los artículos 6º y 7º del Decreto 678 del 2020 para dar beneficios a deudores y contribuyentes de tributos pendientes de pago, haciendo descuentos en el capital, sin cobro de intereses ni sanciones, congelar el PREDIAL 2021, dando posibilidad de pago en cuotas, sin intereses, incluyendo predios de uso comercial. Reprogramar calendario tributario, congelar y financiar por cuotas sin intereses los servicios públicos, realizar la priorización de proyectos de inversión y redistribuir recursos de aquellos que no apunten a generación de empleo y reactivación socioeconómica, diseñar estrategias de financiamiento y crédito que generen liquidez a las MIPYMES.

La realidad reboza toda expectativa de reactivación económica, siendo urgente presentar estrategias de alivios, especialmente para el sector productivo y se evite una nueva y adicional crisis económica de inconmensurables proporciones.