Es muy preocupante la posición de muchas personas que desconocen los peligros mortales que presenta la pandemia del Covid, que tiene en jaque al sistema sanitario de Colombia. Muchas son irresponsables, en echarle culpas al gobierno nacional porque se siente incapaz para atender el creciente flujo de pacientes que diariamente acuden a los centros hospitalarios en búsqueda desesperada de una atención médica adecuada, que les permita salir de esta crisis de salud, que los tiene al borde la muerte. Nunca aceptan, que su irresponsabilidad en su comportamiento ciudadano ha sido el factor detonante de esta crisis. No han atendido estrictamente los masivos mensajes que emiten las autoridades gubernamentales para prevenir el contagio de este virus mortal.

En muchas ocasiones, se burlan y evaden los protocolos de bioseguridad. Se creen que son dueños de la verdad absoluta. La mayoría de las veces cuando participan en actividades que conducen a las aglomeraciones, inclusive, salen a las calles sin las mínimas protecciones, como son el uso adecuado del tapabocas, no respetan el lavado frecuente de las manos con jabón y muchos menos, no mantienen el distanciamiento físico, que se convierten entre otros, los métodos más eficaces para evitar ser contagiado por este mortal virus. La ignorancia es atrevida y muy costosa.

Y las consecuencias las tenemos a la vista. No existe disponibilidad en muchos centros hospitalarios de camas UCI, ni se tiene la suficiente dotación de insumos médicos, agravando con ellos, la crisis de la salud en el país. A pesar de que muchos gobernadores y alcaldes, han contribuido al fortalecimiento de la infraestructura hospitalaria y del personal médico, las crecientes cifras emitidas diariamente por el Ministerio de Salud y la Secretaría Departamental de Salud, sobre los casos confirmados y los fallecimientos, han desbordado la capacidad de respuesta de estas instituciones de salud.

Todos conocemos que el Covid no respeta a la población que no cumplen con su autocuidado. La indisciplina encuentra los ambientes propicios para ampliar su accionar destructor en las familias. Cuando no se respetan los protocolos de bioseguridad y se hacen caso omiso a los gritos desesperados del personal de la salud que exigen una mayor responsabilidad en el comportamiento ciudadano, tenemos como resultado esta gran tragedia que estamos viviendo.

Ahora la sociedad huilense, deberá esperar en las próximas dos semanas, la factura que nos va a pasar el Covid, por la creciente indisciplina social, que reinó durante el desarrollo de las festividades del San Pedro y con la apertura de todas las actividades económicas. Lo real y que merece atención es que la pandemia está aún distante de poderse controlar, y en ese sentido es probable que territorios como el nuestro, con desescaladas tanto en casos como en muertes, puedan deslizarse hacia los rebrotes o cuartas olas en un tiempo cercano, por lo que las medidas de bioseguridad y el control para su cumplimiento, antes que aliviarse, deben reforzarse.