Diario del Huila

Con gran responsabilidad y amor

Feb 12, 2022

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 DIARIO DEL HUILA, REFLEXIONES

Por Mons. Libardo Ramírez Gómez

En mi posición de Pastor y guía en la fe, aún en el crepúsculo de mi vivir, siento, como Jesucristo mismo, que amó hasta las lágrimas la nación en la que había nacido.

Avanza este 2022, con situación para muchos entusiasmadora, pero con días de perezosos momentos para otros, para todos ante realidad que se ha de asumir con gran amor y responsabilidad. Es el momento de elegir quienes gobiernen en adelante y den las convenientes leyes para la Patria. Es momento de ubicarnos ante esta madre que reclama nuestra filial respuesta y decidido esfuerzo para mantener en ella tantos bienes atesorados en el pasado, y ofrecerle todo cuanto lleve a un futuro mejor.

En mi posición de Pastor y guía en la fe, aún en el crepúsculo de mi vivir, siento, como Jesucristo mismo, que amó hasta las lágrimas la nación en la que había nacido.  Es algo a lo que no le podemos dar la espalda, pues siempre habrá bienes qué defender y nuevas situaciones que reclaman decidido esfuerzo de superación.

Mirando hacia los bienes cultivados en el pasado, que es preciso defender, está, en primer término, la fe de un pueblo, que felizmente ha “comprendido las palabras del que murió en la Cruz”, y agradece tener, en medio de grandes dificultades y encontradas soluciones, una iluminadora respuesta de JESÚS, como lo han expresado grandes pensadores aún profanos. En medio de las dificultades e injusticias, nuestra Nación, como tantos pueblos de la tierra, ha encontrado respuesta en el divino mensaje del Crucificado, y ha dado la espalda a halagadoras voces de quienes engañosamente señalan, como el comunismo con bases marxistas, que “la religión es el opio del pueblo”, y buscan, con gran desprendimiento personal, unidad que ataje aquellos falsos cantos de sirena.

Son tantas las conquistas en lo social y cultural, que con amor y responsabilidad debemos defender sin medir sacrificios, escogiendo, al votar, con miradas superiores y no por simpatías meramente personales o partidistas. Debemos votar por personas con definido pensamiento en lo económico y social, con lealtad y manifiesto testimonio a esos conocimientos, con honradez y limpio pasado de la vergonzosa pandemia de la corrupción que tanto ha agotado a los países de la tierra, y rechazo de toda violencia.

Es un deber elegir ciudadanos (as), pulcros en su hablar y actuar, que sea testimonio definido en su pensamiento y obras en cuanto a auténtica familia, base de la sociedad. Además, ya elegidos, reconocer y respaldar sus buenas actuaciones, sin sectarios desconocimientos que sean obstáculo a la transformación necesaria. Es noble y constructivo, a pesar de sus fallas humanas, reconocer grandes aportes como los de Bolívar y Santander, de José Hilario López y Ospina Rodríguez, Rafael Núñez y Miguel Antonio Caro, de Uribe Uribe y Rafael Reyes, de López Pumarejo y Ospina Pérez, de Alberto Lleras y Laureano Gómez, de López Michelsen y Misael Pastrana, de Juan Manuel Santos y Álvaro Uribe. Lo cortés no quita lo valiente, y ciegos desconocimientos son signo de pequeñez de espíritu.

Los deberes no se renuncian ni se esquivan. Hay que cumplirlos debidamente con la madre Patria, con el voto reflexivo en elección de los mejores y de posibles soluciones, con gran amor y responsabilidad. Colombia lo necesita. No votar es dejar paso abierto al hundimiento de la Nación.

Autor: WebMasterDH

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