Por: Anybal Charry González

Con la reiterada negativa del Congreso de la República a legislar para regular la eutanasia en nuestro país como ya se ha hecho en otras latitudes y se lo ha exigido la Corte Constitucional en varias oportunidades,  están demostrando no solo el incumplimiento de sus obligaciones constitucionales, sino total desprecio por quienes dicen representar sobre todo por razones de dignidad humana, que es precisamente de lo que se trata en este delicado tema que ya debería estar resuelto para los enfermos terminales que no tienen ya ninguna expectativa de vida con calidad como derecho inalienable de la persona humana.

Y es que precisamente el inútil y contaminado congreso que tenemos sigue rehuyendo esta clase de asuntos ignorando de mala fe el contenido de nuestra Constitución de libertades y de la dignidad humana como eje de su aplicación en el Estado laico,  anteponiendo convicciones y consideraciones inmateriales del fanatismo religioso por conveniencias electorales respecto al derecho a la vida,  que consideran se debe mantener aun en circunstancias en que ya no es posible disfrutarlo como corresponde a todo ser humano,  so capa de que el único que debe disponer de la vida es Dios así sea en situaciones de tormento incompatibles con esa inalienable dignidad que hace parte por supuesto al derecho de vivir y de morir.

Porque está claro, lo cual ignora este congreso inane e indolente que solo representa sus intereses politiqueros como lo vemos cotidianamente, que lo único que deben considerar para legislar en temas como el de la eutanasia es que la persona humana es inviolable y en cualquier circunstancia tiene derecho al reconocimiento y respeto de su dignidad como lo consagró la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y además libre para el ejercicio de sus derechos como lo tiene un paciente terminal para morir con la dignidad con que ha vivido sin que haya interferencias metafísicas o sobrenaturales como  expresión de ese derecho que no puede ser soslayado con la prolongación a toda costa de la vida biológica que ya no es vida por las condiciones indignas de una enfermedad o padecimiento irreversible,  porque se carece precisamente de la indispensable calidad de vivir inherente a la condición humana.

Si el Legislativo no entiende estas elementales consideraciones de estirpe constitucional en materia de derechos humanos para cumplir con sus funciones no merecen estar en el congreso,  y le corresponde al constituyente primario en las próximas elecciones renovarlo completamente por quienes verdaderamente representen esa legítima aspiración humana,  para que se ponga al servicio de los derechos humanos y la protección de las libertades y la dignidad como esencia de la vida y también de la muerte, para que no sea la Corte Constitucional la que tenga que suplir como lo viene haciendo en determinados temas, ante la incapacidad de un congreso timorato e insensible que por temor a verdades eternas aniquile con abstracciones la dignidad humana,  que como se ha dicho hace parte del derecho a morir  como expresión de libertad cuando la vida no se puede sostener con calidad y dignidad.