Continúan los escenarios de terror que se están presentando en algunas regiones del país, por la ola incesante de masacres que han enlutado a centenares de familias durante los últimos años. En medio de la más profunda crisis social y económica que está atravesando la sociedad colombiana por la irrupción de la pandemia de la Covid-19, han vuelto a presentarse los asesinatos colectivos en algunos departamentos del país. De acuerdo con las autoridades de policía del Valle, el hecho ocurrió a las 2 de la madrugada de este domingo, en la finca San Jacobo, a 30 minutos de este municipio, en el centro de este departamento.

El predio está ubicado en zona de la vereda Cerro Rico, que corresponde al corregimiento Chambimbal, a unos 10 minutos de una factoría, en la orilla de una variante.

Fueron masacrados salvajemente, cuatro jóvenes con edades que oscilan entre los 17 y 18 años. La sociedad colombiana repudia estos hechos violentos donde fueron heridos tres personas más.

Es la sexta masacre que ocurre en Colombia, durante la presente vigencia. En medio de la creciente pandemia de la Covid-19 que están afrontando algunos territorios del país, se siguen presentando las masacres a inermes campesinos, que viven en zonas rurales, donde se encuentran permeados por los masivos cultivos de sustancias ilícitas y por el desarrollo de la minería ilegal. La presencia de grupos narcoterroristas y de los carteles de la droga
mexicanos, están generando una alteración del orden público, donde las víctimas son inocentes familias que se dedican a los cultivos tradicionales y que son obligados para que ejerzan estas actividades delictivas.

Resulta francamente imposible comprender las verdaderas dimensiones de semejante noticias reiterativas con semejantes cifras: cientos de colombianos asesinados por cientos de colombianos, en medio de una guerra que sigue empobreciendo y enrareciendo todo a su paso. Cada matanza de estas, son demostraciones de cierta clase de poder que es violencia y nada más, es una constatación de la degradación que se vive en las regiones asoladas por los traficantes de drogas y otras organizaciones criminales, que buscan tener dominios territoriales para sus operaciones
criminales.

Urge entender el fenómeno en toda su complejidad para así tener luces suficientes que permitan actuar con eficacia sobre sus raíces. Es urgente estructurar una estrategia que debe guiar el accionar gubernamental para contrarrestar este avance criminal que parece no detenerse. Hay que repetir, cuantas veces sea necesario, la tragedia que representa para esta sociedad que, no obstante, el rechazo expresado de mil maneras desde todos los sectores y las acciones emprendidas por las autoridades, continúe la macabra racha de masacres.