DIARIO DEL HUILA, INTERNACIONAL

Las denuncias de ciudadanos colombianos sobre abusos de autoridad en México han venido aumentando en los últimos días. El más grande y reciente caso fue el de 24 nacionales que, a su llegada al país norteamericano, fueron detenidos en el Aeropuerto Benito Juárez bajo el argumento “del derecho soberano que tienen todos los países”. Con la llegada de este nuevo caso, varias personas han salido a comentar, en medios de comunicación colombianos, las malas experiencias que han vivido a mano de las autoridades migratorias mexicanas.

Andrés Leonardo Daza, un colombiano de 25 años, aseguró, en una entrevista para el periódico El Tiempo, que viajó a México para visitar a su novia, en octubre de 2019. Al llegar al Aeropuerto Benito Juárez, terminal aéreo que vuelve a estar en polémica por la detención de los 24 colombianos, el joven, profesional en Cultura Física, Recreación y Deportes, fue interceptado por dos mujeres, trabajadoras de migración.

El santandereano se vio obligado a entregarles su pasaporte, documento que las mujeres revisaron minuciosamente para luego sacarlo de la fila y apartarlo de los demás viajeros. Según Andrés Leonardo, sus papeles estaban en regla, y no había motivos para ser apartado, sin embargo, aseguró que accedió a irse con las mujeres que lo requerían. Asumió que se trataba de un proceso regular con el que tenía que colaborar.

El joven fue llevado a una sala, donde se encontraban otras ocho personas. Allí, se le prohibió usar el celular, se le ordenó diligenciar un formulario. Leonardo tenía que esperar en aquella sala mientras lo llamaban para ser interrogado.

Andrés Leonardo recibió el llamado de uno de los funcionarios de migración, quien empezó a hacer varias preguntas de su vida personal y de sus razones para estar en México, a lo que Leonardo respondió sin objeciones. El joven le relató a El Tiempo que no había razones justificadas para que el fuera interrogado por cerca de 20 minutos por las autoridades, y que tampoco encontró razones para que el funcionario revisara su celular.

A pesar de que Andrés consideró que había salido bien librado de allí, el funcionario decidió negarle la entrada a México porque, según él, el colombiano no cumplía con los requisitos necesarios. Desde este punto de la historia, cuenta Andrés al periódico colombiano, la situación se puso violenta e inhumana.

El joven santandereano fue llevado, a empujones, a una sala en donde había otros colombianos. A todos les habían quitado sus pertenencias, estaban incomunicados. Al poco tiempo de llegar allí, las autoridades dividieron entre hombres y mujeres a quienes tenían detenidos: Andrés incluido.

“Era un cuarto oscuro, sin ventanas, cuatro o cinco colchonetas en el piso y cajas de comida regadas. Además, había un polvo blanco extraño esparcido por todo el piso. No sé qué era. Estábamos en unas condiciones deplorables”, manifestó Leonardo al describir el lugar en el que estuvo por varias horas.

Luego de cuatro horas, cuenta el joven, una mujer llegó a sacarlos de aquella sala a los gritos y, al final, nunca pudo entrar a México, incluso, el Instituto Nacional de Migración de México le entregó una carta en la que estipuló que no estaba acreditado para viajar al país.

Para una entrevista, José Gabriel Ortiz, exembajador colombiano en México, aseguró que el equipo de migración del aeropuerto mexicano se le había salido de las manos a la embajada, “todos los países son autónomos en recibir y autorizar la llegada de personas extranjeras a su territorio. Si México no quiere recibir o tiene dudas frente a ciertos colombianos los pueden devolver, pero los están mandando a un calabozo totalmente sellado sin ninguna ventilación, sin baño, a las mujeres no les permiten cerrar las puertas del baño y el vigilante muchas veces hombre se queda mirándolas”.

Una situación parecida le contó a El Tiempo Jean Diogo Martínez, un músico originario de Caldas, quien viajó a México el 13 de noviembre de 2019.

“La espera duró cuatro horas, durante las cuales vi diferentes maltratos hacia viajeros que ahí se encontraban. Tuve que presenciar cómo a una pareja de colombianos que iban con una niña con epilepsia no le permitieron comer y, a pesar de sus súplicas, las agentes de migración les decían a los padres que para qué habían viajado a México, que en ese país no necesitaban personas así”, relató Jean Diogo, que además aseguró que las colchonetas que le dieron las autoridades estaban sucias y que, además de polvo, tenían vómito.

Dos mujeres colombianas que también buscaban entrar a México le narraron a ese medio nacional que vivieron experiencias violentas, incluso, aseguraron sentirse acosadas y vulneradas.

Ángela González Díaz, una administradora financiera de 39 años, viajó a México en 2020. La mujer aseguró que estuvo detenida durante dos horas, y que su equipaje le fue entregado en circunstancias deplorables, además de que no recibió alimentos o agua.

“Mi equipaje estaba totalmente desordenado, a la maleta le rompieron las manijas con sus chapas de seguridad. Revisaron mi celular, mi billetera, tarjetas de crédito. Me sentí vulnerable, acosada y a la merced de la voluntad de esta gente, que realmente me trataron como si fuera delincuente (…) desafortunadamente, no conocía los mecanismos de denuncia o el conducto regular que debe seguirse en esas situaciones”, relató.

Otra mujer, que decidió cambiar su nombre en la historia por su seguridad, aseguró que viajó a México en tres ocasiones, durante 2019. Ivana, cómo se hizo llamar, fue interrogada por sus labores, los agentes de migración fueron insistentes en preguntarle que si ella ejercía como prostituta.

Al igual que los otros testimonios otorgados por El Tiempo, la mujer aseguró que estuvo detenida por cuatro horas, y que le solicitaron tener pruebas de la forma en la que conseguía su dinero. Finalmente logró entrar a México luego de que las autoridades no encontraran irregularidades en ella.

En un segundo viaje, la mujer estuvo encerrada por cinco horas, y logró entrar a México con la ayuda de su esposo, un mexicano que habló con las autoridades y les explicó que ella iba a verlo.

La tercera vez, Ivana aseguró que fue extorsionada, y entregó 100 dólares para poder entrar al país y, aun así, no la dejaron. Un funcionario le dijo que a la próxima tendría que pagar 1.200 dólares.

De acuerdo con la canciller colombiana, Claudia Blum, “el gobierno mexicano se comprometió a evaluar la situación”, luego de que ella misma enviara una carta pidiendo explicaciones frente al maltrato en contra de los colombianos.