DIARIO DEL HUILA, CIUDAD

Por: Hernán Galindo

En el marco del Día Mundial contra el Trabajo Infantil, que se conmemora este sábado 12 de junio bajo la premisa ¡Actuar ahora: poner fin al trabajo infantil!, el Observatorio Laboral de la Universidad del Rosario y Alianza EFI publicó el informe “Poner fin a las peores formas de trabajo infantil bajo el contexto del COVID-19”, que analiza los principales desafíos de la estrategia de reducción de la tasa de trabajo infantil en Colombia.

El informe indica que la tasa de trabajo infantil para el trimestre octubre-diciembre de 2020 ascendió al 4,9%, lo que representa 523 mil trabajadores entre 5 y 17 años de edad. De estos menores, 242 mil estaban ubicados en centros poblados, mientras los 281 mil restantes en rural disperso.

En Neiva, aunque no hay cifras ni estudios recientes, es claro que la pandemia causada por el Coronavirus y sus consecuencias en la emergencia económica y social de Colombia terminaron por impulsar el trabajo infantil en la ciudad.

Lo que se ve en las calles de la ciudad es preocupante en materia de niños laborando para sostenerse o ayudar a sus familias.

Flagelo infantil

El tema se puso sobre el tapete y fue abordado por Diario del Huila al conmemorarse este 12 de junio el Día Mundial contra el Trabajo Infantil. Se creó con el objetivo de generar conciencia sobre la magnitud del daño a los menores y sumar esfuerzos para erradicarlo de las zonas urbana y rural.

Y es que anteriores mediciones daban cuenta de que, en razón de cifras de población infantil vinculada a actividades laborales, la capital huilense era una de las ciudades con los mayores índices de este flagelo en Colombia.

Y la problemática puede mantenerse o extenderse teniendo en cuenta que Neiva es una de las ciudades con mayores índices de desempleo, incrementado por la pandemia, casi hasta el 20 por ciento.

“Muchos debieron salir a remplazar en las calles a sus padres mayores o han debido ayudar a sostener la economía familiar de cualquier manera”, comenta la socióloga de familia de la Universidad Antonio Nariño, Cecilia Serrato.

Las principales razones por la que los niños se ven en la necesidad de laborar son la de participar en la actividad económica de la familia; les gusta trabajar para tener su propio dinero; debe ayudar con los gastos de la casa; debe ayudar a costearse el estudio; o son obligados por mayores, señala.

“En mi casa hay mucha necesidad. Mi mamá está sola y tengo hermanitos pequeños, entonces yo salgo por las tardes, después del colegio a vender empanadas en los talleres de carros”, cuenta Mildred Perdomo, cargando un canasto con el que casi no puede.

¿Y la plata que recoge?, le preguntamos. “Pues para la casa, para mi mamá. Ella se queda con una parte para gastos y la otra es para el plante de nuevas empanadas”, responde con una risa tímida, en un cuerpo menudo.

Otros deambulan por las calles para evitar ser detectados por la policía de infancia y adolescencia.

Sitios de trabajo

La Policía Nacional de Infancia y Adolescencia tiene identificados los sitios donde más hay niños, niñas y adolescentes ejerciendo cualquier tipo de actividad económica: los semáforos de la carrera séptima con avenida La Toma; junto a Bienestar Familiar, qué curioso; en la esquina de los centros comerciales San Pedro y San Juan.

“Se hacen a vender dulces o artículos que están de moda. También a limpiar vidrios o a hacer cualquier cosa a cambio de la moneda”, manifiesta con pesar Liliana Falla, detrás del timón de un carro de gama alta.

También se les encuentra en las centrales de abastos de Surabastos y Mercaneiva, las plazas como el mercado campesino de Calixto Leyva, la Plaza Cívica, el Parque Santander y afuera de las iglesias.  Y en las comunas más vulnerables, como la Seis, Ocho, Nueve y Diez.

“Son niños que en muchos casos están con sus padres, que no ven en el trabajo infantil ninguna falla ni delito. Lo tienen como una costumbre familiar, es cultural. Que el niño ayude en las cosas de la casa”, trata de explicar Rosario López, de una bodega en Surabastos, justo al lado de una venta callejera de piña, con la atención de papá e hijo.

Las ventas ambulantes es uno de los principales oficios que tienen los infantes. De toda clase de productos, especialmente comestibles, como pasteles, helados, mazorcas, lotería, flores, juguetes.

“Los helados los hace mi mamá y yo los vendo por la tarde. Por ahí hasta las seis. Claro que me da ganas de comerme uno, pero no puedo porque se va la ganancia. A veces, si sobran, me dan uno”, dice, con tranquilidad, Milton Serna, con un termo terciado al hombro, junto a la gobernación.

“También se debe atender que cuando se habla de trabajo infantil hay escenarios que no se reportan como el de quienes se dedican durante 10 horas y más a oficios del hogar, como lavar, planchar, cocinar o ver por los hermanitos menores”, señala Milena Oliveros, maestra, que se queja de que esa sea una razón de la deserción escolar.

Y no hay que olvidar los pequeños que se ocupan de actividades agropecuarias como la ganadería, el agro y los que ayudan en la recolección de cosechas o en las siembras.

Un informe nacional de Icbf estima que “el 10% realiza actividades de reciclaje, el 32% vende una variedad de productos como arepas, limones, empanadas, entre otros, el 7% realiza acompañamiento a sus cuidadores y/o padres de familia en ventas callejeras y un 11% presenta alta permanencia en calle”.

Soluciones

El primer paso es entender que los espacios de los niños no son las calles ni los lugares de trabajo, sino los colegios, los parques y sus hogares que deberían ser los principales protectores, dice Sergio Medina, un abogado jubilado, sentado en una banca del Parque Santander, mientras indica a dos niños: ella que vende tintos y él, que lustra zapatos.

Y es que el trabajo infantil es una vulneración que impide garantizar a los niños, las niñas y los adolescentes su pleno y armonioso desarrollo para que crezcan en el seno de la familia y de la comunidad, en un ambiente de felicidad, amor y comprensión, como se establece en la Ley 1098 de 2006. Pero no se cumple.

El municipio, en distintas oportunidades, ha emprendido acciones en diferentes puntos de la ciudad para generar conciencia sobre la importancia de prevenir la explotación laboral en infantes.

“Se ha advertido de los riesgos a los que está expuesta la infancia neivana por causa de dichas formas de trabajo infantil, agravadas por factores como el desplazamiento y la migración”, dice el veedor ciudadano, Felipe Palomino.

En un rápido sonde en la calle sobre cuáles acciones se deben emprender, que no se agoten en un día, sino que permanezcan cada día como un ejercicio permanente que trabaje hacia la meta de erradicar de manera definitiva el trabajo infantil, los entrevistados respondieron:

Reducción drástica de la pobreza; acceso fácil y gratos a una educación de calidad; dar empleo de calidad, bien remunerado y permanente a los adultos responsables de los niños y de las niñas; y acabar con las normas sociales que legitiman el trabajo infantil.

Como trabajar no es tarea de niños, si usted o algún familiar conocen sobre casos de trabajo infantil u otras formas de vulneración de sus derechos, ¡denuncien, no se quede callado por nuestro futuro!