(Parte II)

Terminamos el examen y de revisar las imágenes, una tomografía que mostraba que estaba comprometida toda la mandíbula del lado derecho desde la articulación temporo-mandibular, por lo que se requería una prótesis especial y además de realizar una reconstrucción, con algo que llamamos “colgajo libre”, que es sacar un fragmento del hueso peroné de la pierna y llevarlo a la cara para poder reemplazar la mandíbula. Esto se hace con microcirugía, requiere de cirujanos expertos en el área y es una cirugía que puede durar alrededor de 10 a 12 horas. Realicé las órdenes para los exámenes prequirúrgicos y para la cirugía y dejé claro que se necesitaba prioritaria la autorización.

Tres meses después aún no habían autorizado, insistimos pero su “magnífica EPS” jamás autorizó la prótesis (esta costaba alrededor de 8000 dólares), cartas iban y venían con múltiples excusas y nunca se logró obtenerla.

Después de 4 meses regresó a mi consulta, decido hospitalizarlo para así poder presionar a su entidad prestadora de salud y conseguir la prótesis, el tumor había crecido mucho más y las condiciones del paciente se habían deteriorado por su dificultad para comer. Esta vez en la consulta descubro un nuevo síntoma que me preocupó mucho, tenía tos seca frecuente y de mayor predominio en la noche. Solicité nuevos exámenes, nuevas tomografías de cara, cuello y tórax con la sospecha de que ya había metástasis de la enfermedad. Esta se confirmó en el examen del tórax, donde había múltiples metástasis en ambos pulmones. Este hallazgo me devastó, y me llenó de ira y rabia por la indolencia del sistema de salud, una vida de un paciente de 18 años había costado 8000 dólares, lo que costaba la prótesis que nunca fue autorizada. Le informé al paciente y a su familiar que la cirugía ya no era posible, que solicitaríamos valoración por cuidados paliativos y por oncología para definir si era candidato a quimioterapia de carácter paliativo. La evolución en los días posteriores fue en picada con deterioro general y falleciendo, pienso que se rindió después de tanto esperar sin obtener ninguna ayuda, fuimos espectadores de una muerte y, siendo más específicos, de un asesinato causado por el sistema de salud.

En este caso hubo muchos errores y desaciertos, se realizó un diagnóstico tardío, quizás por el desconocimiento de estas enfermedades por parte del personal médico (no son tan frecuentes en su presentación y mucho menos en jóvenes), por lo cual no se hizo una biopsia de forma temprana y, además el acceso al servicio de salud en personas que viven en el área rural es mucho más complejo. A esto se suma que yo soy el único cirujano de cabeza y cuello del sur del país, por lo que también pueden tener una consulta tardía.

A veces la perfección es enemiga de lo necesario, pude haber realizado una cirugía sin reconstrucción, pero la deformidad hubiera sido muy grande. Sin embargo, esto hubiera salvado la vida del paciente. A veces buscamos la culpa dentro de nosotros y en nuestro accionar como médicos, pero aquí no hubo culpa, siempre busqué lo mejor para el paciente, pero aprendí que hay decisiones de vida que tienen que jugarse sin importar que los resultados sean duros. Muchas veces recuerdo su mirada, su gran humildad y la capacidad de tolerar que tuvo este paciente, su muerte fue dolorosa, triste e injusta.