martes, 20 de noviembre de 2018
Regional/ Creado el: 2018-02-22 06:04 - Última actualización: 2018-02-22 11:41

Crónica: No es Armero, es Campoalegre, un año después de la tragedia

Hoy se cumplen 365 días de la avalancha provocada por el río Frío en el municipio arrocero del Huila. Centenares de familias que lo perdieron todo, aún siguen esperando las ayudas que les prometió el gobierno nacional y departamental. DIARIO DEL HUILA, recorrió la zona devastada.

Fotos tomadas por DIARIO DEL HUILA

Escrito por: Julio Diaz Sánchez | febrero 22 de 2018

Comenzaba un nuevo día, el calendario indicaba miércoles 22 de febrero del 2017, el reloj todavía no marcaba las seis de la mañana, el cielo estaba encapotado con amenaza de lluvia, pero nadie se imaginaba que sus vidas les fuera a cambiar en cuestión de minutos, todo por cuenta de la naturaleza.

Eran las 6: 15 a.m., el río Frío comenzó a rugir como un animal gigante y feroz, tampoco era un simple trueno, bastaron solo algunos segundos cuando de repente gritos y llantos empezaron a apoderarse de muchos campoalegrunos, al ver al manso río Frío, que con su furia traía piedras, lodo y palos.




La gente perdió el control, muchos corrían despavoridos para arriba y para abajo, otros evacuaban sus viviendas, lograron salvar sus vidas, pero inundados de la tristeza observaban como aquella avalancha del pequeño afluente, arrasaba casas y destruía todo lo que encontraba a su paso.

Compungidos de la nostalgia, centenares de campoalegrunos, veían como la fuerza de la naturaleza les había acabado en un ‘abrir y cerrar de ojos’, todo lo que habían conseguido en muchos años de trabajo y sacrificio, quedando literalmente en la calle.

Tan pronto pasó la tempestad, empezaron a llegar carros de Bomberos, Defensa Civil, Cruz Roja y las ambulancias que con sus sirenas escandalosas, ayudaban a evacuar personas lesionadas, mientras que los organismos de socorro buscaban si había víctimas atrapadas en el lodo.




Desespero

Pero el miedo no se apoderó solamente de los damnificados, los habitantes que por fortuna no fueron alcanzados por la avalancha, salían de sus casas desesperados buscando refugio, porque en medio de la confusión y la zozobra, hasta se llegaron a imaginar que se había repetido la tragedia de Armero, Tolima.

El desespero fue tan aterrador, que seguramente hasta los ateos o los que nunca pisan las gradas de una iglesia, se echaban la bendición, se acordaron de Dios, rezaban el padre nuestro y unos cuantos, ave maría, porque la angustia y la tembladera, no les permitía en si lo que estaba ocurriendo en el pueblo.

Dos horas después de la tragedia, Campoalegre ya era escenario de las autoridades nacionales y sin duda alguna, noticia, no solo de los medios regionales, sino también de la prensa nacional que poco a poco comenzaban a informar lo que había dejado la furia del río Frío.

Como buenos colombianos, centenares de afectados, algunos entre familiares y vecinos, con palas y manilas, trataban de recuperar lo poco que había dejado la avalancha, otros con las manos cruzadas solo veían el vacío de aquel lugar donde moraban.




Falsas promesas

La ráfaga de promesas de los gobernantes con los damnificados de aquel desastre, no podían faltar. El alcalde, el gobernador, secretarios, Gestión de Riesgo y hasta la Ministra de Vivienda, de la época, prometieron esta vida y la otra a favor de los afectados, anuncios que en su mayoría quedaron plasmados en papel.

Un año después de aquel fatídico 22 de febrero del 2017, inolvidable para los campoalegrunos, el equipo periodístico del DIARIO DEL HUILA, se desplazó hacia esta población, donde se logró recopilar evidencias de la catástrofe y el relato de los damnificados.

Cuadras completas y casas desoladas, quedaron en el recuerdo de los pobladores y para colmo de males, algunas familias debieron refugiarse de nuevo en medio de las ruinas, porque las promesas de los gobernantes solo fueron un despiste como suele suceder.



Mauricio Salazar, es uno de esos tantos damnificados que quedaron en la calle; con su voz acongojada y decepcionado de las falsas promesas, relató que su única incertidumbre es haber seguido viviendo en cuatro paredes deterioradas, cubiertas de maleza y aún marcadas con el barro de aquella avalancha.

La misma suerte la enfrenta Ana Elisa Bahamón; ella es una de esas mujeres veteranas de falda larga clásica y de ‘chanclas’, quien también tuvo el valor de narrarle a este medio de comunicación, las necesidades que la obligaron a vivir en medio de cuatro paredes destartaladas, porque la fuerza del manso río Frío, la dejó con la manos cruzadas.

Pese al embeleco de los gobernantes, Ana Elisa, Mauricio, Francisco y muchos más damnificados, expresan en medio de la desolación, que tarde o temprano como dice la canción del español Camilo Sesto, el sueño de tener una nueva casa algún día se les haga realidad.











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