martes, 11 de diciembre de 2018
Primer Plano/ Creado el: 2018-10-15 10:15 - Última actualización: 2018-10-15 07:28

Cronología de una historia con capítulos de corrupción, religión y muerte

Al que hizo pública esta irregularidad lo mataron para callarlo según dice la Fiscalía. Aquí les contamos cómo empezó este triste episodio de la vida en el municipio de Pitalito.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | octubre 15 de 2018

Por Leo Medina Jiménez
Especial para Diario del Huila

Una millonaria estafa cuyas víctimas fueron los miembros de una comunidad evangélica, que perdieron sus ahorros. Al que hizo pública esta irregularidad lo mataron para callarlo. Aquí les contamos cómo empezó este triste episodio de la vida de Pitalito, Huila.

La historia que terminó en la infausta muerte del abogado Luis Gerardo Ochoa Sánchez en Pitalito, Huila, empezó en medio de una congregación denominada Iglesia La Voz De Dios Cruzada Cristiana.

Entre sermones, en el 2012, su entonces pastor Édgar Núñez Guzmán, quien se desempeñó como Secretario de Planeación de Pitalito, le transmitió a la feligresía el plan que, según él, Dios le había profetizado: que su comunidad tuviese su propia ciudadela, un barrio en el que se concentrarían personas de una misma fe. Hasta ese momento todo era bueno, llegaba a los oídos como un dulce ‘coro celestial’.  

Todos dieron un paso en confianza, cuando se movieron a reunir entre ellos el dinero para la compra de un lote en donde se edificaría la Ciudadela La Voz de Dios. Se crea una organización social  llamada Centro de Amor Formación y Emprendimiento, Fundación Café.

Los recursos se empezaron a acumular con la realización de actividades tales como la venta de empanadas, tamales, bazares, rifas y por el aporte voluntario de los que entraron a ser sus asociados.

Secretario de Planeación Municipal de Pitalito, el reverendo Edgar Núñez Guzmán.



Cesar Sierra Gerente Soginco y Mauricio Parra, Presidente. Foto La Voz de la Región

Ciudadela La Voz de Dios. Foto La Voz de la Región

 

Lote comprado

Situaron el predio de unos 56.000 metros cuadrados, en la Comuna Dos, cerca de los barrios Andalucía y La Gaitana, en las afueras del casco urbano. El lote se compró en su totalidad con los dineros de la feligresía.

Los miembros de la comunidad cristiana intentaron construir allí, con lo que tenían, su soñada ciudadela, la que sería un conjunto de casas, un proyecto unifamiliar. Posteriormente desde el púlpito se empezó a decir que hubo un cambio de planes, que ya sería una unidad multifamiliar.

Después, se les comunicó otro negocio, que se implementaría un conjunto de apartamentos de torres de siete pisos, de interés social,  que se estaría ejecutando en cuatro etapas: Ocobo, Orquídea, Roble Negro y Guaduales.

Les dijeron, en esa ocasión, que en la primera etapa se construirían los apartamentos que pertenecerían a ellos, a  los de la Voz de Dios, y las otras tres serían negociadas por la constructora que el pastor Édgar Núñez, como representante legal,  contrataría. La Fundación Café sería la encargada de socializar el proyecto a través de su junta directiva.

De acuerdo con lo planeado su construcción duraría tres años y la venta de las tres edificaciones se promovería en una oficina en la plaza principal, de la que se haría cargo la constructora.

Entre los miembros de Café tenía su sitio la señora Rubiana Fandiño, con sitial en su junta directiva. Es allí la génesis del final siniestro, porque casualmente esta socia era  una amiga personal del abogado Luis Gerardo Ochoa Sánchez, a quien le habló del ambicioso plan.

Le comentó que uno de los socios, Nelson Argote, cabeza de la Fundación le había dicho que ellos no podían construir, que para eso tenían que conseguir una constructora. Es cuando la señora Fandiño se va a Planeación Municipal a averiguar detalles del asunto. Descubre que Argote había vendido el lote a una empresa Soginco SAS., que a su vez esta firma había creado una empresa paralela con un capital de un millón de pesos denominado Soginco Apartamentos SAS., los que se encargarían de la construcción.

Ante esta noticia la señora Fandiño eleva su grito hasta el cielo: “¿Qué es esta encerrona? ¿Cómo es que ya tenemos una constructora sin haber negociado con ellos el terreno de nuestra propiedad?”.

Cuando le comenta el hecho a su amigo abogado este muestra su preocupación y lo primero que hace es dirigirse al alcalde para hacerle saber lo que él veía como algo irregular. “Usted no puede permitir señor Alcalde que se estafe a mucha gente en el municipio”, según la Fiscalía esto fue lo que dijo Ochoa Sánchez.

De acuerdo con la delegada fiscal en el proceso “él desconocía que existía un entramado corrupto del que hacía parte Miguel Antonio Rico Rincón”, que sus reclamos no iban a ser tenidos en cuenta.

Es entonces, ante la falta de acción de las autoridades locales, cuando decide entablar una denuncia formal ante la Fiscalía y la Procuraduría. 

Día fatal

El 6 de abril del 2017 el abogado Ochoa Sánchez fue asesinado a eso de las 5:30 de la tarde en la carrera 4 con el número 12-22, en una edificación conocida como La Casa Quinta. Hombres armados entraron a su oficina y le propinaron tres disparos a quemarropa.

La Fiscalía emprendió la investigación, se logra identificar al primer sospechoso del hecho a Eduardo Villanueva Sánchez, quien da a conocer pormenores del plan criminal y menciona el nombre de Mauricio Parra Rodríguez, el dueño de la constructora.

La Fiscalía de Pitalito solicita ante un juez que se ordene la interceptación de la línea telefónica de esta persona y es cuando la Sala de Interceptaciones informa que sería imposible hacerlo porque ese número ya estaba enlazado con otro caso en Bogotá, por el asesinato de un empresario huilense, Jhony Alonso Orjuela, el dueño de la cadena de negocios Surtifruver de la Sabana.

Los investigadores del CTI de la Fiscalía en Bogotá pasan las comunicaciones que ya tenían en su poder y es cuando se descubre un diálogo entre Parra Rodríguez y César Alberto Sierra Avellaneda, gerente de la firma constructora,  en la que este último le advertía que había una persona que en “medio de un comité de aplausos está diciendo que él (Parra Rodríguez) tenía nexos criminales con las Farc”.  En efecto, este hecho había ocurrido a mediados de marzo del 2017 en una asamblea de la Fundación Café. El abogado Luis Gerardo Ochoa les advirtió a los de la iglesia ubicada en el barrio La Pradera las irregularidades de las que se había enterado.

En la investigación la comunidad aportó un video en el que se observa al abogado hablando de los antecedentes judiciales del principal socio de Soginco SAS., Parra Rodríguez. En donde les dice que esta persona había salido de la cárcel después de pagar una condena por narcotráfico, que cómo es posible que una empresa que acababa de ser constituida en Cámara de Comercio con un capital de 1’000.000 de pesos se iba a ser cargo de un proyecto de más de 6.000 millones.

Según la Fiscalía por esta posición de Ochoa ante los de la Iglesia la Voz de Dios fue por la que se planeó su muerte, en la que participaron unas 14 personas, entre autores materiales, intelectuales y los llamados campaneros, hombres armados con pistolas 7.65 milímetros y dotados de celulares de alta gama, que vigilaron los alrededores de la oficina de la víctima, entre tanto el pistolero entraba y disparaba a poca distancia.

Son muchos los detalles de esta investigación por el homicidio de un ciudadano, profesional del Derecho, en el que –dice la Fiscalía– está involucrado como determinador el actual alcalde de Pitalito. 

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