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Damnificados de La Isla y La Primavera solicitan colaboración para ser reubicados

Dic 14, 2021 | 0 Comentarios

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Por: Hernán Guillermo Galindo M

Diario del Huila visitó los barrios del sur de Neiva, entre los más impactados por las lluvias del pasado 25 de noviembre. Son casi 80 las familias afectadas que esperan ayudas del Municipio.

Las lluvias que se registraron en la madrugada del pasado 25 de noviembre dejaron muchas pérdidas y damnificados en Neiva, especialmente de los habitantes vecinos ribereños al Río del Oro y a la quebrada La Cabuya, que con las lluvias presentaron un aumento de su caudal y se desbordaron, provocando inundaciones en los asentamientos La Isla, La Primavera y el barrio Bajo Limonar.

Diario del Huila en su acción social visitó la zona, después de 20 días de la emergencia invernal, para conocer de manera directa cómo están los damnificados y se readecuan a su nueva realidad quienes se vieron afectados por la inundación de sus viviendas y las pérdidas de alimentos y enseres, como camas, colchones y muebles.

Quien nos recibe en principio es Luis González, uno de los residentes desde hace nueve años en la zona, quien de entrada cuenta que no es la primera vez que sufre las causas por el impacto de las aguas, como quiera que las casas y terrenos familiares están sobre casi junto al cauce de los afluentes que presentaron crecientes.

“Llevo aquí prácticamente nueve años en el barrio, soy uno de los fundadores. Llegamos en ese entonces casi 70 familias, en una gran mayoría desplazados, que vivimos del rebusque y estábamos sin ningún techo. Primero nos instalamos en un sitio o asentamiento llamado Filo de Hambre y luego nos trasladamos para acá, con muchas expectativas de progresar. Llevamos todo este tiempo luchándola, fuimos de a poco encerrando los lotes, metimos servicios públicos como el agua, alcantarillado y la energía”, manifestó.

Lecho de la quebrada La Cabuya que cuando se desborda los inunda.

Y agregó que lo más complejo han sido las épocas de invierno, que son dos veces al año, unas veces con más fuerza. Inundaciones de vías, viviendas y otras edificaciones; desbordamientos de afluentes y desplome de árboles son periódicamente atendidos por los bomberos y demás organismos de socorro.

“Las inundaciones son una amenaza, cada invierno vivimos la zozobra de los ríos, desde que llegamos. Y después de que pasan los desastres vienen distintos organismo, nos entregan ayudas que agradecemos, pero no hay soluciones de fondo como una reubicación y menos la legalización por estar en zona de alto riesgo”, agrega Lucio Peralta, que sale de una humilde casa, donde se notan los efectos del barro y el agua.

De 70 familias que llegaron, muchos vendieron y se fueron, pero, contrario a reducirse, ya suman más debido a que se han formalizado en uniones entre ellos, lo que crea otra familia con la consecuencia de que aumentan las necesidades y las problemáticas locales.

Y es que a simple vista se observa como es la difícil situación en las que muchos viven, hacinados, en callejuelas que parecen arrancadas de una época pretérita.

“Aunque en este invierno nos afectaron por igual el rio del Oro y la Cabuya, en la mayoría de las inundaciones los estragos graves los ha causado la quebrada, por eso la gente sigue expectante a la espera de una noticia de la administración municipal sobre la reubicación, oportunidad que vemos lejana”, dice Matilde Toro.

“Por ahora, lo que hemos sabido es que se está analizando el caso y pedimos que no nos estigmaticen porque muchos dicen que hacemos esto por negocio. ¿A quién le gusta arriesgar su vida y la de sus familias? ¿A quién le va a gustar llevar a los hijos a ahogarse?”, comenta Luis González.

Los más afectados son quienes  viven a la orilla de la quebrada y aunque recibieron ayudas, no alcanzaron para todos. Faltan colchones y cobijas, enseres. Los niños, que se puede observar son bastantes y juegan alegres, están lejos de la realidad que tienen que vivir junto a sus padres.

Muchos no piden alimentos, ni ropa. Mucho menos dinero. Solo esperan que las autoridades les ayuden con varillas, arena y cemento para mejorar sus humildes viviendas y así resguardarse de los aguaceros que se avecinan.

Comunidad de la Isla con el edil Arsenio Castro.

Niños también afectados

Mireya Reyes, secretaria de la Junta de Acción Comunal de La Isla, que arribó hace seis años, es la encargada de estar pendiente de los niños y los adultos mayores. Vive con el esposo y tres hijos, que hacen parte de los 70 menores del asentamiento.

Para estudiar deben salir a la concentración escolar del Limonar, Garabaticos o Loma Linda, que es lo más cercano.

“No estamos aquí por gusto o por invasores, es por necesidad, porque todos acá vivimos del diario, con lo que Dios nos bendice. No tenemos la manera de un ahorro programado para acceder a los planes de vivienda, no tenemos cómo comprarnos una casa. Si tuviéramos, no estaríamos pasando estas calamidades”, explica.

Angie Hernández, otra de las fundadoras, cuenta que ya van para diez años en el barrio. Su petición es la misma. Que como todos no tienen la manera de hacerse a una casita en una zona donde no tengan tanto riesgo.

Callejones que en invierno se inundan igual que toda la zona.

“No vivimos por gusto sino por necesidad, en el caso de nosotros vivimos de la venta de hueso de res y de marrano, con lo que hace mi esposo en una motico. Cada vez que se ve el cielo encapotado nos ponemos nerviosos, no podemos dormir o estar tranquilos, vivimos la angustia de que nos volveremos a inundar. Nos hemos salvado gracias a que el presidente de la Junta vive pendiente del río y de la quebrada y nos avisa oportunamente para evacuar y preservar la vida que es lo más valioso que tenemos. Eso nos sirvió el pasado 25 de noviembre”, agrega.

En el recorrido observamos a un habitante que intenta reparar un improvisado puente en madera que le permite pasar sobre la quebrada La Cabuya para ingresar a su residencia situada casi que en el lecho del afluente.

Traslado

Germán Gómez, quien lleva dos años viviendo en esta situación, se refiere a las afectaciones: “Somos cuatro casas vecinas en las que vivimos diez personas. Nos tocó venir a parar acá por falta de oportunidades. No tenemos cómo pagar un arriendo. La vivienda está muy costosa, toca rebuscarse”, indica.

En el sector de entrada el campo de futbol en donde algunos dicen se podrían reubicar varias familias.

Don Arsenio Castro, edil de la comuna seis, que ha estado al tanto en cada emergencia, vuelve a la necesidad de que haya una reubicación, hecho en el que coinciden todos los vecinos, pero no es fácil pues aunque existe la voluntad de la administración como ellos hay otras familias y otros asentamientos que están a la espera de un traslado.

“Queremos que nos solucionen algo. Son varias familias que no tenemos en dónde dormir con nuestros hijos. Pedimos que nos colaboren con una vivienda digna para meternos. La gente no tiene a donde irse”, dijo una de las personas.

“Lo que si queremos es terminar con esta historia de nueve años de incertidumbre y no tener que salir corriendo para salvar la vida en cada invierno”, concluyen.

Sin invierno la zona parece un sector rural normal.

Autor: WebMasterDH

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