Por: Luis Humberto Tovar Trujillo

Todo esto que está sucediendo en Colombia, debe generar inmediatamente la necesidad de hacer reformas estructurales, sin el congreso y sin la justicia.

Hacerlo con medidas extraordinarias, es decir, de excepción, porque la anormalidad actual no permite sino medidas excepcionales, la anormalidad se combate con medidas que señala la constitución para combatir esa anormalidad.

Lo primero, válgame, Dios, es que el presidente Duque renuncie, porque mientras él exista en la dirección del estado, todo es abortado; Duque es un agente disfrazado del desorden, de las organizaciones internacionales especializadas en generar crisis institucionales para tomarse el poder por asalto como efectivamente está sucediendo.

Duque es una persona de una gran condición humana, Soros lo educó, le agradecerá por eso toda su vida; eso determina que lo sea, pero lo que no es permitido, ni se deberá permitir es que esa gratitud involucre al pueblo colombiano.

Ahí está la parte débil de esa gratitud, véndale el alma al diablo, pero no lo haga con el pueblo colombiano, ahí está la infamia, la atrocidad de sus convicciones, donde la virtud llega a su límite y pierde toda valoración altruista.

Hay que recuperar la legitimidad del estado perdida con el atraco al plebiscito; ahí perdió Colombia el norte institucional, por culpa del señor Uribe y Duque, que en lugar de haber ido a Palacio a exigir la renuncia de Santos, que había ofrecido si perdía el Plebiscito, fue y se entregaron y, de paso, hicieron participe al pueblo colombiano, peor que una fiel prostituta, no se si bien o mal pagada.

Retomar ese sendero institucional y, al hacerlo, modificar todo el esquema judicial y hacerle un lavado intestinal a esa rama del poder, para que elimine esa podredumbre de la corrupción retenida por tanto tiempo, tal vez desde la época de Uribe, al menos la destapó, y hoy vivimos víctimas de esa indigestión moral con diverticulitis incluida.

Igual cirugía debe hacerse con el congreso, imposibilitado, como la anterior rama del poder, moral y políticamente, para auto reformarse, por el cúmulo de interés macabros que lo rondan; que incluye los asaltos al derecho que vulgarmente se llaman “golpes de estado”, legitimados desde el golpe al plebiscito, siendo coequipera la Corte Constitucional, donde fue desconocido aberrantemente el pueblo colombiano.

El haberlo hecho, es la negación del Estado de Derecho desde esa época, acabar con la normalidad institucional, de la misma manera debe procederse atendiendo al principio de que en derecho las cosas se deshacen como se hacen.

Faltan pantalones y autoridad, las mujeres están indicando el camino.