miércoles, 30 de septiembre de 2020
Opinión/ Creado el: 2020-09-15 10:07

Del amor al odio

Escrito por: Redacción Diario del Huila | septiembre 15 de 2020

Por: Néstor Pérez Gasca

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Pareciera que estuviéramos condenados a alimentar nuestra existencia con “ríos” y “tormentas” de odio y dolor, al hacer un lánguido recorrido por la historia y evolución de la vida, sobre todo la vida humana. Este ser humano supuestamente racional convive y atenta de manera indiscriminada contra su propio entorno y habitad.  Lo peor es que ninguna otra especie exteriorista tanto su odio a sí misma como la nuestra, hemos alcanzado los límites de la crueldad, que ni siquiera se evidencia en los animales fieros.

Tendrán los expertos (psicoanalistas) que hilar y despejar las ecuaciones de nuestro amor al odio y, aunque el amor y el odio son afectos primarios que atraviesan la vida de todo ser humano, se expresan en múltiples niveles diferentes, lo complejo es que nuestro país experimenta hace muchos años un exceso de experiencias de constante frustración, dolor y animadversión entre nosotros mismos, situación que ha servido para que los que se “alimentan” del caos alcancen su beneficio económico, político, y sobre todo, de control social.

Por lo anterior es menester diseccionar y extirpar  las raíces del odio, las cuales con  temor a equivocarme, tienen su génesis en las primeras experiencias de rabia que se manifiestan en los neonatos frente a estímulos desagradables, por ejemplo: ¿Cuántos niños nacen con hambre? ¿Cuántos sin padre? ¿Cuántos llegan sin ser deseados? ¿Cuántos son abusados? estos acontecimientos detestables generan esa rabia contra ese dolor que desafortunadamente no cambia mucho con el tiempo, por el contrario, la tendencia es que la frustración crezca constantemente y ahí viene el estallido social que evidenciamos en las calles.

El odio, entonces, es una fijación caracterológica. Odiamos a aquello que sentimos nos produce un intenso daño, y la intensidad de nuestro odio será proporcional a los daños vividos en el pasado. Paradójicamente el amor y el odio tienden a juntarse en la mente del ser humano (por lo que no es extraño que algunas de las estructuras cerebrales que se activan para el odio, lo hacen también para el amor), y a esto lo llamamos ambivalencia. No olviden que el odio también nace de la ignorancia, que es el más atrevido de los pecados, el viejo truco de los gobiernos es dividir el mundo en dos grupos, los “dueños” de la verdad absoluta y los que “conspiran” para derrumbarlos, acá nos decimos fascistas o comunistas, mamertos o paracos, y seguiremos así: odiándonos por los siglos de los siglos.