De acuerdo con La Real Academia de la Lengua Española, el término plagio se define como “La acción de copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias”. Desde el punto de vista legal es una infracción al derecho de autor acerca de una obra artística o intelectual de cualquier tipo, en la que se incurre cuando se presenta una obra ajena como propia u original.

Para la legislación Colombiana el plagio es un delito. La Ley 1032 de 2006 declara que son entre cuatro a ocho años de prisión y entre 26.4 a 1500 salarios mínimos legales vigentes como máxima sanción para alguien que sea sorprendido copiando una obra.

Por estos días el cotorro político nacional está que arde, por la confirmación que el lunes pasado presento la Universidad Externado de Colombia referente al plagio en la tesis de maestría que presentó la presidente de la cámara de representantes Jenifer Arias Falla.

De acuerdo con el comunicado, el documento presentado por las estudiantes, fue “sometido a una herramienta informática para la detección de plagio, operación que arrojó un importante número de coincidencias con fuentes o documentos publicados en internet…” Así las cosas, independiente del tema legal, lo que más me preocupa es el daño moral, al país, y a los jóvenes estudiantes que hoy ven que este tipo de cosas sucede, dada la investidura de la política involucrada.

De un lado es representante a la cámara, elegida por un partido político que dice hacer de la transparencia su base fundamental, por lo que se esperaría un pronunciamiento tanto de la representante como del partido que la avaló, desafortunadamente en un país como el nuestro, un escándalo como este, no pasa absolutamente nada, todo se queda en excusas, en solicitudes de aclaraciones y si a mucho, cosa que nunca pasa, una disculpa.

De otro lado es cada día más cotidiano en Colombia que altos dignatarios digan “pequeñas” mentiras en sus hojas de vida o tomen el camino fácil del plagio en sus estudios, solo para tomar la vía fácil, o como decía mi madre, irse por el atajo para llegar primero.

En las mismas estuvo el hoy ministro de ciencia y tecnología, Tito Crissien Borrero, quien se defendió diciendo que “habían usado su nombre” como coautor de un texto científico sin su conocimiento, eso me sonó más o menos a los elefantes que entraron por la espalda a una campaña presidencial, y ahí quedo.

El ex alcalde de Bogotá Enrique Peñalosa, cuando sin consultarle, en su hoja de vida incluyeron títulos en maestrías y doctorados que nunca existieron, o en el caso local un funcionario que falsifico sus títulos, y fue descubierto por la mala ortografía del falsificador, ¿así las cosas cual es el mensaje a nuestros jóvenes y a nuestros hijos? ¿Todo vale? ¿Hagamos trampa que si nos pillan solamente es pedir disculpas? Yo creo que no, que, si no hay la sanción legal debe haber una sanción social. No se puede ni debe seguir cohonestando costumbres que nos llevan al fondo de lo delictivo, los invito a que cambiemos, no elijamos mentiroso, tramposos, ni otro tipo de delincuentes.