Diario del Huila

Desde los 13 años en la calle y sigue ‘tan campante’

Nov 30, 2021

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Diario del Huila, Crónica

Por: Hernán Guillermo Galindo M

Óscar Díaz lleva 53 de los 66 años de vida deambulando por Neiva, batallando por vivir. Pese a las dificultades no se queja. “Somos ricos, es la vida que Dios nos dio”, afirma.

Óscar Díaz nació en Neiva hace 66 años, un 20 de diciembre del año 1955 en el barrio Rojas Trujillo, recuerda, mientras de arregla para la foto.

No conoció a su padre que lo dejó en la “barriga de mi madre, Alicia Díaz. Ella ya murió”. Fue una de las pocas personas que le han tendido la mano. Lavando ropa intentó sacarlo adelante, destaca.

La pronta desaparición de su progenitora marcó su futuro. La salida   a la calle a los 13 años, siendo todavía un niño. Sólo estudió hasta tercero de básica primaria en la escuela del barrio y con lo poco que aprendió le tocó salir a defenderse y a rebuscarse.

Sin embargo, se expresa bien y confiesa que un tiempo fue consumidor de drogas, que, asegura, dejó eso atrás y ahora se dedica a trabajar y a compartir con sus compañeros de infortunio en las vías y espacios públicos de la ciudad.

Pero, curiosamente, para él no es tragedia ni desgracia la situación. “No somos pobres, somos ricos porque tenemos la vida que nos dio Dios”, asegura.

La vida

De los tiempos de infancia recuerda que ya como habitante de calle, con la ‘gallada’, se bañaban en el río Magdalena, en cercanías a la histórica barca de Juan Bustos, junto a donde hoy está el monumento a La Gaitana.

“Nos bañábamos en el río, pasábamos a la otra orilla y nos quedábamos a dormir en la playa, sin preocupaciones ni órdenes”, recuerda, mientras se le ilumina el rostro.

Pero había que buscar la comida, por eso se dedicó a cargar bultos. Siempre ha sido cotero. Hoy, trabaja la zona vecina al Centro Comercial Los Comuneros. Dicen que le tienen confianza por eso nunca le ha faltado quién lo ocupe.

Y es que se define como una persona “que no soy problemática, ni ladrona”, lo que le ha permitido tener buenas relaciones con todos incluidos compañeros de calle, que, según calcula, hay más de 200 desarraigados con los que comparte.

“Tengo buena relación con ellos porque allá en la zona de los pescados, sobre la Circunvalar, hacemos de comer y son muchas personas quienes colaboran, nos dan arroz, yuca, papa y plátano, que compartimos con todos”, expresa.

De su vida en pareja comenta que convivió con una mujer, Cecilia Sánchez, que vive en Puertas del Sol, relación de la que quedaron cinco hijos. Ya murieron dos.

“Viven en Barranquilla y muy de vez en cuando hablamos por teléfono, pero cada quien vive y hace su vida sin afectar al otro”, sostiene, tras señalar que la relación de pareja terminó porque ella se enamoró de otro. “Entonces me abrí del todo y me quedé de lleno en la calle. Sin ataduras”, explica, serio.

Y es que no mantiene amarguras y toma todo lo vivido como experiencia de vida, por eso no descarta que si aparece alguien que lo conmueva pueda estabilizarse y “vivir como debe ser, en una casa, con pareja y en familia”.

Depende para vivir de cualquier tipo de ayuda y de la suerte que le llegue, porque así es en la calle, señala.

Es agradecido con la vida porque nos la dio Dios dice.

Duerme donde lo coja la noche, en el microcentro, en un lugar fresco, que lo proteja del frío, la lluvia y los riesgos de personas, animales o autoridades.

“Tengo una carreta y ahí guardo el colchón, cobijas y trastos. También las vasijas para hacer de comer. Es que comprar comida hecha no lo llena a uno, es cara y es mejor la que uno prepara. Con la carreta, cuando se ofrece, presto cualquier servicio. En la calle se anda en el rebusque”, manifiesta, y los ojos le brillan.

Lo más difícil de su situación de destechado son los problemas y riesgos diarios de la calle. “Hay gente que busca líos o disputas por cualquier cosa”, porque los habitantes son, en la mayoría, territoriales, que no es su caso porque se ha ganado un respeto y prácticamente puede llegar a todos los lugares sin chocar.

Vivir la vida

Óscar refiere de manera especial a la psicóloga Kay Dilett López, que tiene una fundación y les lleva alimentos cada 8 días. Para él y sus amigos su atención es muy importante. “Me prometió que el 20 de diciembre, día de mi cumpleaños, me va a regalar un busito”, afirma.

Dice que contrario a lo que muchos piensan la gente los quiere “y uno debe ser agradecido, así sea duro lo que nos ha tocado. Tengo fe en Dios, ahí tengo la palabra diaria para vivir. He leído 1678 páginas de la Biblia, me faltan muchas, porque se me perdieron las gafas y por eso dejé de hacerlo”, dice, con pesar.

Antes de tomar la carreta y calle envía un saludo a quienes lo recuerden o identifiquen en la publicación, “a todos los aprecio, a los compañeros y neivanos. Pido a Dios que los quiera y el que me quiera ayudar bienvenido y si no pues que dejen vivir. Dios los bendiga”.

Oscar Díaz duerme en una carreta que improvisa como dormitorio en algún lugar de Neiva.

Autor: WebMasterDH

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