Por: María Clara Ospina

Se podría pensar que los constantes ataques contra el gobierno de Colombia, por algunos medios internacionales, son el resultado de desinformación.

Sin embargo, muchos dicen que son embestidas bien coordinadas y mal intencionadas de medios parcializados a favor de los enemigos de la democracia colombiana; en muchos casos financiados por millonarios de extrema izquierda, entre ellos el famoso Soros, que pretenden, a través de su dinero, imponer sus ideas políticas en el mundo financiando medios y ONGS con ese propósito.

Cuando uno lee los constantes e inexactos ataques internacionales contra el gobierno colombiano no deja de preguntarse ¿Quién alimenta con tanta desinformación sobre la realidad en Colombia a los medios internacionales?  ¿Es acaso que los periodistas no ven las noticias que todos vemos en la televisión: no ven los ataques, destrozos, incendios, bloqueos, de los violentos contra la población civil, la policía, los bienes públicos y privados, aun contra lugares como Popayán ¡Patrimonio de la Humanidad!?

Aparentemente, no ven a los policías tratando de defenderse de vándalos bien entrenados, que fungen ser inocentes estudiantes, para que no les prendan fuego, o los maten a palos. Lo sorprendente es que esa prensa no reacciona, ni critica, cuando hay verdadera represión policial en otros países.

Esa misma prensa, guarda silencio hacia la constante violación de los Derechos Humanos por Nicolás Maduro, o por los esbirros de los Castro en Cuba, desde hace más de 60 años, o ante la constante represión ejercida contra los ciudadanos nicaragüenses por el régimen de Daniel Ortega.

Por lo visto son ciegos y sordos a lo que no quieren ver u oír. O a lo que sus dueños no quieren que se critique. ¿Es esta una prensa imparcial? ¡Para nada! Poco o nada se le oye al New York Times, y otros medios, contra las dictaduras izquierdistas del continente. Parecerían que están encandelillados con la idea del Socialismo del Siglo XXI.

Tampoco se oye a la Alta Comisionada para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, dándole “catedra”, o criticando, constantemente, a Venezuela, Cuba y Nicaragua, constantes violadores de los Derechos Humanos, que es su deber defender. Será porque están gobernados por sus amigos socialistas, o comunistas, o como se quieran llamar esos dictadores. Naturalmente, no se puede esperar nada diferente de ella. El origen político de Bachelet es el izquierdismo chileno. ¡Adiós a la imparcialidad que demanda su puesto!

Y, ni que decir de los escandinavos, esos países, cultos, sofisticados, económicamente ricos, con gobiernos socialistas, moderados, eficientes y modernos que piensan que las cosas en Latinoamérica funcionan igual que en sus países.

Estos Escandinavos, bastante “inocentones”, se han creído el cuento de los enviados de las FARC y otros grupos narcotraficantes que les han endulzado el oído con historias de sus supuestas revoluciones románticas a favor del pueblo; omitiendo contarles la brutalidad de sus crímenes, sus secuestros, desapariciones, la utilización de niños como carne de cañón, el constante abuso y violación de niñas y mujeres y su enriquecimiento con el narcotráfico de cocaína.

Hoy, Colombia defiende su democracia, en medio de un ataque bien sincronizados contra el gobierno de Iván Duque, electo por una vasta mayoría en elecciones limpias. Los gobiernos y los medios de centro, derecha, e izquierda sensata, deben defender la democracia colombiana e impedir el funesto avance del comunismo en Latinoamérica.