viernes, 18 de agosto de 2017
Dominical/ Creado el: 2016-11-05 08:22

Cuando la tierra rugió

Orlando Mosquera Botello

Escrito por: Erick Rojas | noviembre 05 de 2016

El pánico en Colombia -Huila-, el pasado domingo 30 de octubre, no fue cualquier cosa. Un temblor de 5.4 grados en la escala de Richter con profundidad superficial de 30 kilómetros, produce terronera incalculable a todo el mundo, más por la hora en que se sintió: 7:20 pm. Desde luego, lo mismo sucedió a habitantes de Dolores y Villarica -Tolima-, y la Uribe -Meta-, poblaciones que distan 50 km en promedio. Los neivanos estamos a 85 km.

Al día siguiente comenzamos a enterarnos realmente de la gravedad de lo sucedido. Por algo hubo declaratoria de calamidad pública por parte de la Unidad de Gestión de Riesgos y Desastres, dirigida por Carlos Iván Márquez. Atención a los afectados y arreglo de vías fueron los puntos más importantes que señalaron. Fácilmente recordamos a tal hora, lo que fuera el terremoto en Neiva, el 9 de febrero de 1967.

No es fácil describir lo que se vivió dicho día, lleno de angustia y tristeza en una ciudad acostumbrada a la tranquilidad todo el año, con excepción de pocos días de jolgorio en junio, Reinado Nacional que entonces se aproximaba a su VII- versión. Entonces nos acercábamos a los 120 mil habitantes, casi una cuarta parte de lo que somos hoy.

Un ruido raro entre el silbido y el rugir se sintió a las 10:24 am, hora en la que quedó parado el reloj de la catedral de Neiva por varias semanas, hasta que un loco destruyó sus caras y dobló sus punteros antes de resbalar y caer en el atrio principal. José María Bustamante, un huilense que lo elaboró tras hacer lo mismo para 25 iglesias importantes en Colombia, lo reparó y lo puso a andar de nuevo cuando terminó la restauración del templo.

Esa mañana como son por lo general las de febrero, el sol tardó un poco en salir, pero pronto cobró espacio con rayos opacos en medio de la ausencia de vientos y por ende, la quietud total del follaje de los árboles. Según el Instituto Geográfico de los Andes -entonces dirigido por el sacerdote español José Rafael Goberna-, la magnitud fue de 7.2 grados con profundidad superficial de 29 km, movimiento que afectó fuertemente los departamentos del Huila, Caquetá, Tolima, y Cundinamarca. Fue declarado “macrosismo” por haberse sentido desde Caracas hasta Iquitos en el Perú, y desde Buenaventura en el Pacífico hasta Mitú en los límites con Brasil. Fue registrado en más de quinientas estaciones sismológicas del planeta.

En Neiva hubo 15 muertos, más de 120 heridos y cien mil damnificados. En Bogotá fueron afectadas 30 estructuras con serios daños y al menos 50 muros fallaron. El epicentro fue un sitio entre la Vega de Oriente -Campoalegre- y la Inspección de Policía de El Paraíso -Algeciras-, donde más del 50% de sus construcciones colapsaron, ocurriendo fenómenos en la naturaleza. Hubo licuación de suelos, deslizamientos y agrietamiento de terreno en 21 poblaciones del Huila y Tolima, motivo por el cual quedaron bloqueadas varias vías. Algunas personas en Neiva, Pitalito, Altamira y Vegalarga, afirmaron haber visto ondas en el suelo de aproximadamente 50 cm de altura.

Según el último boletín oficial de la Policía -dirigida entonces en el Huila por el Coronel Fabio Trujillo Fernández- reportó 73 muertos en nuestro departamento y 250 heridos de consideración. Más de mil viviendas quedaron destruidas, alrededor de mil quinientas semidestruidas y más de cinco mil averiadas. Por fortuna el fenómeno se presentó de día y su tiempo fue corto; lapso que por nervios se dilata, eternidad donde solo hay mente para invocar a Dios. La alegría de reencontrarse uno con sus familiares ilesos es tal, que la alabanza de agradecimiento pronunciada en ese momento se siente con intensidad, casi cincuenta años después.

A mucha gente le quedó grabada de por vida escenas de impotencia y de dolor, como sucedió en el sector de mi casa, cuando Ligia de Ruíz -una señora joven casada con un Ingeniero-, pasó con su hijo único de nueve años aproximadamente, muerto entre sus brazos, llorando y gritando como loca por su dolor. Una tapia alta y gruesa que separaba las edificaciones del viejo hospital San Miguel y el Asilo para ancianos, se había desplomado en el instante que la onda sísmica arrollaba al niño contra el muro.

En Campoalegre murieron 18 personas, quedando gran parte de sus construcciones destruidas, incluyendo su iglesia. En Colombia solo quedaron 15 casas de pie, entre 250 que existían. Pitalito, Garzón, Algeciras, Gigante, Baraya, San Agustín, La Plata, Acevedo, Isnos, Guadalupe, Altamira, Tesalia, Tello, Aipe, Teruel, Agrado, y Oporapa, fueron los municipios más afectados tras nuestra capital.

Psicológicamente toda la población quedó muy afectada, el pánico resucitaba cada vez que se sentía una réplica, o la tensión momentánea inclusive, cuando un vehículo pesado pasaba cerca de uno y hacía vibrar el suelo. Las réplicas fueron amainando, temple de nervios que comenzó a rescatarse cuando el padre Goberna vino al Huila pocos días después, para explicar en detalle lo que había sucedido, lo que seguiría pasando y las medidas que se tenían que tomar en caso de repetirse un sismo por el estilo. La conferencia fue dictada en el Club Social, construcción que sufrió poco y que daba cierta seguridad por lo nueva a los asistentes de la reunión.

Valga anotar que dicho sacerdote español estudió Filosofía y Letras en Burgos, y Teología en la Universidad de Comillas. Recién ordenado viajó a Cuba donde se graduó en Física, Matemáticas y Ciencias Naturales en la Universidad de la Habana. Posteriormente en Geofísica, sismología y Meteorología en Estados Unidos. En 1962 llegó a Colombia para dirigir el Instituto Geofísico de los Andes, cargo que ocupó durante 23 años. Falleció en la Paz -Bolivia-, en diciembre de 1985, cuando asistía a una reunión del Centro Regional de Sismología.

Si rememoramos que todos los servicios públicos colapsaron, lo mismo que gran parte del hospital y la gobernación, superar la crisis no era fácil. El gobierno y los médicos atendían con grandes limitaciones, hubo gente que pidió confesión a los sacerdotes en la calle, y la población estudiantil que apenas iniciaba clases, quedó nuevamente en vacaciones hasta nueva orden.

La edificación sur del colegio de la Presentación -más antigua que la oriental-, quedó propiamente en el suelo, por fortuna las niñas se encontraban reunidas en el patio principal, donde las superioras daban instrucciones sobre el nuevo año lectivo. Ambos bloques fueron demolidos por orden de la comisión de ingenieros designada por el gobierno para evaluar el estado de las principales edificaciones de la ciudad.

También fue ordenada la demolición de la Escuela Central de Niñas “Rosalía Leiva Charry”, ubicada en el hoy parqueadero Pigoanza; lo mismo el Liceo Femenino de Santa Librada, área que ocupa hoy el Palacio de Justicia “Rodrigo Lara Bonilla”. También fue destruido por el sismo, gran parte del costado oriental de la carrera séptima entre calle séptima y octava, donde se encontraba entre otras, la casa de don Hermógenes Liévano Romero, entonces gerente del Fondo Ganadero del Huila. El cuartel de la Policía Nacional, ubicado en la calle 8ª entre carreras 5ª y 6ª, espacio ocupado luego por el parqueadero del Almacén YEP. La sede antigua del almacén citado, ubicada en la esquina nor-oriental de la calle 6ª con carrera 5ª, diagonal al Banco de la República, hoy sede de su centro cultural.

Recuerdo que en el local del YEP falleció una de sus empleadas, sus compañeros de trabajo salieron despavoridos para la casa, los dueños cerraron y dentro del local quedó una empleada a quien le había caído una viga, muriendo en pocos minutos desangrada. También quedó bien afectada la Cárcel del Distrito Judicial de Neiva, que ocupaba el espacio del Centro de Convenciones “José Eustasio Rivera”.

La Catedral de Neiva, hasta entonces una gran obra de mampostería construida sobre el antiguo lecho del río Magdalena, tuvo que ser reparada y encamisada con estructura moderna. Quienes excavaron bases para su construcción, encontraron una amplia capa de arena que obligó descargar moles para cimentarla. Por su peso, el terreno hallado y el sufrimiento a causa del movimiento telúrico, ingenieros calculistas liderados por Antonio José Puentes, y el Arquitecto Hernando Rojas Polanco, recomendaron no pañetarla y alivianarla dejándole solo las torrecillas de la fachada frontal, perdiendo cierto encanto e imponencia por las demolidas. La fachada de su acceso por la carrera 4ª fue lo que más sufrió, arruinándose el escudo superior interno que recogía el instante en que Pío IX definía el 8 de diciembre de 1854, el dogma de la Inmaculada Concepción de María.

En momento dado se tocó el tema de su demolición, pero la sensatez de Monseñor Rómulo Trujillo Polanco y el profesionalismo del equipo que se comprometió en reconstruirla, salvó esta equilibrada, amplia, y clara construcción de bellos e imponentes cruces ojivales.

Parte de la cubierta de la terraza del hotel Plaza, el edificio de la Alcaldía -entonces Palacio de Justicia también-, la Plaza Central de Mercado en su segundo piso y el edificio de la Beneficencia del Huila “Diego de Ospina y Medinilla”, sufrieron daños en columnas secundarias de la estructura, reparaciones que fueron bien costosas.

Muchas escuelas y colegios quedaron resquebrajados. El año lectivo se reinició dos meses después con media jornada para dar espacio a alumnos de instituciones fuertemente averiadas. El Colegio de la Presentación siguió funcionando en la sede del Salesiano San Medardo, y el Liceo Femenino de Santa Librada se albergó en los bloques del bachillerato Nocturno “José María Rojas Garrido”, hoy espacio central de la Universidad CORHUILA.

La sede del Instituto Cervantes, esquina nor-oriental de la calle 12 con carrea 4ª, también colapsó, pasando a la carrera 5ª entre calles 10ª y 11, local que había ocupado el Instituto Bolívar del profesor Guillermo Vargas Cabrera, quien estrenaba sede en la avenida Tenerife entre carreras 5ª y 5ª “A”.

Por fortuna el Huila tenía gobernador joven, de excelentes relaciones en todos sus niveles. Él con su gabinete se apersonó de la situación, visitando no solo las cabeceras municipales, sino el sector rural, manteniendo el contacto directo con el Gobierno Nacional, del que formaba parte Misael Pastrana Borrero como Ministro de Gobierno.

Inicialmente en su propio Jeep Willis y luego en helicópteros de las Fuerzas Armadas, Max Duque Palma dirigió labores junto al Coronel José María Rivas y Fabio Trujillo Fernández, comandantes del Batallón de Artillería “Tenerife” y de la Policía Huila como ya lo citara. Hacían parte de su gabinete: Alberto Pérez Leyton (Gobierno), Ernesto Durán Cordovéz (Hacienda), Manuel de Jesús Iriarte (Obras Públicas), Ernesto García Borrero (Agricultura y Ganadería), y Carlos Humberto Mazorra (Educación). También prestó gran atención al problema, la Seccional de Salud Pública dirigida por el Médico, Hernando Emilio Cuellar Lara.

Dos comités especiales fueron creados de inmediato: el de Pro-damnificados, integrados por Alberto Cabrera, Jaime Afanador Tovar, Raúl Pastrana Polanco, y Reinaldo Polanía Polanía, entre otros; y uno para evaluar daños, donde participaron Gentil Díaz Silva, Ricardo Castaño, Gabriel García y Antonio José Puentes.

Todo el mundo colaboró con patriotismo, destacándose especialmente las mujeres en cabeza de María Mercedes Rengifo de Duque -Primera Dama del Departamento-, Inés García de Durán, Lucy Abuchaibe, Martha Querubín Londoño, y Milena Fierro, quienes no dejaron puertas por golpear, ganando buena ayuda para damnificados.

Pronto llegó auxilio nacional e internacional, Ronald Burkard, sub-director de CARE, arribó en un avión de carga con muchas toneladas de alimentos (leche en polvo, trigo, aceite, etc. El Ministerio de la Defensa en cabeza del General Gerardo Ayerbe Chaux, en asocio con la Alcaldía de Bogotá en manos de Virgilio Barco Vargas, desplazó personal especializado para remover escombros, dirigidos por el Coronel Angarita, entonces Comandante del Batallón de Ingenieros Militares.

Pronto nos visitó el Presidente Carlos Lleras Restrepo, con Ministros, Directores de Institutos Descentralizados y Departamentos Administrativos, para que se cercioraran de la situación y se pusieran a disposición del Huila. La Caja de Crédito Agrario, el Instituto de Crédito Territorial y el Banco Central Hipotecario, trazaron políticas para facilitar la reconstrucción de viviendas, y entidades como el Banco Interamericano de Desarrollo, enviaron materiales para construcción.

Lucy Abuchaibe organizó actividades con la colonia Sirio-Libanesa de Barranquilla y varias ciudades de la Costa Atlántica, para recoger fondos con destino a los damnificaos. También colaboró con las realizadas por Martha Querubín Londoño en Bogotá, y María Cristina Lalinde en Cali, sus sucesoras en el Reinado Nacional del Bambuco.

Pronto los huilenses repararon sus casas y de los préstamos algo quedó para el San Pedro, destacándose el de este año como el mejor de la primera década. En el estadio “Urdaneta Arbeláez”, en velada de coronación, se presentó el dueto cómico-musical, Emeterio y Felipe “los Tolimenses”, quienes irónicamente apuntaron en su show, que “por fin hubo movimiento en la propiedad raíz en el Huila”.

Lo colapsado facilitó que se ampliaran vías conforme lo señalado por el Plan Bateman, económicamente se notó el aumento del medio circulante, las casas que resistieron se valorizaron y por escasez de vivienda, desde luego subieron los arriendos considerablemente.                 

Demolición tras el terremoto del 9 de febrero de 1967. Esquina de la carrera 5ª con calle 11. Casa de Rosa Tulia Yepes.

Escuela Central de Niñas.

Costado Oriental del colegio de la Presentación. 1967.

Demolición de la Iglesia del Colegio de la Presentación. Carrera 7ª calle 8ª.

Lote tras la demolición del Palacio de las 56 ventanas. En la esquina el hotel Libertador, área de la Plazoleta de la Gobernación Hoy.

Antigua iglesia de la Balvanera en Pitalito.

Construcción de la torre de la Catedral de Neiva. Nótese las torrecillas que tenía su construcción. Al fondo el edificio donde funcionaba el Liceo Femenino de Santa Librada.

Palacio de las 56 Ventanas.