miércoles, 26 de julio de 2017
 
Dominical/ 2015-09-13 04:11

El cuero del tambor

Orlando Mosquera Botello

Escrito por: Erick Rojas | septiembre 13 de 2015

Herbert Marshall Mcluhan, filósofo postmoderno -uno de los primeros estudiosos sobre medios de comunicación-, se destacó por dar conceptos más que sencillos: “Somos lo que vemos”, “Terminaremos siendo una aldea global”, “Formamos nuestras herramientas y luego estas nos forman”, etc.

Hoy todo se sabe al instante sin importar la distancia donde acontece. Tenía razón cuando dijo que el mundo sería como una aldea, como el cuero de un tambor, el que no interesa en qué ángulo se toque para vibrar sobre toda su superficie.

En los años cincuenta y sesenta del siglo pasado era toda una hazaña cubrir en directo la Vuelta a Colombia y los locutores como Carlos Arturo Rueda, Alberto Piedrahita Pacheco, y Eucario Bermúdez, entre otros, eran unos artistas para dibujar todo con palabras, apodando participantes y bautizando poblaciones con especiales características que los hacían ver más acogedores e imaginar más bellos de lo que eran.

Daban verdaderas lecciones deportivas, geográficas y cívicas, logrando que la gente se volcara a recibir o ver pasar con entusiasmo y regionalismo la famosa caravana multicolor.

Gracias a ellos todo el mundo sabía cuál era “La Sultana del Valle”, “La Ciudad de las Acacias”, la “Perla del Otún”, “La Ciudad de la Eterna Primavera”, “La Ciudad Milagro”, “La Capital Musical de Colombia”, “La Ciudad de los Parques”, etc., donde arribaban entre otros en sus caballitos de acero, Hernán Medina Calderón, “El Príncipe Estudiante”; Jorge Luque, el “Águila Negra”; el “León del Tolima” Pedro J. Sánchez; Roberto “Pajarito” Buitrago, Carlos “La Bruja” Montoya, Rubén Darío Gómez, “El Tigrillo de Pereira”; “La Bala” Luis H. Díaz”, Javier “El Ñato” Suárez, Martín “Cochice” Rodríguez.

La rivalidad entre departamentos fue buen gancho para que la empresa privada en los años sesenta fortaleciera la competencia. Bien se recuerdan patrocinadores como camisas “Jarcano”, lavadoras “Hoover”, “Pilsen”, “Caribú”, etc., sobresaliendo inicialmente los departamentos de Antioquia y Cundinamarca, entrando luego a la fuerte competencia el antiguo Caldas, Valle, Tolima y Santander, para reinar luego especialmente Boyacá.

Personajes de la vida nacional como Gustavo Rojas Pinilla, Alberto Lleras Camargo y Reinas Nacionales de la belleza, dieron la largada a la Vuelta a Colombia.

Donde arribaba paralizaba la ciudad y los alcaldes declaraban “Día Cívico”. Cada corredor buscaba todas las posibilidades de ganar la etapa si esta terminaba en su ciudad natal o por lo menos, pasar punteando por su pueblo. En esto eran solidarios y dicho día tenía la colaboración del resto de participantes, a no ser que se presentara un caso de definición como el de Pedro J. Sánchez cuando le quitó el liderazgo a Gustavo Rincón en la etapa Armenia-Ibagué, logrando coronar el “Alto de la Línea” y la etapa quince de esta versión. Dicho día casi enloquece Ibagué. Tres días después se coronó Campeón de la XVIII Vuelta a Colombia, triunfo considerado como algo más que justo.

Hoy por donde caminamos vemos el desarrollo de las vueltas a Francia, España, Italia y las principales competencias del mundo en todas las modalidades. En Centros Comerciales, en sus propios corredores y cafeterías, en las vitrinas de sus almacenes y restaurantes, en las oficinas y colegios, peluquerías, pantallas de vehículos y celulares, inclusive en ventas callejeras, podemos ver transmisión rica, nítida, con vías bien demarcadas y tomas por tierra y aire a la perfección.

No hay necesidad que alguien nos indique cuantos kilómetros faltan, que categoría o tipo de premio de montaña están escalando, qué promedio están sosteniendo, cuanto es el descuento de una diferencia y el orden de llegada con la reubicación inmediata electrónica del final en la tabla de posiciones. Con la diferencia, desde luego, que en las vueltas a Colombia su primer puesto se puede perder o ganar en la última etapa. En Europa es simplemente un paseo-circuito para despedirla.

Observamos paso a paso Olimpiadas Mundiales, Juegos Panamericanos y del Caribe, Juegos Nacionales, triunfos y descalificaciones de María Luisa Calle, los éxitos plenos nacionales e internacionales con sus respectivas marcas y medallas de Caterine Ibargüen; las actuaciones de Nairo Quintana en la Vuelta al País Vasco, la Vuelta a Burgos, el Giro de Italia, el Tour de Francia y la Vuelta a España, etc.

Por qué no decirlo, las emociones que nos causan las actuaciones de los 23 integrantes de la Selección Colombia de Futbol y su Director Técnico José Néstor Pékerman, lo mismo que las actuaciones de Mariana Pajón, la luchadora olímpica Jackeline Rentería, la judoca Yuri Alvear, el levantador de pesas Oscar Figueroa, el rutero Rigoberto Urán, y el taekwondista Oscar Muñoz.

Todo a la vista de todos, todo al instante. Lejos quedó la Tv en blanco y negro, la parabólica ubicada en el municipio de Chocontá, el betamax, el VH, etc. Una final o eliminatoria mundialista lo paraliza todo, inclusive los grandes partidos europeos donde participan colombianos.

Cuando Mcluhan murió en 1980, diarios y revistas lo calificaron como “Místico de la Aldea Electrónica” o “El más hippie entre los académicos y el más académico entre los hippies”. Entonces la televisión por cable aún no era realidad mundial. Los habitantes de la “Aldea Global” poco sabían sobre interactividad, propiamente nada sobre videoconferencias, pero su marco teórico ha permitido estudiar y comprender la naturaleza de estos medios que han revolucionado la historia de la comunicación de la humanidad.

No promovía el fin de la cultura del libro, simplemente advertía el poderoso potencial que era la televisión y lo que se generaría en adelante. Hoy el mundo está uniformado debido al poder la información. Dónde no se usa el jean, quien no porta un celular, en todas partes se vende Coca-Cola y se come hamburguesa, todos nos enteramos al tiempo de lo que sucede y todo pasa tan rápido como una película. Solo interesa lo que sucederá inmediatamente después, poco interesa la historia y la literatura, hay que vivir el momento. Si a Nairo Quintana no le fue tan bien como se esperaba en España, no interesa, mañana habrá otra competencia, otro campeón, casi que nadie pasa hoy a la historia.